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BIBLIOTSOl BSL 5I ARÍ 0 A B C en el patio perseguíamos nosotros al asesino, habíase dirigido hacia el cuarto de la víctima... Las puertas de la antecámara estaban abiertas; entra Pepe: la Srta. Stangerson yace inanimada, medio caída sobre su mesita, con los ojos cerrados; su bata está teñida de sangre que brota de su pecho. Parécele á Pepe que aun estaba bajo la influencia del narcótico; parécele que padecía tremenda pesadilla. Automáticamente vuelve á la galería, abre una ventana, grita diciéndonos lo que ocurre, nos manda que matemos y regresa al cuarto. En seguida atraviesa el cuarto tocador desierto, entra en el salón, cuya puerta ha quedado entreabierta, sacude l señor Stangerson en el sofá donde se halla tendido y lo despierta como hace poco desperté yo á Pepe. El profesor se incorpora, abre los ojos espantados y se deja llevar por Pepe hasta el cuarto, ve á su hija y lanza un grito desgarrador... ¡Ahora sí que está despierto... Pepe y el anciano unen sus inseguras fuerzas y transportan la víctima á. su cama... Después, Rouletabille quiere juntarse á nosotros... para saber... pero, antes de salir del cuarto, se detiene ante el escritorio... En el suelo, cerca de la mesita, hay un paquete... enorme... un fardo... ¿Qué hace ese fardo cerca de esa mesita... La envoltura de sarga está desatada... Pepe se inclina... Papeles... papeles... fotografías... Lee: Nuevo electroscopio condensador diferencial... Propiedades fundamentales de la substancia intermedia entre la materia ponderable y el éter imponderable. Pero ¿qué misterio y qué formidaXXIV ble ironía de la suerte son éstos que hacen que en el momento en que asesinan á su hija vengan á devolverle al profesor ROULETABILLE CONOCE LAS DOS MITADES DEL ASESINO Stangerson todos aquellos papeles inútiles: ¡que él mismo Por segunda vez la Srta. Stangerson había estado á punto tirará al fuego... ¡Al fuego... ¡Al fuego... al día siele ser asesinada. Por desgracia, la segunda vez estuvo más guiente grave que la primera. Las tres cuchilladas que el hombre le dio en el pecho durante aquella nueva noche trágica la puEn la mañana que siguió á tan horrible noche, de nuevo visieron por largo tiempo entre la vida y la muerte. Y cuando, mos al Sr. de Marquet, á su actuario y á los gendarmes. Topor fin, venció la vida y pudo esperarse que una vez más es- dos fuimos interrogados, salvo, por supuesto, la Srta. Stancaparía la desgraciada á su tremenda suerte, notaron que, si gerson, que estaba en estado gravísimo. Pepe y yo, después bien iba recobrando el uso de sus sentidos, no ocurría lo de habernos concertado, no dijimos más que lo que nos paremismo con el de su razón. La más insignificante alusión á la ció conveniente decir. Me cuidé muy bien de decir nada de horrible tragedia la hacía delirar, y creemos que tampoco es mi, estancia en el gabinete obscuro ni de las historias del narexagerado decir que el arresto del Sr. Darzac, que se llevó á cótico. En una palabra, callamos cuanto podía hacer suponer cabo en el castillo al día siguiente del descubrimiento del ca- que estábamos en espera de algo, y también cuanto podía hadáver del guarda, ahondo aún el abismo moral en el que vi- cer creer que la Srta. Stangerson esperaba al asesino mos desaparecer aquella hermosa inteligencia. Quizá, fuera la desgraciada á pagar con su vida el misterio de Darzac llegó al castillo á eso de las nueve y media. Le vi que rodeaba á su asesino... No nos tocaba á nosotros hacer acudir por el parque, enlodado, despeinado, hecho u. ta lás- inútil semejante sacrificio... Ranee contó á todo el mundo, tima. Su palidez era la de un muerto. Estábamos Pepe y yo inuy naturalmente- -tan naturalmente que me dejó estupeacodados á una ventana de ía galería. Nos vio y lanzó un gri- facto, -que había visto al guarda por última vez á eso de las once de la noche. Dijo que había ido éste á su cuarto para to desesperado. coger su maleta, por tener que llevarla muy de mañana á ía- ¡Llego demasiado