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BIBLIOTECA DSL bldRIO A B C En cuanto a aqtiel chicuelo, fue naturalmente, el hombre del día A su salida úe! palacio de Versalles, la muchedumbre lo llevó en triunfo. Los uiarios del mundo entero publicaron sus hazañas y su fotografía; y él, que tantas entrevistas había solicitado de personajes ilustres, fue á su vez ilustre y solicitado. He de decir que no se envaneció. Volvimos juntos de Versalles, después de comer alegremente en el establecimiento del Perro que fuma En el tren comencé á hacerle preguntas que me había callado durante la comida, por saber que á Pepe no le gustaba trabajar iiientras come. -Amigo mío- -le dije, -este asunto de Lar san es del todo sublime y digno de su cerebro heroico. Al decir esto, me detuvo, invitándome á hablar más sencillamente y pretendiendo que nunca se consolaría de ver que tan hermosa inteligencia como la mía estuviese á punto de caer en la horrenda sima de la estupidez sólo por la admiración que sentía por él. -Voy al grano- -dije algo picado. -Cuanto acaba de ocurrir no me dice qué ha ido á hacer en Norteamérica. Si no me equivoco: cuando por última vez salió usted del castillo, lo había adivinado todo respecto de Larsán; sabía que Larsán era el asesino y no ignoraba nada de cómo intentó asesinar á Matilde: ¿no es así? -Exactamente. Y usted- -dijo, dando otro giro á la conversación, ¿no sospechaba nada? ¡Nada! -Es increíble. -Recuerde, amigo mío, con qué esmero me ocultaba usted su pensamiento. Cuando llegué al castillo con los reyólvers, en aquel momento preciso ¿sospechaba ya de Larsán? -Sí. Acababa de comprender lo de la galería inexplicable pero el regreso de Larsán al cuarto de la Srta. Stangerson no me había aún sido explicado por el descubrimiento de los lentes de présbite. En fin, mi sospecha sólo era matemática, y la idea de que Larsán fuera el asesino me parecía tan formidable, que estaba resuelto á esperar rastros sensibles antes de atreverme á más precisas sospechas. No obstante, esa idea me inquietaba, y á veces hablaba á usted de tal manera del policía, que debió haber olfateado algo. Por de pronto, ya no admitía yo su buena fe ni decía á usted que se equivocaba Le hablaba de su sistema como siendo un miserable sistema, y el desprecio que manifestaba por él, desprecio que usted achacaba al policía, iba dirigido menos al policía que al bandido... Recuerde usted: cuando le enumeraba todas las pruebas que se acumulaban contra Darzac, Je decía: Todo eso parece dar cuerpo á la hipótesis de Larsán. Por cierto que esa hipótesis, que creo falsa, lo extraviará... y añadía, en tono que debiera haberle llamado mucho la atención: Ahora bien, esa hipótesis, ¿extravía realmente á Larsán? Eso es lo que hay que averiguar... Todo esto era capaz de darle que pensar. Además, el ¿extravía realmente? significaba que podía no extraviarle á él, pero que estaba destinada á extraviarnos á nosotros. Le miré a usted en aquel momento, y no se estremeció: no habí co- iprendido. Me alegré, pues hasta el descubrimiento de los lenfes no podía considerar el crimen de Larsán sino corno una absurda hipótesis. -Después del descubrimiento que me explicaba el regreso de Larsán al cuarto de Matilde... recuerde mi alegría... Lo tengo muy presente: corría como un loco por mi cuarto, gritándole á usted: ¡Venceré al gran Larsán; lo venceré de una manera que deje recuerdo! Estas palabras se dirigían entonces al bandido. Aquella noche misma, cuando, por haberme pedido el Sr. Darzac que vigilara el cuarto de la Srta. Stangerson, me limité, hasta las diez de la noche, á comer con Larsán, sin tomar más precauciones, tranquilo porque estaba él allí frente á mí, aun en aquel momento, querido amigo, hubiera usted podido sospechar que el único á quien yo temía era á aquel nombre. Y cuando le decía, en el momento de estar ambos hablando de la próx ma llegada del asesino: ¡Seguro estoy de que Larsán estará aquí esta noche... Mas hay una cosa capital que pudo, que debió de iluminarnos del todo y en seguida sobre criminal, ura cosa que denunciaba á Larsán, y que se nos ha escapade á usted y á mí... ¿Se le ha olvidado á usted