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CRÓNICA DE LA MODA ¡910. ablemos algo de las toilettes de casa, esas l deliciosas toilettes de interior á las que tan escasa atención consagran multi tud de damas que creen erróneamente que hay que vestirse bien sólo para el público, sin pensar en que los nuestros, los seres que amamos, los que nos acompañan en la dura peregrinación por este valle de lágrimas, son quienes tienen más derecho á contemplarnos bien ataviadas. ¿Y las que viven sin familia ó con familias indiferentes? -me diíéis. -Pues deben engalanarse para ellas mismas; para adquirir el hábito de la pul critud y de la elegancia, para persuadirse de que aun son atractivas Si vituperable es la costumbre de estar mal arregladas dentro del hogar, no lo es menos la de vestir en él la misma toüelte con la que se va a la calle, pues por cuidadosa que sea una dama, si ha de ocuparse algo de su casa, no podrá evitar que el tra e que aleve puesto se aje, se ensucie, pierda su Jorina y su frescura. Los trajecitos adhoc, más o menos rico pero sólo destinados á ser lucidos dentro de la casa, pueden ser muy lindos y no muy costosos. Ademas, existe cierto poético encanto en no sacar de casa lo que de la intimidad de ella es, lo mismo que se recTea toda mujer digna de serlo en hacer un santuario de sus afectos íntimos, de sus alegrías, penas y satisfacciones. como se oculta á los ojos profanos nuestros más puros goces y secreIsllos domésticos, así deben ocultarse las toilettes de intenot La Moda, siempre pródiga con sus devotas, ofrece modelos de trajes de calle, paseo, visita, comida de ceremonia, teatro, soiree, etc. y también preciosos modelos de toilettes de interior. Estos deben ser siempre claros, y lavables. Es para este fin muy conveniente la costumbre que tienen muchas de nuestras francesitas de vestirse un traje de debajo, de punto de lana ó algodón fuerte, y encima vaporosos vestidos de batista, muselina ó seda lavable. La moda de los vestidos de casa corre pa reja con la de las toitet es de paseo; se inspi ra en ellas en sus grandes líneas. La fantasía de la Moda nos obsequia ac tualmente con prendas de pliegues flexi bles, vagos, que acarician la silueta y dra pean la línea, y debemos apasionarnos por las llamadas monsinées, que ciílen el cuerpo y admiten todos los adornos. Una coquetería más de retinado gusto son los vestidos de interior, inspirándose zw el estilo bizantino y recordando las toi k tes que la emperatriz Teodora llevaba en Constantmopla. Consisten en largas túnicas de muselina de seda plisada, sobre las cuales desciende ana especie de dalmática de tejido bordado recubriendo complttamente el vestido por ielante y por detras, dejándole descubierto por los lados. Las formas deben ser holgadas, que no entorpezcan los movimientos. No compren o un ama de casa cuidando solícitamente 3 del orden del hogar y atendiendo a la di rección de él y enfundada en un traje de calle, -que iooa libertad y gracia. VIZCONDESA B. DE NEUILLY f ot. Reurfinger TOILETTE PAJ n COMIDAS La sencilla toilette cuyo modelo ofrecemos á nuestros lectores debe hacerse en buen tejido y de un corte irreprochable, pues en ambas cosas estriba todo su encanto. Puede confeccionarse en paño arrasado, tercio pelo, bengalina, muselina de seda ó seda cristalina. El color debe ser blanco nieve, blanco rosado ó azulina. Como único adorno ostenta un pequeño cuello vuelto y puños de encaje y una artística hebilla cetrando el cmturón, y que, como los botones que cierran el corpino, puede ser de plata oxidada ó de metal dorado. Tiene también la inmensa veuiaja de ser un lazo de unión con los individuos de la familia. La mujer que sabe montar á caballo tiene una ocasión más en que ser la compañera del esposo ó del padre y la vigilante de los hijos. Los hombres practican muy generalmente la equitación, y así como es difícil que un esposo acceda á pasear á pie y por sitios concurridos, es facilísimo organizar deliciosos paseos campestres á caballo, habituándose así más y más á encontrar en la mujer la compañera que se identifique con sus gustos, necesidades y caprichos. Como también puede ocurrir en lavida el tener que visitar algunos paisajes, fábricas, etcétera, á los que no se pueda llegar sino á caballo, juzgúese del desencanto de las que tienen que privarse de multitud de excursiones agradabilísimas por no haber aprendido equitación. A la mujer se la debiera educar para ser la verdadera mitad del hombre; y así como si se dedica á trabajos, estudios, análisis, et cétera, sería muy justo y razonable que la espósale entendiese y le auxiliase, pues no tiene lógica que una mitad no se entere de lo que hace la otra, tampoco se ha visto nunca que medio caballero monte a caballo, y se quede en tierra la otra, milad. De este modo se acostumbra á prescindir de su compañía. Las señoras del día, por efecto de las corrientes modernas, no pueden hacer presupuestos modestos; la vida es costosa en verdad; pero acaso se conceda excesiva importancia á los trajes, pieles, joyas, teatros y coches, olvidando lamentablemente la cultura y la higiene y creando con esto una juventud muy poco preparada para llenar la gran misión de esposa y madre, que, dígase lo que se diga, no es tan fácil y sencillo si se ha de cumplir exactamente con lo que ambas palabras encierran. La rutina, que ha consagrado el hecho de que la mayoría de los matrimonios, pasada la luna de miel, se dividan para que el ma. ndo halle, bien compañeros de profesión que le entiendan, bien camaradas qus hermanen con sus aficciones y gustos, y que la mujer quede en casa orientándose poco á poco en su difícil misión, ha hecho más daño al séptimo Sacramento que puedan haberle hecho sus detractores. MARÍA ATOCHA OSSORJO Y GALLARDO provechamiento de las violetas. Sabido es que el té humedecido limpia perfectamente las alfombras, pero lo que muchos ignoran es que las hojas de violeta tienen la misma propiedad. Después de sacudir y de cepil ar bien las alfombras se les echa encima hojas de violeta humedecidas; se barre luego suavemente, y la alfombra P RA LAS DAM S j n el extranjero hay mucha costumbre de recobra su colorido. p a r a tener siempre el corsé limpio, como que la mujer sea una perfecta ama si estuviera nuevo, conviene lavarlo á zona En España, aunque existen muchísimas menudo, la operación es sencilla y en nada jóvenes que aman con apasionamiento la perjudica á la tela ni á las ballenas. Se tienae el corsé en una mesa, sin los equitación, no se generaliza la moda ó hábito, y ciertamente no se sabe á qué atri- cordones y lazos, y se frota con un cepillo buirlo. ¿Es que resulta un sport más costoso empapado en lejía caliente, en la que se que todos No, ctertaniente, si no es econó- haya disuelto uuos pocos terrones de amomico, tampoco es ruinoso, y en cambio es níaco. higiénico, bonito, elegante y lucido como Después se frota con agua templada, se pocos. le pone á secar al sol y queda muy bien. CONOCIMIENTOS ÚTILES