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¡exclamé de repente... En efecto, nunca había visto á Larsán leyendo ni escribiendo. De modo que podía ser présbite... De serlo, ciertamente que lo sabían en la Seguridad... cono, cían sin duda sus lentes... Los lentes del présbite Larsán hallados en el cuarto de la Srta. Stangerson, después del misiterio de la galería inexplicable, resultaban una terrible sospecha en contra de Larsán... ¡Así se explicaba el regreso de ¡Larsán al cuarto! ¡Y, en efecto, Larsán- Ballmeyer es prés bite, y estos lentes, que acaso conozca el personal de la Seguridad, son realmente los suyos... Ya ve usted, señor presidente, cuál es mi sistema- -prosiguió Rouletabille; -no pido á las señales exteriores que me muestren la verdad; únicamente les pido que no vayan contra la verdad que me designa el lado bueno de mi razón... Para estar del todo seguro de la verdad respecto de Larsán, pues Larsán asesino era una excepción que merecía no correrse de ligero, cometí la torpeza de querer ver su semblante. ¡Bien castigado he sido! Creo que el lado sano de mi razón se ha vengado de que no acudiera á él definitivamente y con toda confianza, desde lo de la galería inexplicable, -desdeñando- más pruebas de la culpabilidad de Larsán, que la que mi razón me ofrecía... Y, entonces, fue herida la Srta. Stangerson... Pepe se para... se suena... vivamente emocionado. -Pero- -preguntó el presidente, ¿á qué iba Larsán á aquel cuarto? ¿Por qué Litentó dos veces asesinar á la señorita Stangerson? -Porque la adoraba, señor presidente... -i Vaya una razón... -Sí, señor; una razón concluyente. Estaba locamente enamorado... y por eso... y por otras cosas era capaz de todos los crímenes. ¿Sabía la Srta. Stangerson que la quería? -Sí, señor; pero ignoraba, naturalmente, que el individuo que tan tenazmente la perseguía fuese Federico Larsán... pues, de saberlo, no se habría instalado éste en el castillo, y no habría, la noche de la galería inexplicable, penetrado con nosotros cerca de la Srta. Stangerson después del suceso Por cierto que noté que se quedó siempre en la sombra y que no alzaba la cabeza... sin duda buscaban sus ojos los lentes perdidos... La Srta. Stangerson ha tenido que sufrir la persecución y las acometidas de Larsán bajo un nombre y bajo Tin disfraz que ignorábamos, pero que ella debía conocer. ¿Y usted, Sr. Darzac? -preguntó el presidente. -Acaso haya recibido, respecto de esto, las confidencias de la señorita Stangerson... ¿Cómo es que la Srta. Stangerson no ha hablado á nadie de cosa fan importante... Una declaración en ese sentido hubiera permitido á la justicia vigilar al asesino... y, si usted es inocente, le habría ahorrado el tormento le verse en ese banquillo... -Nada me ha dicho la Srta. Stangerson- -contestó Darzac. -Lo que dice este joven, ¿le parece á usted posible? preguntó el presidente. Imperturbable, Darzac contestó por segunda ez: -Nada me ha dicho la Srta. Stangerson... ¿Cómo explica usted que la noche del asesinato del- guarda- -insisció el presidente volviéndose hacia Pepe- -devolviera el asesino los papeles robados al Sr. Stangerson... ¿Cómo explica usted que el asesino se haya introducido en el cerrado cuarto de la Srta. Stangerson? -Creo que tiene fácil contestación esta última pregunta. XTn hombre como Larsán- Ballmeyer posee, ó se proporciona sin esfuerzo, las llaves que necesita... En cuanto al robo de los documentos, creo que Larsán no pensó primero en ellos. En continuo acecho de la Srta. Stangerson, decidido á impedir su enlace con el Sr. Darzac, sigue un día á dicha señorita y á dicho caballero á los grandes almacenes del Louvre y se apodera del bolsillo de la Srta. Stangerson, perdido por ésta ó dejado arrebatar por ella. En ese portamonedas ha 3 r una llave con cabeza de cobre. No sabe Larsán qué importancia entraña esa llave. Se la revela 1? nota que la señorita Stangerson hace publicar en los diarios. Escribe á dicha señorita á la lista de Correos, según indicación de la nota. Pide sin duda una cita, manifestando que quien está en posesión del bolsillo y de la llave es el mismo que, desde hace tiempo, está enamorado de ella. No recibe contestación. Va á la oficina de Correos número 40 para cerciorarse de