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BIBLIOT A BfL bMRIO A B C ¿Dónde está? ¿Dónde está? ¿Dónde está... r Como locos nos pusimos á visitar las dos galerías; registramos puertas y ventanas; estaban cerradas, herméticamente cerradas... Nadie las había abierto; puesto que las encontrábamos cerradas... Además, ¿acaso el abrir aquel hombre así acosado una puerta ó una ventana sin que lo notáramos nosotros, acaso nos resultara más inexplicable aún que la desaparición del hombre mismo? ¿Dónde está? ¿Dónde está... No ha podido pasar por una puerta, ni por 8 una ventana, ni por ningún sitio (i) No ha podido jpasar al través de nuestros cuerpos... Confieso que por el momento quedé anonadado. Porque, en fin, hacía claro en la galería, y en aquella galería no había trampa, ni puerta secreta en las paredes, ni nada donde poder uno ocultarse. Removimos las butacas y alzamos los cuadros. Nada! ¡Nada! ¡Habríamos mirado en jarros de flores, de 1 aberlos habido allí! acostándose en la misma pieza que las enfermeras, en el tocador... y cerró la puerta de esta pieza... Desde la noche del crimen tiene temores, miedos repentinos muy comprensibles... ¿Quién comprenderá por qué, justamente esta noche en que debía él volver se ha encerrado ella por feliz casualidad con su gente? ¿Quién comprenderá por qué rechaza el deseo de su padre, que quisiera pasar las noches en el salón de su hija, puesto que ella tiene miedo? ¿Quién comprenderá por qué la carta, que ha poco estaba sobre la mesa del cuarto, ya no está allí Quien comprenda todo eso dirá: Matilde sabía que el asesino había de voiver... no podía impedirle que volviera... no ha avisado á nadie porque ea menester que al asesino no lo conozca nadie, ni siquiera el padre; nadie, excepto Roberto Darzac. Pues á estas fechas, Darzac seguramente lo conoce... Quizá lo conociera antes... Recordad la frase del jardín del Elíseo: ¿Habré de tener que cometer un crimen para poseerla á usted? ¿contra quién el crimen sino contra el obstáculo contra el asesino? Recordad también esta frase de Darzac en contestación á mi pregunta: ¿No le disgustaría á usted que yo descubriera al XVII asesino? jAh, quisiera matarlo con mi propia mano! A lo cual repliqué: No ha contestado usted á mi pregunta. LA GALERÍA INEXPLICABLE. Lo cual era cierto. En verdad, en verdad, de tal manera conoce el Sr. Darzac al asesino, que teme que yo lo descubra, Matilde Stangerson apareció en el umbral de su antecáma- al mismo tiempo que quisiera matarlo Sólo por dos razora, sigue diciendo el cuaderno. Casi estábamos á su puerta, nes ha facilitado mis pesquisas: primero, porque le obligué á en aquella galería en donde acababa de ocurrir el increíble ello; y después, para poder velar mejor por ella... fenómeno. Hay momentos en que siente uno que se le desparraman los sesos. Upa bala en la cabeza, un cráneo que se Estoy en el cuarto... en su cuarto... La miro... y miro abre, el asiento de la lógica asesinado, te razón despedazada... también el sitio donde hace un rato estaba la carta... Matilde Todo esto sin duda era comparable á la sensación que me se ha apoderado de ella; esa carta le estaba dirigida, sin agotaba, que me vaciaba del desequilibrio de todo, del duda... sin duda alguna... ¡Ah, cómo tiembla la desgraciafinal de mi yo pensante con mi pensamiento de hombre... La da... Tiembla al oir el fantástico relato que le hace su padra ruina moral de un edificio racional, duplicada por la ruina de la presencia del asesino en su cuarto y de la caza que se le real de la visión fisiológica, al mismo tiempo que los ojos si- ha dado... Pero es visible... es visible que no se tranquiliza guen viendo claro, ¡qué tremendo golpe sobre el cráneo! del todo sino cuando le afirman que el asesino, por inconcebiFelizmeinte, Matilde apareció en el umbral de su antecáma- ble sortilegio, consiguió escaparse. ra. La vi; y aquello distrajo un poco mi pensamiento vuelto Después hay un silencio... ¡Qué silencio... Estamos todos al caos... La respiré... Respiré el perfume de la dama de ahí, mirándola Su padre, Larsán, el tío Santiago y yo... negro... ¡Querida dama de negro, querida dama de negro ¿Cuáles son sus pensamientos en medio de ese silencio... que acaso no vuelva á ver! ¡Diez años de mi vida, la mitad Después del acontecimiento de esta noche, después del mistede mi vida por ver una vez más la dama de