tarde... estación de Saint- Michel, y que habían estado largo rato Pepe le gritó: charlando de caza, de merodeo, etc. En efecto, Ranee te- ¡Vive... Un minuto después, Roberto entraba en, ekcuarto. de Ma- nía que salir del castillo por la mañana y, según costumbre suya, ir á pie á Saint- Michel; por eso aprovechó el tener que tilde, y á través de la puerta oímos sus sollozos. ir el guarda temprano al burgo para confiarle su maleta. Este ¡Fatalidad! -gemía á mi lado Pepe. ¡Qué dioses in- era el bulto que llevaba el hombre verde cuando lo vi salir fernales persiguen la desgracia de esta familia! ¡Si no r e del cuarto de Ranee. hubiesen dormido, salvaba á Matilde del hombre, quedando Por lo menos, así lo pgnsé, pues el Sr. Stangerson confir éste mudo para siempre... y el guarda no habría muerto... mó su declaración; añadió que no había tenido el placer, la víspera, de tener á su mesa á su amigo, por haberse despedii Darzac se llegó á nosotros. Estaba lloroso. Pepe se lo contó do de él y de su hija definitivamente á eso de las cinco. Sólo lodo: cómo lo había preparado para salvarlo á él y á Matilde un té se había hecho servir Ranee en su cuarto, por estar algo w cómo lo hubiera conseguido, alejando al hombre para siera- indispuesto. jjpre, después de haber visto su cara y cómo había fracasaEl portero, aleccionado por Pepe, dijo que el guarda le had o en la sangre su plan, por causa del narcótico. bía pedido qué le ayudara para dar caza á unos merodeado- ¡Ah, si hubiese usted tenido realmente confianza en mí- -res (ya no podía contradecirle el guarda) que tenían ambos Hijo en voz baja el joven, -si le hubiese usted dicho á la se- cita no lejos del robledal, y que, viendo que no acudía el guarñorita Stangerson que tuviera confianza en mí... Pero aquí da, había ido en busca suya... Ya llegaba al castillejo, después odos desconfían unos de otros: la joven, del padre, y la pro- de pasar por la puertecita del patio principal, cuando vio á un toetida, de su novio... Mientras me pedía usted que tratara individuo que corría á toda prisa hacia el lado opuesto, hacia el 5i e evitar que viniera el asesino, ¡todo lo preparaba ella para extremo del ala derecha del castillo en el mismo instante so hacerse asesinar... i Llegué demasiado tarde, medio dormi- naron disparos de revólver detrás del que huía; Pepe aparedo... arrastrándome casi, á aquel cuarto en donde la vista ció en la ventana de la galería y al reconocer al portero y al áde la desgraciada, bañada en su propia sangre, me despertó verle con una escopeta le había gritado que tirara. Entonces él había soltado el tiro, y tenía la persuasión de haber herido J x r completo... A ruegos de Darzac, Pepe contó la escena. Apoyándose al que huía; es más, creyó primero haberlo matado, y tal en las paredes para no caerse, mientras que en el vestíbulo y creencia duró hasta el momento en que Pepe, desnudando el -No la ha seguido usted, tío Santiago- -dije con voz amenazadora; -usted ha ido con la fantasma, cogidos del brazo, hasta el camino de Epinay. ¡No! -gritó. -Se puso á llover, y volví al castillo. Ignoro qué ha sido de la fantasma negra... Pero no me miraba cara á cara. Le dejamos. Ya que estuvimos fuer? miré yo á Larsán de frente, para sorprender el fondo de su pensamiento, y, en tono singular le pregunté si creía que era cómplice el viejo. Larsán alzó los brazos al cielo, y contestó: ¿Quién sabe nada en semejante lío... Hace veinticuatro horas, haliera jurado que no había cómplices... Y me dejó, anunciándome que se marchaba en seguida á Epinay. Ya que Pepe hubo terminado su relato, le pregunté: ¿Q é deducir de todo esto? Yo no veo nada; no sé qué pensar. Y usted, ¿sabe algo... ¡Todo. -exclamó Pepe. ¡Todo! Nunca le vi cara más radiante. Se había levantado y me estrechaba con fuerza la mano... Le pedí que me diera explicaciones. -Vamos- -me contestó bruscamente- -á nedir noticias de Matilde. i THnirríBiíraHBiBiinMTraii wr, n n nr n n lünn rnnin ¡nniíinimnrinFnirTmrHinirin iirrmnrrBi- n u T niFtr- nrtirnnniTM i m-