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AUSTÉRIO lü L CUARTO AMARILLO ele don José Rouletabille, no veo inconveniente en que el testigo nos diga en seguida el nombre de su asesino Se hubiera oído volar una mosca. Rouletabille se callaba, mirando con simpatía al Sr. Darzac, quien por primera vez desde el comienzo del debate mostraba un semblante agitado y lleno de angustia. -Vaya, le escuchamos á usted, señor Rouletabille- -repitió el presidente. -Esperamos el nombre del asesino. Rouletabille sacó de su bolsillo un enorme reloj, miró la hora y dijo: -Señor presidente, sólo á las seis y media podré declarar el nombre del asesino Tenemos que esoerar cuatro horas largas. El público prorrumpió en murmullos de asombro. Algunos abogados dijeron en alta voz: ¡Se burla de nosotros! El presidente parecía contentísimo Henri- Robert y André Hesse no ocultaban su disgusto. El presidente dijo: -Harto ha durado esta broma. Puede usted retirarse, caballero, á la sala de testigos. Queda usted á nuestra disposición. Pepe protestó: -Afirmo á usted, señor presidente- -exclamó el joven con hii oz aguda y sonora, -afirmo á usted que cuando le haj a dicho el nombre del asesino comprenderá que no podía decírselo hasta las seis y media ¡Se lo juro por mi honor... i Pero mie. itras puedo dar algunas explicaciones sobre el asesinato del guarda... El Sr. Larsán, que me ha visto trabajar en el castillo, podría decir con qué esmero he seguido todo ese asunto. Por más que sea de distinto parecer que él y que pre tenda que al hacer arrestai al Sr. Darzac ha hecho arrestará un inocente, no duda él de mi buena íe ni de la importancia que hay que conceder á mis descubrimientos, los cuales con frecuencia han corroborado los suyos. Larsán dijo: -Señor presidente, será interesante oír al señor Rouletabille, tanto más interesante cuanto que no es de mi parecei Un murmullo de aprobación acogió estas palabras del policía. Aceptaba galantemente el duelo Prometía ser curiosa Ja lucha entre aquellas dos inteligencias que con tenaz empeño se habían propuesto solucionar el mismo tráfico problema, llegando á dos resultados distintos. Como nada decía el presidente, Laisán continuó -Por ejemplo, estamos de acuerdo en lo de la cuchillada dada al guarda por el asesino de la Srta. Stangerson; pero, puesto que no estamos de acuerdo respecto de la huida del asesino, en el nncón del patio sería curioso saber -ómo explica esa huida el Sr Rouletabille. Indudablemente que sería curioso! -dijo mi amigo Una vez más se echó á reir el público. En seguida declaró ú presidente que, si semejante hecho se renovaba, no vacilaría en dar cumplimiento á su amenaza de hacer evacuar la sala. -No veo yo- -terminó el presidente, -no veo qué es lo que puede mover á risa en este asunto. -Ni yo tampoco- -dijo Pepe Algunas personas, delante de mí, se metieron el pañuelo en la boca para rno soltar la carcajada... -Joven, 3 a ha oído usted lo que acaba de decirnos el señor Larsán. Según usted, ¿cómo se ha escapado el asesino de aquel rincón del patio? x Una picadura de morfina, administrada á tiempo, daba A tío Mateo algunas horas de deseanso, las necesitadas justa mente por su mujer cuando se ausentaba. Venía ésta al cas tillo de noche, envuelta en un amplio manto negro que le ses vía para ocultar en lo posible su personalidad, haciéndola st mejarse á un negro fantasma que más de una vez turbó el ív poso nocturno del tío Santiago. Para hacerle saber á su amii o Rouletabille miró á la mujer del posadcio, la cual le sonrió con tristeza. -Puesto que la señora del tío Mateo- -dijo Pepe- -ha tenido á bien manifestar todo el interés que le inspiraba el guarda... ¡Bribona! -exclamó el posadero- ¡Llévense de aquí al tío Mateo! -mandó el presidente. Se llevaron al tío Mateo. Rouletabille repuso: -Puesto que la posadera ha confesado lo que sabemos, bien puedo decir que tenía frecuentes conversaciones nocturnas con el guarda en el primei piso del castillej. o, en el cuarto que en otro tiempo servía de oratorio. Dichas conversaciones fueron sobre todo frecuentes en los últimos tiempos, cuando el tío Mateo quedaba postrado en cama por el reuma que estaba esperando, la posadeia imitaba el smiestio maullido del gato de la Arrodillada, ieja bruja de Sainte- Geneviéve- des- Bois; en seguida bajaba el guarda en busca de su amiga. Cuando, últimamente, hicieron obra en el castillejo, las citas siguieron efectuándose en el antiguo cuarto del guardy, en el castillejo mismo, por no mediar entre el nuevo cuarto de aquel desgraciado, en la extremidad del ala derecha dd castillo, y la habitación del maestresala y de la cocinara, má- que un tabique harto delgado. Acababa la posadera de dejar al guarda en compkta salud cuando ocurrió el drama- del rincón del patio Terminad i la conversación entre el guarda y su amiga, salieron junto del castillejo... Estos detalles no los he sabido, señor presidente, hasta después de un serio examen de pasos en el patio principal, en la mañana que siguió al drama... B -nier, el portero, colocado por mí con su escopeta en observación detrás del castillejo, como le jnermitiré que se lo explique no podía ver lo que ocurría en el patio principal. No llegó á ésis sin mas tarde, atraído por los disparos de revólver, y tiró á su ez. He ahí pues al guarda y á la posadera en plena obscuridad y en pleno silencio del patio principal. Estaban despidiéndose uno de otro; la posadera se dirige hacia la abierta verjs de dicho patio, y él va, para acostarse, al cuartito formando saliente, en el extremo derecho del castillo Ya cerca de su puerta oye tiros; se vuelve; perplejo, vuehe sobre sus pasos; ya está á punto de llegar al ángulo del ab derecha del castillo, cuando una sombra se precipita hacia é! y le hiere. Fallece. Su cadáver es inmediatamente recogida por gente que cree estar en posesión del asesino y que no s lleva sino al asesinado. Mientras, ¿qué hace la esposa del tío Mateo? Sorprendida por los tiros y por la invasión del patio disimula CLUUUÜ utae su pxesenud en la obscuridad y en C 28