que ya no está allí su carta. Va después de tomar las apariencias del Sr. Darzac, pues decidido á todo para posee. á la Srta. Stangerson, lo ha preparado para que, suceda lo que suceda, recaigan las sospechas sobre el Sr. Darzac, detestado por él por ser amado de la Srta. Stangerson. Digo: suceda lo que suceda; pero creo que en aquel mo mentó no pensaba Larsán en el asesinato. En todo caso, sus precauciones están tomadas para comprometer á la señorita Stangerson bajo el disfraz Darzac. Además, Larsán tiene casi la estatura y el pie del Sr. Darzac. No le sería difícil, si necesario fuera, después de haber dibujado la huella del pie del Sr. Darzac, mandarse hacer calzado sobre ese modelo y ponérselo. Semejantes ardides son chiquilladas para LarsánBallmeyer. De manera, pues, que no obtiene ninguna contestación á su carta, ninguna cita, y sigue con la llavecita en el bolsillo, i Puesto que la Srta. Stangerson no va á él, él irá á la señorita Stangerson! Hace tiempo que su plan está trazado. So ha documentado sobre el castillo y sobre el pabellón. Una tarde, en el momento de haber ido á dar un paseo el profesor y su hija, y estando también fuera el tío Santiago, se introduce en el pabellón por la ventana del vestíbulo. Está solo, dispone de úempo... Min los muebles... Uno de ellos, muy curioso, y parecido á una caja de caudales, tiene una diminuta cerradura... Le interesa aquella cerradura... Como lleva consigo la llavecita, se acuerda de ella: enlace de ideas... Trata de meter la llave en la cerradura: la puerta se abre... i Papeles! Menester es que sean importantísimos- esos papeles para haberlos encerrado en semejante- mueble... para que en tanto sea estimada la llave que abre ese mueble... Cabala Larsán que aquellos papeles pueden ser un arma considerable para sus proyectos amorosos... Se apresura á hacer un paquete con todos aquellos papeles y va á depositarlo en el cuaríito de aseo d: l vestíbulo. Entre la expedición del pabellón y la noche del asesinato del guarda, Larsán ha tenido tiempo para ver qué importancia tenían aquellos papeles. ¿Qué hará -n 11o s Aíás bien son comprometidos... Aquella noche los llevó al castillo... Quizá esperara, por la devolución de aque- ¡A os, q e repreguntaban veinte años de investigaciones científicas, un agradecimiento cualquiera de la señorita Stangerson... Todo es posible en un cerebro como el de Larsán... En fin. cualquiera que sea el motivo, ha devuelto los papeles, ¡y con ello se ha visto libre de una pesadilla! Pepe fosió, y comprendí lo que significaba aquella tos. Llegado á este punto de sus explicaciones, se veía que estaba perplejo, debido á su decisión de no dar el verdadero motivo de la espantosa actitud de Larsán respecto de la Srta. Stangerson. Su razonamiento era harto incompleto para satisfacer á todo el mundo, y ciertamente se lo hiciera observar el presidente si, con su malicia, no hubiera exclamado mi amigo ¡Ahora llegamos á la explicación del misterio del Cuarto amarillo. Hubo en la sala movimientos de todo género que denotaban que había llegado á su colmo la curiosidad. -Pero- -dijo el presidente- -me parece, según su hipótesis, Sr. Rouletabille, que el misterio del Cuarto amarillo está ya explicado: Federico Larsán nos lo ha explicado contentándose con engañar sobre el personaje: poniendo al señor Darzac en su propio lugar. Es evidente que la puerta del Cuarto amarillo se abrió estando solo el Sr. Stangerson, y que el profesor dejó pasar al hombre que salía del cuarto de su hija sin cerrarle el paso, quizá hasta á ruegos de su hija para evitar todo escándalo... -No, señor presidente- -protestó con tuerza el joven. -Olvida usted que la Srta. Stangerson, malherida, sin conocimiento, no podía formular ruego alguno, que ya no podía echar la llave ni correr el cerrojo... ¡También ha olvidado usted que el Sr. Stangerson ha jurado sobre la cabeza de su hija en la agonía que no se había abierto la puerta! ¡Sin embargo, ésa es la sola manera de explicar las cosas! El Cuarto amarillo estaba cerrado como una caja de caudales. Para emplear las expresiones de usted, imposible le era al asesino escaparse normal ó anormalmente ¡Cuan- m- wiinmm n i r n- i iim nm nrnrt i ITmu m- mn imifirmrnrimri nrmp wiíTi 1 IR n i