la historia del bastón? Sí, á más del razonamiento que, para todo espíritu lógico denunciaba á Larsán, la historia del bastón lo de nunciaba á todo espíritu observador Sepa usted que grande fue mi extrañeza de que, en la instrucción, no utilizara Larsán el bastón contra el Sr. Darzac. ¿No había sido aquel bastón comprado la noche del crimen por un hombre cuyas señas coincidían con las de Darzac? Pues bien, hace un rato he preguntado á Larsán mismo, antes de que tomara el tren para desaparecer, le he preguntado por qué no había utilizado lo del bastón contra el Sr. Darzac. Me contestó que nunca fue tal su intención, que le habíamos dado mal rato la noche del cafetín de Epinay, al probarle que mentía Pues supongo aue recordará usted que decía Larsán que aquel bastón lo había comprado ó recibidocomo regalo en Londres, y la marca atestiguaba que había sido fabricado en París. ¿Por qué, entonces, en vez de contentarnos con pensar que Larsán mentía, por qué no ahondar, y, de deducción en deducción, llegar á vina sospecha seria? Y cuando al ir usted al fabricante supo que dicho bastón había sido comprado por alguien que en todo se parecía, al Sr. Darzac, siendo así que éste nos afirmó no haber comprado aquel bastón, estamos seguros, merced á la oficina de Correos número 40, que hay en París un hombre que toma la figura de Darzac cuando nos preguntamos que quién es ese hombre que, disfrazado de Darzac, se presenta la noche del crimen, en la tienda de Cassette para comprar un bastón que luego vemos en manos de Larsán, ¿cómo no habernos dicho: y si fuera Larsán en persona ese que tanto imita al Sr. Darzac... Claro que su calidad de agente de Seguridad no se prestaba á tales suposiciones; pero al ver con que saña acumulaba pruebas contra Darzac, la mentira del bastón debió de abrirnos nuevos horizontes; por ejemplo: el estar comprado un bastón en París en momentos en que sus jefes lo creían en Londres. Otra cosa: ¿Cómo es que ni un segundo pensó en utilizar contra Darzac un bastón que, según él, fue comprado por Darzac mismo? -Pues muy sencillo, tanto, que por o mismo no hemos caído en la cuenta: Larsán lo compró después de haber sido ligeramente herido en la mano por la baia de Matilde, únicamente para no verse expuesto á enseñar la palma de la mano. Comprende usted ahora? Tal es lo que Larsán mismo me ha dicho. Y, en efecto, cuando comíamos juntos, recuerdo que, no bien soltaba su bastón, se apoderaba de un cuchillo, para disimular. -Pero todos estos detalles acudieron demasiado tarde á mi mente, cuando ya no me ei n de utilidad alguna. Un ejemplo: la noche en que Larsán Amuló aquel invencible sueño, con gran disimulo piide ver su mano: sólo llevaba yr una ligera tira de tafetán; de modo que, de haber querido, podía decir que aquella herida provedía de cualquier otra cosa aue de una bala de rev Jver. H ¿ce poco me decía Larsán que la bala no hizo más que locar ligeramente la palma de la mano, pero determinando abunJ. au e hemorragia. -Pero- -interrumpí yo, -si no tenía intención alguna contta Darzac, al comprar el bastón, ¿por qué se compaso la figura completa de Darzac -Porque llegaba del crimen, y, tan pronto cometido ei crimen, volvió á su disfraz, al disfraz Darzac que siempre le acompañó en su obra criminal con la intención que sabe. Pero, como usted supone, le fastidiaba aquella mano herida, se le ocurrió comprar un bastón. Y yo, que había adivinado que ya se había efectuado el drama á aquella Lora, que acababa de efectuarse 3- 0, casi persuadido de la inocencia de uarzac, ¡no caigo en sospechas contra Larsc- n... Hay momentos... -Hay momentos- -due yo- -en que las más vpvtas inteligencias... Pepe me cerró la boca... Al cabo de unos minutos, le tiicc clras preguntas, y noté que dormía; tanto, qu a me costó rra 1 c trabajo despertarlo cuando llegamos á París. XXIX EL MISTERIO DE LA SEÑORITA STAXG CRSOX Los días siguientes tuve ocasión de preguntarle qué liabia ido á hacer en Norteamérica. No me contestó con mucha mis precisión que en el tren de Versalles, y habló de otros puntos de la cuestión. U! i: 1 ni iliim IÍIIMBBI irminnin ¡r r u r r T T T 1 r 1 íTBirr rniinT ¡n m 1 n 1 n