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MISTERIO bLCUARTO AMARILLO -O reflexionan el sitiar directamente las dos puertas de la en suma, la sensación principal que me produjo la imagen, pieza en que estaba el hombre: la del tocador y la de la ante- entrevista en tinieblas vacilantes... Xo conocía la tal cara ó, cámara; mas no podíamos entrar en el tocador sino por el cuando menos, no la reconocía salón, cuya puerta había sido cerrada por dentro por la ame ¡Ahora sí que era preciso obrar con rapidez... ¡Era predrentada Srta. Stangerson. De modo que este plan, que se le ciso ser el viento! ¡la tempestad... ¡el rayo! Mas, ¡oh, deshubiera ocurrido á cualquier agente de Orden público, resul- gracia! había que hacer movimientos necesarios Mientaba imposible de realizar. Pero yo, obligado á reflexionar, tras yo los hacía, el hombre, que acababa de verme, dio un diré que aun cuando hubiese estado á mi disposición el toca- salto, se precipitó, según previsión mía, á la puerta de la aador, habría mantenido mi plan tal como acabo de exponerlo; pues todo otro plan de ataque directo por cada una de las puertas del cuarto nos separaba unos de otros en el momento de la lucha con el hombre y, en cambio, mi plan reunía á todo el mundo para el ataque en un sitio determinado por mí con precisión casi matemática. Dicho sitio era la intersección de las dos galerías. Ya colocada así mi gente, salí de nuevo del castillo, corrí á mi escalera, la puse otra vez contra la pared y con el revólver en la mano comencé la ascensión. A quienes pudieran sonreírse de tantas precauciones, los remitiré al misterio del cuarto amarillo y á todas las pruebas ijue teníamos de la fantástica astucia del asesino. También diré que si á algunos les parecen harto meticulosas todas mis observacfónes en un momento en que lo que importa es obrar rápidamente, les diré que he querido relatar aquí por completo todas las disposiciones de un plan de ataque concebido y ejecutado con una celeridad que se trueca en lentitud al describirlo. Adrede he querido esa lentitud y esa precisión para tener la seguridad de que no omitía ninguna de las condiciones en que se produjo el extraño fenómeno que, hasta nueva orden y natural explicación, me parece debe probar mejor que todas las teorías del profesor Stangerson la disociación de la materia diré más: la disociación instantánea de la materia. XVL EXTRAÑO FENÓMENO DE DISOCIACIÓN DE LA MATERIA Extracto del cuaderno de apuntes de Pepe Rouletabille. (Continuación) Heme de nuevo en la piedra de la ventana, v de nuevo sobresale mi cabeza de esa piedra; por entre las cortinas, que s- iguen como estaban, me dispongo á mirar, deseando con tecámara, la abrió, y huía... Pero ya estaba 30 detrás de él, jnsia saber en qué actitud voy á encontrar al asesino, i Si me con el revólver. Grité: ¡A mí! volviera la espalda! ¡Si estuviera todavía ante la mesita esComo una flecha había yo atravesado el cuarto y, no obscribiendo. ¡Pero quizá no esté ya! Y en ese caso, ¿por tante, pude ver que había lina carta sobre la mesa Casi iónde habría huido... ¿No tengo su escalera alcancé al hombre en la antecámara, pues el tiempo necesario Trato de conservar mi habitual sangre fría. De nuevo, ade- para abrir la puerta le había quitado cuando menos un selanto la cabeza. Miro: está ahí; vuelvo á ver su espalda mons- gundo. ¡Casi lo toqué! Me dio en las narices con la puerta truosa, deformada por las sombras proyectadas por la bujía. que da de la antecámara á la galería... Pero yo tenía alas: Sólo que ya no escribe y ya no está la bujía sobre la mesa. me hallé en la galería á unos tres metros de él... El Sr. StanLa bujía está en el suelo, delante del hombre, encorvado por gerson y yo le perseguimos juntos. Según previsión mía, el encima de ella. Postura rara, pero que me favorece. De nue- hombre había tomado por el lado derecho de la galería, es vo respiro; sigo subiendo. Estoy en los últimos palos; mi decir, por el camino preparado per él para huir... ¡A mí, mano izquierda agarra la piedra de apoyo de la ventana; en Santiago! ¡A mí, Larsán! exclamé. ¡Ya j podía escapárel momento de llegar á mis fines, siento que mi corazón late senos! Arrojé un grito de alegría de victoria salvaje... Llegó precipitado. Sujeto el revólver entre los dientes. Ahora, mi el hombre á la intersección de las dos galerías apenas dos mano derecha agarra también la piedra de apoyo. Un movi- segundos antes que nosotros, ¡y se produjo el encuentro que miento que por fuerza ha de ser algo brusco, un esfuerzo de yo había deseado, el choque fatal que inevitablemente había puños para alzarme, y ya voy á estar sobre la ventana... ¡Con de producirse! Todos acudimos á aquel cruce: el profesor tal que la escalera... Justo, lo que temía... Me veo obligado y yo viniendo de una punta de la galería recta, el tío Santiaá apoyarme con firmeza en la escalera, y no bien levanto el go viniendo de la otra punta de la misma galería, y Larsán pie, cuando la siento marcharse... Se cae... Mas ya están mis viniendo de la galería vuelta. A punto estuvimos de caernos, rodillas sobre la piedra... Con rapidez que me parece pasmo- efecto de la sacudida... sa me pongo en pie sobre la piedra... Pero más rápido ha sido ¡Pero el hombre no estaba allí! el asesino... Ha oído el ruido de la escalera, y de repente he Nos mirábamos con ojos de visto alzarse la espalda monstruosa, enderezarse el hombre, ante este hecho irreal ¡elestúpidos, con ojosallí! espanto, hombre no estaba volverse... He visto su cabeza... ¿La he visto realmente... La ¿Dónde está? ¿Dónde está? ¿Dónde está... Todo nuestro bujía estaba sobre el piso y lo único que alumbraba bien era las piernas del hombre. A partir de la altura de la mesa, no ser preguntaba: ¿Dónde está? ¡Es imposible que haya huido! -exclamé yo, más iracun había casi en el cuarto más que sombras, más que noche... He visto una cabeza cabelluda, barbuda... Ojos de loco; una do que espantado. -Ya lo tocaba yo- -exclamó Larsán. cara pálida con anchas patillas; el color, en lo que pude ver- ¡Estaba ahí, sentí su aliento sobre mi cara, -decía el tío en aquel borroso segundo, el color... era rojo. según 1 creo... según pienso... No conocía aquella cara. Está fue, Santiago. ¡Lo tocaDamos! -repetimos el Sr. Stangerson y yo... 19