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BIBLIOTECA BEL bldRIO A B C de los dedos del hombre en su cuello y salir de su cuarto... De de la cama, la Srta. Stangerson se había caído desplomada haber sabido que el hueso, la boina y el pañuelo estaban tira- sobre aquel ángulo que la había herido en la sien y que había dos en el cuarto, se habría apresurado á recogerlos, cuando, á retenido este pelo, este pelo que la Srta. Stangerson debía las doce, regresó á su dormitorio... No los vio, y se desnudó tener sobre la frente, á pesar de que no solía llevar el pelo á la débil claridad de la lamparilla. Se acostó, rendida por alisado sobre las sienes. Los médicos han declarado que la tantas emociones y por el terror, el terror, que la obligó á Srta. Stangerson había sido herida con un objeto contundenacostarse lo más tarde posible... te, y, como estaba en el cuarto el hueso de carnero, en segui ...Así es como me veía yo obligado á llegar á la segunda da pensó en él el juez de instrucción; pero el ángulo de una fase del drama, con la Srta. Stangerson sola en su cuarto, tabla de mármol es también un objeto contundente en el que puesto que no habían encontrado al asesino en dicho cuar- ni juez ni médicos han pensado, y que acaso tampoco yo to... Y por eso tenía que, naturalmente, hacer entrar en el hubiese descubierto, de no habérmelo hecho presentir el lado sano de mi razón círculo de mi razonamiento las señales exteriores. A punto estuvo la sala, una vez más, de premiar con aplau Pero quedaban otras señales exteriores por explicar. Tiros de revólver habían sido disparados durante la segunda sos á Pepe; pero como éste prosiguió en seguida, todo el munfase. Gritos de ¡Socorro! ¡Que me matan! habían sido do se calló. proferidos... ¿Qué podía designarme, en semejante trance. -Quedábame por saber, á más del nombre del asesino el lado sano de mi razón? Primeramente, los gritos: desde el que sólo días después había de conocer, en qué momento se momento en que no hay asesino en el cuarto, tendrá que ha- había efectuado la primera fase del drama. El interrogatorio ber pesadilla de la Srta. Stangerson, aunque á propósito para equivocar al Oyese violento ruido de muebles tirados al suelo. Ima- juez de instrucción, y el del Sr. Stangerson, iban á revelárgino... tengo que imaginar esto: la Srta. Stangerson se dur- melo. La Srta. Stangerson declaró exactamente el empleo mió llena de zozobra por la espantosa escena de la tarde... de su tiempo aquel día. Hemos establecido que el asesino se sueña... la pesadilla precisa sus sangrientas imágenes... ve de introdujo entre cinco y seis en el pabellón; pongamos que fuenuevo al asesino precipitarse sobre ella; grita: ¡Socorro! ran las seis y cuarto cuando el profesor y su hija se pusie ¡Que me matan! y su desatentada mano va en busca del ron á trabajar. Resultaba que hay que buscar entre las cinco revólver que, antes de acostarse, dejó sobre su mesa de HO- y las seis y cuarto. ¿Las cinco... A esa hora el profesor esche. Pero la mano choca con tanta fuerza contra la mesa de taba con su hija... El drama no puede haber ocurrido sino noche que ésta cae. El revólver también se ha caído, y sale UÍI lejos del profesor... Necesito, pues, en ese corto espacio de tiro que va á incrustarse en el techo... Desde el primer mo- tiempo, buscar el momento en que el profesor y su hija estén mento, esta bala me pareció ser la bala del accidente... Re- separados... Pues bien, ese momento lo encuentro en el invelaba la posibilidad del accidente, y de tal manera coincidía terrogatorio que se efectuó en el cuarto de la Srta. Stangercon mi hipótesis de pesadilla, que fue una de las razones por son, en presencia del Sr. Stangerson. Consta en él que el prolas cuales comencé á no dudar de que el crimen se había efec- fesor y su hija vuelven á eso de las seis al laboratorio. El setuado antes y que la Srta. Stangerson, dotada de un carácter ñor Stangerson dice: En aquel momento se llegó á mí el y de una energía pooo comunes, lo había ocultado... Pesa- guarda, y me retuvo durante un momento Hay, pues, condilla, tiro... La Srta. Starigerson, que se guía presa de la pe- versación con el guarda. El guarda le habla de varias cosas sadilla, despierta; trata de levantarse; cae al suelo, sin fuer- al Sr. Stangerson; la Srta. Stangerson ya no está con su paza, tirando más muebles; alocada, grita: ¡Socorro! ¡Que dre; ha regresado al pabellón, puesto