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BIBLIOT I BfL bldRIO A B C ¿No les ha convidado á ustedes nunca el Sr. Stangerson j La historia del merodeo lo explicaba todo, en cuanto á los comer con él? porteros Admití esto en principio y busqué una prueba en- -Nunca. su casita: no tardé en descubrir las trampas generalmente -La presencia de ustedes en su casa, ¿no le molesta? empleadas para la caza furtiva, y pensé: ¡Esto explica que- -Lo ignoro; pero, en todo caso, hace como si no le mo- estuvieran de noche en el parque! No me extrañó que no dijeran la verdad ante el juez de instrucción; la caza furlestara. tiva los salvaba de una causa criminal, pero suponían que el- ¿Nunca les pregunta nada? ¡Nunca! Ha quedado en el estado de ánimo del señor Sr. Stangerson los despediría; y como estaban seguros de que se hallaba detrás del Cuarto amarillo mientras asesi- su inocencia tocante al crimen, confiaban en que éste lleganaban á su hija, que consiguió por fin forzar la puerta y que ría á descubrirse y que su amo seguiría ignorando lo del meno encontró al asesino. Está persuadido de que, puesto que rodeo. Además, que, de ir muy mal las cosas, siempre les no pudo, en el momento mismo descubrir nada, con ma- quedaba el recurso de decir la verdad... He apresurado su yor motivo no podremos nosotros descubrir nada tampoco... confesión por medio de la hoja que me firmó el profesor. Pero se ha impuesto como un deber, desde la hipótesis de Dieron los porteros todas las pruebas necesarias, fueron puestos en libertad, y, desde entonces, -me están muy agradeciLarsán no contrariar nuestras ilusiones. Pepe se hundió de nuevo en sus pensamientos, interrum- dos. ¿Por qué no los hice soltar antes? Por no estar seguro piéndolos por fin para decirme cómo había conseguido po- de que su única culpa era la caza furtiva. Quería dejarlos venir y estudiar el terreno. A medida que pasaban días, mi ner en libertad á los dos porteros. -Hace unos días, fui á ver al Sr. Stangerson con una convicción adquiría más certeza. Después de lo de la galehoja de papel en la mano. Le pedí que en aquella hoja es- ría inexplicable como necesitaba contar con gente adicta, cribiera estas palabras Me comprometo, cualesquiera que resolví ganarme la voluntad de los porteros haciéndolos posean las revelaciones que hagan mis porteros Bernier y su ner en libertad. ¡Y ahí tiene usted el resultado! mujer, á no despedir á estos dos fieles servidores y que Así se expresó Rouletabille y no pude sino asombrarme firmara. Le expliqué que con esta frase podría yo hacer ha- de la simplicidad del razonamiento que le había conducido blar á los porteros, y le afirmé que mi persuasión era que para á la verdad respecto de la complicidad de los porteros. El nada figuraban en el crimen. Por cierto que ésta fue siem- asunto en sí no era extraordinario, pero pensé que no tarpre la opinión del profesor. El juez de instrucción presentó daría mucho Pepe en explicarnos, con la misma simplicidad, la hoja á los porteros, quienes, entonces, hablaron. Dijeron la formidable noche del Cuarto amarillo y la de la galelo que sabía yo que dirían tan pronto como estuvieran se- ría inexpicable guros de conservar su colocación. Contaron que se dedicaHabíamos llegado á la posada del Castillejo Entramos ban al merodeo en las posesiones del Sr. Stangerson; que Esta vez no vimos al posadero; su mujer fue la que nos estaban merodeando la noche del crimen, y que éste fue el recibió con amable sonrisa. Ya he descripto la sala en que nos motivo de hallarse tan cerca del pabellón en el momento del hallábamos, y he dicho algunas palabras acerca de la simdrama. Los conejos que por ese medio lograban se los ven- pática mujer rubia de dulce mirar, que se puso en seguida dían al dueño de la posada del Castillejo quien se los á nuestra disposición para el almuerzo. servía á su clientela ó los enviaba á París. Era verdad: lo- ¿Qué tal sigue el tío Mateo? -preguntó Pepe. había adivinado desde el primer momento. Recuerde usted- -Lo mismo, señor, lo mismo; siempre en cama. la frase que me abrió la puerta de la posada del Castillejo ¿No cede un poco su reuma? Ahora, habrá que comer carne del matadero Dicha frase- -No por cierto. La noche pasada he tenido que hacerle la