Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i. a cabeza... Repite palabras sir ilación que demuestran el ve? Cuando salió del cuarto el hombre, perseguido por todestartalamiento de su espíritu... que no está más firme que dos nosotros, sus pasos no han dejado rastros... el nuestro... Entonces dice Matilde con voz tan dolorosa es- -Quizá estuviera el hombre en el cuarto desde hacía va- tas simples palabras: ¡Padre mío! padre mío! que pro- rias horas El barro cb sus botas se ha secado, y, además, rrumpe éste en sollozos. El tío Santiago se suena y Larsán se deslizaba con tal rapidez sobre la onnta de los pies... Se tiene que volver la cabeza para ocultar su emoción. Yo estoy le veía huir... no se le oía... incapaz... ya no pienso, ya no siento, estoy por debajo del De repente, interrumpo esta charla deshilvanada, sin lóvegetal. Me da rabia de mí mismo. Esta es la primera vez que Larsán se halla, como yo, frente á Matilde, desde el atentado del cuarto amarillo. Lo mismo que yo, había insistido para interrogar á la desgraciada; pero tampoco fue recibido. Ambos obtuvimos la misma contestación: la Srta. Stangerson está demasiado débil para recibir; bastaban los interrogatorios del juez de instrucción para cansarla más de lo debido, etc. Se notaba evidente mala voluntad para ayudarnos en nuestras investigaciones; á mí no me extrañaba semejante actitud, pero á Larsán le sorprendía mucho. Verdad es que Larsán y yo pensamos de muy distinta manera respecto del crimen. I Joran... y me sorprendo á mí mismo repitiendo en el fondo de mi ser: ¡Salvarla... ¡Salvarla á pesar suyo... ¡Salvarla sin comprometerla! ¡Salvarla sin que él hable! ¿Quién: él El el asesino... ¡Cogerlo y cerrarle la boca... ¡Pero Darzac ha dado á entender que para cerrarlo la boca es preciso matarlo Conclusión lógica de las frases- que se han escapado á Darzac. ¿Tengo yo derecho á matar al asesino de Matilde? ¡No... Pero, por poco que me dé ocasión para ello... ¡Sólo para ver si realmente es de carne y hueso! ¡Sólo para ver su cadáver, puesto que no es posible coger s. u cuerpo en vida! ¡Cómo hacer comprender á esa mujer, que ni siquiera nos mira, que sólo atiende á su espanto y al dolor de su padre, que soy capaz de todo para salvarla... Sí... sí... de nuevo tomaré posesión de mi razón y haré prodigios... Me adelanto hacia ella... quiero hablar, quiero suplicarle que confíe en mí... Quisiera hacerle entender, por medio de afgunas palabras que sólo ella y yo comprendamos, que sé cómo salió del cuarto amarillo su asesino, que he adivinado la mitad de su secreto... y que la compadezco con todo mi corazón... Mas ya su actitud nos pide que la dejemos sola; su actitud expresa cansancio, necesidad de. reposo inmediato... El Sr. Stangerson nos ruega que volvamos á nuestras respectivas habitaciones, nos da las gracias, nos despide... Larsán y yo saludamos y seguidos del tío Santiago volvemos á la galería. Oigo á Larsán que murmura: ¡Extraño! ¡ex- gica, indigna de nosotros. Le hago seña á Larsán que es traño... Me hace seña de que entre en su cuarto. En el um- cuche: bral, se vuelve hacia el tío Santiago. J. e pregunta: -Allí abajo... cierran una puerta... ¿Usted lo vio realmente? Me levanto; Larsán me sigue; bajamos á la plan La baja ¿A quién? del castillo. Llevo L Larsán á la piececita cuyo terrado da- -Al hombre. bajo la ventana de la galería vuelta. Mi dedo designa esa ¡Sí lo vi... Tenia poblada barba roja, pelo rojo... puerta, cerrada ahora, pero que antes estaba abierta- y bajo! a -Ese mismo es el recuerdo que conservo de él- -dije yo. cual filtra luz. -Y yo también- -dijo Larsán. ¡El guarda! -dice Larsán. Ahora estamos sólo el policía y yo, hablando del asunto- -Vamos allá- -le digo quedito. en su cuarto. Durante una hora revolvemos el suceso en Y decidido, pero sin saber á qué, quizá á creer que el cultodos sentidos. Resulta claro que Larsán, por las preguntas pable era el guarda, me adelanto contra la puerta y i nv un que me hace, por las explicaciones que me da, está persuadi- golpe brusco. do, á pesar de sus ojos, á pesar de todos los ojos, que el Algunos pensarán que ya no venía á cuento lo que hacía hombre ha desaparecido por algún pasaje secreto, conocido mos, y que el primer deber de todos nosotros, después de ha de él. ber visto cómo se nos escapó el asesino en la galería, era bus- -Conoce el castillo- -me dice el policía: -lo conoce bien. j cario por todas partes, en torno del castillo, en el parque... -Es hombre más bien alto, fornido... i A semejante objeción solo esto podríamos contestar: que- -Tiene la estatura necesaria- -murmura Larsán... de tan inexplicable manera había desaparecido de la galería- -Le comprendo á usted... pero, ¿cómo explica usted la el asesino que pensamos que, en efecto, no estaba en ninbarba roja, el pelo rojo? guna parte Se nos escapó cuando todos estábamos á. punto- -Demasiada barba, demasiado ielo... Todo eso es pos- de agarrarlo, y á nadie se le hubiera ocurrido que- pudiéramos tizo- -indica Larsán. descubrirlo en el misterio de la noche y del parque. Y, final -Muy pronto lo ha dicho usted... Le preocupa Roberto mente, ya he dicho que semejante desaparición fue para mí Darzac... ¿No podrá usted dejar de pensar en él... Tengo como un mazazo en pleno cráneo. para mí que es inocente... No bien llamé, se abrió la puerta; con voz tranquila nos- ¡Mejor! Lo deseo... pero todo le condena... ¿Ha nota- preguntó el guarda qué deseábamos; Estaba en camisa c iba do usted los pasos en la alfombra? Venga usted á verlos... á acostarse aun no estaba abierta la cama... -Los he visto... Son los pasos elegantes de orilla del Entramos, y con extrañeza le dije: estanque. ¿Aun no se ha acostado usted... -Son los pasos de Roberto Darzac; ¿lo negará usted? ¡No! -contestó con voz ruda. -He ido á girar. una vi- -Cierto que puede uno equivocarle... sita por el parque y por el bosque... Acabo de regresar y ten- ¿Ha notado usted que el rastro de sus pasos no vuel- go sueño... ¡buenas noches...