que dice el padre: Dejé al guarda y me llegué á mi hija, que estaba ya trabame matan! y se desmaya... jando. No obstante, hablaban de dos tiros de revólver, por la De modo que el drama se desarrolló durante aquellos cornoche, cuando la segunda fase. También yo, para mi tesis- pues ya no era una hipótesis- -necesitaba dos tiros; pero tos minutos. ¡Así tiene que ser! Veo muy bien á la señorita uno en cada una de las fases, y no dos en la última... Uno Stangerson regresar al pabellón, entrar en su cuarto para para herir al asesino, antes, y otro cuando la pesadilla, des- dejar su sombrero, y hallarse frente al bandido que la perpués. Ahora bien, ¿era muy cierto que fueran dos los dispa- sigue. Allí, en el pabellón, estaba el bandido desde hacía alros de por la noche? El revólver se hizo oir en medio del gún tiempo. Sin duda lo tenía todo preparado para que el ruido de muebles caídos con violencia. En un interrogatorio, suceso ocurriera de noche. Estonces ya se había quitado el el Sr. Stangerson habla de un tiro sordo primero, y de un calzado del tío Santiago, que le estorbaba, en las condiciones tiro fuerte y claro después... ¿No habrá sido producido el que indiqué al juez de instrucción; había robado los papeles, golpe sordo por la caída de la mesa de noche sobre el enta- como hace poco he dicho, y luego se deslizó bajo la cama, rimado? Es necesario que esta explicación sea la verdadera. cuando vino el tío Santiago á lavar el vestíbulo y el laboraSupe que lo era cuando los porteros, Bernier y su mujer, de- torio... Sin duda le pareció larga la espera... se puso de nueclararon no oir, á pesar de que estaban tan cerca del pabe- vo en pie, después de marcharse el tío Santiago, otra vez villón, más que un solo tiro de revólver Así lo han declara- sitó el laboratorio, volvip al vestíbulo, miró en el j ardía, y vio venir hacia eL pabellón- -pues, en aquel momento, la nodo al juez de instrucción. muy clara- á la Srta. Stangerson Así, pues, ya había reconstituido casi las dos fases del che que comenzaba eraatrevido á atacarla en aquel momensola Jamás se hubiese drama cuando por primera vez penetré en el Cuarto amari- to, de no haber estado seguro de que estaba sola. Y, para que llo Sin embargo, la gravedad de la herida en la sien no le apareciese sola, preciso era que la conversación entre el entraba en el círculo de mi razonamiento Dicha herida no Sr. Stangerson y el guarda se efectuara en un recodo del había, pues, sido kecha por el asesino con el hueso de car- sendero, recodo en donde hay un macizo de árboles que los nero, cuasido la primera fase, porque era harto grave para ocultaba á los ojos del miserable. Entonces se decide. Va á que no hubiese podido disimularla la Srta. Stangerson, y no estar más tranquilo, solo con la Srta. Stangerson en aquel la había disimulado bajo un peinado á propósito. En cuyo pabellón, que con el caso, la herida había necesariamente sido hecha durante la miendo en su no durante la noche, ventana tío Santiago durdesván. Y cerró la segunda fase, en el momento de la pesadilla. ¡Esto es lo que cual explica que ni el Sr. Stangerson, ni el del vestíbulo lo guarda, que adefui á preguntarle al Cuarto amarillo y el Cuarto amari- más estaban bastante lejos del pabellón, oyeran el disparo de llo me ha contestado! Sacó Pepe del mismo paquetito un pedazo de papel blanco revólver. Se va luego al Cuarto amarillo Llega la Srta. Stanen cuatro dobleces, y de aquel papel sacó un objeto invisible, que sujetó entre el pulgar y el índice, y se lo llevó al presi- gerson. Lo que ocurrió debió de ser tan rápido como un relámpago... La Srta. Stangerson ha debido de gritar... ó más dente. -Esto, (señor presidente, es un cabello rubio, un cabello bien quiso gritar: el hombre le agarró la garganta... Acaso rubio manchado de sangre, un cabello de la Srta. Stanger- yaya á ahogarla... Pero, tanteando, coge la víctima, en el ca son... Lo he hallado pegado á uno de los ángulos del mármol jón de la mesa de noche, el revólver que allí puso desde que de la mesa de noche caída... También el ángulo estaba man- comenzó á temer la acosietida del asesino. Ya blande éste sochado de sangre. Un cuadrito rojo, poca cosa, pero muy im- bre la cabeza de la desgraciada aquella arma, terrible en maportante... puesto que me enseña que, al levantarse, alocada, nos de un Larsán- Ballmeyer; un hueso de pierna de carne- IMTIII mi- iamiiaiirmim- iini T I irn- inTraiirrmnr