había oído aquella misma mañana, cuando llegamos á la una picadura de morfina. Sólo esa droga calma un poco sus verja del parque; también usted la oyó, pero no le dio im- dolores. portancia. Recordará usted que cuando estábamos á punto Hablaba con voz dulce; todo en ella expresaba dulzura. de llegar á la verja nos detuvimos á mirar á un hombre que, Era realmente una hermosa mujer, algo indolente; sus herante el muro del parque, iba y venía, consultando á cada mosos ojos tenían grandes ojeras: ojos de amorosa. Cuando momento su reloj. Aquel hombre era Federico Larsán, que no le molestaba su reuma, el tío Mateo debía de ser un homya estaba trabajando. Ahora bien, detrás de nosotros, el bre feliz. Pero ella, ¿era feliz con aquel huraño? La escena dueño de la posada, desde el umbral de su casa, le decía á á que habíamos asistido días antes no nos permitía creerlo, uno que estaba dentro: Ahora, habrá que comer carne del y, no obstante, se notaba en la actitud de aquella mujer que matadero no parecía estar desesperada. Desapareció para preparar ¿Por qué ese ahora Quien, como yo, esíá en buscp de nuestro almuerzo, después de habernos dejado sobre la mesa tina misteriosa verdad, nada deja escapar de lo que ve j de una botella de excelente sidra. Pepe llenó dos tazones, atacó lo que oye. A todas las cosas es preciso encontrarles sentido. su pipa, la encendió, y, tranquilamente, me explicó por fin Llegábamos á un país pequeño trastornado por un crimen la razón que lo había determinado á hacerme venir al casreciente: la lógica me obligaba á sospechar toda frase pro- tillo provisto de armas. nunciada como pudiendo relacionarse con el acontecimiento- -Si- -dijo siguiendo con mirada contemplativa los capridel día. Ahora para mí, significaba Desde el atentado chosos dibujos del hurno de la pipa, -sí, querido amigo, esPor eso, desde que comenzaron mis pesquisas, traté de en- pero esta noche al asesino contrar una correlación entre esta frase y el drama. Fuimos Hubo un corto silencio no interrumpido por mí, y aña á almorzar al Castillejo Largué de sopetón la frase, y vi, dió Pepe: por la sorpresa y el disgusto del tío Mateo, que respecto de- -Anoche, en el momento de ir á acostarme, el Sr. Dar él no había exagerado la importancia de dicha frase. zac llamó á la puerta de mi cuarto. Abrí, y me confió que teAcababa de saber que los porteros quedaban arrestados; nía que ir por la mañana, es decir, esta mañana, á París. La el tío Mateo nos habló de ellos como quien habla de amigos razón que le determinaba á aquel viaje era á la vez perento ¡verdaderos... cuya ausencia se echa de menos... Enlace fa- ria y misteriosa; perentoria, puesto que le era imposible no tal de las ideas... me digo: Ahora que están arrestados hacer aquel viaje, y misteriosa, puesto que le era imposible los porteros, va á ser menester comer carne del matadero revelarme el objeto del mismo. Me marcho, y, no obstante, ¡No hay porteros, no hay caza! ¿Cómo he sido conducido i añadió, daría la mitad de mi vida por no apartarme en este iesta idea precisa de caza El odio expresado por el tíu momento de la Srta. Stangerson No me ocultó que, una ¡Mateo hacia el guarda, odio, según él, compartido por los vez más, la creía en peligro. No me extrañaría que ocutoorteros, me condujo suavemente á la idea del merodeo... rriera algo esta noche, me dijo, y, sin embargo, tengo que ¡Ahora bien, como era evidente que no podían estar acosta- ausentarme. Sólo pasado mañana por la mañana podré esdos los porteros en el momento del drama, ¿por qué estaban tar de regreso aquí. ífuera aquella noche? ¿Para el drama? No estaba yo dis Le pedí explicaciones, y esto es lo que me dijo. Su creenpuesto á creer tal, pues ya entonces pensaba, por razones cia en un peligro inminente provenía de la coincidencia que que más tarde le diré, que el asesino carecía de cómplices y existía entre- sus ausencias y los atentados de que era objeto que todo ese drama ocultaba un misterio entre Matilde y el Matilde. La coche de 3 a galería inexplicable había tenido gsesino, misterio en el que para nada entraban los porteros. que ausentarse; y, en efecto, sabemos que no estaba en el TMBrTiliinrr IBKIU B H M r a i I H l l i n n n TT- l nri imnilimrrim- raii imn- mr- Tiimiin-