negro! Mas, ¡ay! rio de la galería inexplicable después de la prodigiosa rea ¡sólo encuentro, muy de tarde en tarde, el perfume cuyo ras- lidad de la instalación del asesino en el cuarto de ella, parétro, sensible para mí sólo, respiraba en mi juventud (2) cerne que todos los pensamientos, todos, desde los que se ¡Aquella reminiscencia aguda de tu querido perfume, dama arrastran bajo el cráneo del tío Santiago, hasta los que nade negro, fue la que me empujó hacia ésta que está aquí toda cen bajo el cráneo del Sr. Stangerson, todos podrían tradude blanco, y tan pálida, tan pálida y tan hermosa en el umbral cirse por estas palabras que le dirigieran á ella: ¡Oh, tú que de la galería inexplicable Sus hermosos cabellos dorados, conoces el misterio, explícanoslo y quizá te salvemos! ¡De recogidos sobre la nuca, dejan ver la estrella encarnada de su qué buena gana la salvaría yo... de sí misma y del otro... sien, la herida que estuvo á punto de ocasionar su muerte... Lloro de pena... Sí, siento mis ojos llenarse de lágrimas ante Al principio imaginaba que la noche del misterio del cuarto tanta miseria horriblemente oculta. amarillo Matilde llevaba el pelo alisado sobre las sienes... Ahí está, la que tiene el perfume de la dama de negro Pero antes de penetrar en el cuarto amarillo, ¿cómo hubie- Por fin la veo en su casa, en su cuarto, en ese cuarto en donra podido razonar sin suponer ese peinado? de no ha querido recibirme... en ese cuarto en donde se Ahora ya no razono de ninguna manera, desde el hecho calla en donde sigue callándose. Desde la hora fatal del de la galería inexplicable estoy ahí, estúpido, ante la apa- cuarto amarillo, giramos alrededor de esa mujer invisible y rición de Matilde, pálida y hermosa. Lleva una bata de blan- muda para saber lo que ella sabe. Nuestro deseo, nuestra vocura ideal. Diríase una aparición, un suave fantasma. Su luntad de saber deben ser para ella un suplicio más. ¿Quién padre la abraza con pasión, parece recuperarla una vez más, nos dice que si sabemos no será el conocimiento de su puesto que otra vez ha podido ser atacada por el asesino. No misterio la señal de un drama más espantoso que los que ya se atreve á hacer preguntas... Se la lleva al cuarto de ella, se han desarrollado aquí? ¿Quién nos dice que no se moriría adonde les seguimos... porque, después de todo, es menester Matilde de resultas de tal descubrimiento? Y, no obstante, aclarar lo ocurrido... La puerta del tocador está abierta... ha estado á punto de morir... y seguimos no sabiendo nada... Las dos caras espantadas de las enfermeras se inclinan hacia O, mejor dicho, los hay que no saben nada... pero yo... si nosotros... Matilde pregunta qué significa tanto ruido. supiera quién lo sabría todo... ¿Quién? ¿quién? ¿quién? Nada más sencillo contesta ella. ¡Qué sencillo! ¡qué sen- Y por no saber quién debo callarme, por compasión hacia cillo! Se le ha ocurrido no dormir esta noche en su cuarto, ella, pues no hay asomo de duda de que sabe cómo huyó él del cuarto amarillo y, sin embargo, se calla. ¿Por qué hablaría yo? ¡Cuando sepa quién, le hablaré á él (1) Cuando este misterio, merced á Roule tabule, quedó naturalmente explicado con sólo ej socorro de la prodigiosa lógica Ahora nos mira... pero de lejos... como si no estuviéradel joven, fue- necesario rendirse á la evidencia: que el asesino no mos en su cuarto... El Sr. Stangerson rompe el silencio. Dehabía pasado ni por una puerta, ni por una ventana, ni por la es- clara que desde aquel momento no abandonará las habitacalera, cosa que la justicia no quería admitir (1) Diez y ocho años tenía Pepe cuando escribía estos ren- ciones de su hija. En vano trata ésta de oponerse á la volunglones... y habla de su juventud He respetado todo el texto tad de su padre: el profesor no cede. Desde esta misma noche de mi amigo, pero una vez más recuerdo al lector que el episodio se quedará aquí, dice. Y en seguida, preocupado únicamente del perfume de la dama de negro no forma parte indispensable del Misterio del Cuarto Amarillo ...Pero no es culpa mía si, por la ¿alud de su hija, le reprocha que se haya levantado. en los documentos que cito aquí, tiene, á veces, Pepe, reminiscen- después le habla como á una niña... le sonríe... apenas si cias de su inventad sabe lo que dice y lo que hace El ilustra unafésar pierde ÍTMII mr lnrrT 1! B 1I niT- nrTiTr rnni iwrnr