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BIBLIOTttA D? L bIdRIO A B C precauciones infinitas. De repente, una densa nube y ua nue- coloco á Larsán en la extremidad de la galería vuelta, ante L. yo chubasco. Suerí Pero, de repente, el siniestro maullido ventana que encontré abierta y que cerré. Digo á Larsán: del Animalito de JS me detiene en medio de mi ascen- -No abandone usted este puesto hasta que yo le llame... sión. Se me figura que el maullido ha sido lanzado á pocos Es casi seguro que el hombre volverá á esa ventana, tratanmetros detrás de mí. ¡Si fuera una seña! Si algún cómplice do de escaparse por ella cuando se vea perseguido, pues por del hombre me hubiera visto sobre la escalera... Ese maulli- ahí es por donde ha venido y por ahí ha preparado su huida. do quizá sea para llamar al hombre á la ventana... ¡Quién Tiene usted un puesto peligroso. sabe... ¡Fatalidad: el hombre está en la ventana! Siento- ¿Cuáí será el de usted? -preguntó Larsán. su cabeza por encima de mí; oigo su respiración. Y o no- -Yo subiré por la escalera, caeré en el cuarto como una puedo mirarlo. ¡Un leve movimiento de cabeza y estoy per- bomba y echaré el hombre hacia ustedes. dido! ¿Va á verme? ¿Va á bajar la cabeza? ¡No... Se va... -Tome usted mi revólver- -dijo Larsán; -yo tomaré el no ha visto nada... Lo siento, más que lo oigo, andai con garrote de usted. paso ahogado por el cuarto; y subo unos peldaños más. Mi- -Gracias- -contesté, -es usted una buena persona cabeza ha llegado á la altura del poyo de la ventana; mi Tomé el revólver de Larsán. Iba á verme á solas con el frente pasa ya de dicha piedra; mis ojos, por entre las corti- hombre que escribía en el cuarto, y realmente me agradaba nas, ven. tener aquel revólver. El hombre está ahí, sentado ante la mesita de Matilde, y Me separé de Larsán después de haberlo apostado en la escribe. Me vuelve la espalda. Tiene una bujía frente á él, ventana 5 del plano, y me dirigí, siempre con grain precaumas, como está incl íado sobre la llama de esa bujía, la luz ción, hacia las habitaciones del Sr. Stangerson, en el ala izproyecta sombras que me lo deforman. Sólo veo una espalda quierda del castillo. Encontré al profesor con el tío Santiamonstruosa, encorvada; cosa asombrosa: ¡Matilde no está go, quien me había obedecido, limitándose á decir á su amo ahí! Su cama no ha sido abierta. ¿Dónde duerme esta noche í que era menester que se vistiera cuanto antes. Entonces puse Sin duda en el cuarto vecino, con su gente. Hipótesis. Ale- al Sr. Stangerson al corriente de lo que ocurría. También él gría de dar con el hombre sólo. Tranquilidad de espíritu para tomó un revólver, me siguió y á poco estuvimos los tres en preparar la trampa. la galería. Cuanto acaba de ocurrir, desde que vi al asesino Pero ¿qué hombre es ese que está escribiendo ahí, bajo sentado ante la mesa, había durado apenas diez minutos. El mis ojos, ante esa mesita, cual si estuviera en su casa? De no señor Stangerson quería precipitarse en seguida sobre el asehaber los pasos del asesino sobre la alfombra de la galería, sino y matarlo: cosa muy sencilla, según él. Le hice observar de no haber estado abierta la ventana, de no haber habido que, ante todo, convenía no exponerse, queriendo matarlo, debajo de esa ventana la escalera, pudiera yo creer que ese á no acertarle y dejarlo vivo hombre tiene derecho á estar ahí y que está en ese cuarto Cuando le hube jurado que su hija no estaba en el cuarto normalmente á consecuencia de causas que no conozco aún. y que no corría peligro alguno, tuvo á bien calmar su impaPero no hay duda: ese misterioso desconocido es el hombre ciencia y dejarme la dirección de la empresa. Dije además del cuarto amarillo, aquel cuyos atentados tiene que aguan- al profesor y al tío Santiago que no habían de acudir á mí tar la Srta. Stangerson sin denunciarlo. ¡Ah! ¡Ver su cara! sino cuando yo los llamara ó disparara un tiro, y envié al 5 Sorprenderlo! ¡Apresarlo! tío Santiago á colocarse delante de la ventana situada en el Si salto al cuarto en este momento, huye él ó por la ante- extremo de la galería recta. (La ventana lleva el número 2 cámara ó por la puerta de la derecha que da al cuarto toca- en mi plano. Había escogido aquel puesto para el tío Sandor. Por este sitio, atravesando el salón, llega á la galería y tiago porque imaginaba que el asesino, acosado á su salida lo pierdo. Y es el caso que lo tengo agarrado; todavía cinco del cuarto, escapándose por la galería para ir á la ventana minutos y lo tengo más sujeto que si estuviera en una jaula... dejada abierta por él, y viendo de repente, al llegar al cruce ¿Qué hace ahí, solitario, en el cuarto de la Srta. Stangerson? de las galerías, ante aquella última ventana, á Larsán, que ¿Qué escribe? ¿A quién escribe... Bajo. Quito la escalera. guardaba la galería vuelta, seguiría su camino por la galería El tío Santiago me sigue. Regresamos al castillo. Envío al tío recta. Allí se encontraría con el tío Santiago, quien le impeSantiago á despertar al Sr. Stangerson. Ha de esperarme en diría saltar al parque por la ventana que abría en el extremo el cuarto del profesor y no darle detalles precisos hasta mi de la galería recta. Así, ciertamente, obraría el asesino si collegada. Yo voy á ir á despertar á Larsán. Gran disgusto nocía los lugares, cosa de la que no dudaba yo. Bajo esa venpara mí; hubiese querido trabajar sólo y cosechar todos los tana, en efecto, había por fuera una especie de contrafuerte. honores de tan intrincado asunto mientras Larsán estuviera Todas las demás ventanas de la galería daban á tal altura sodurmiendo. Pero el Sr. Stangerson y el tío Santiago son dos bre fosos, que era casi imposible saltar por allí sin matarse. ancianos y yo no tendría fuerza suficiente... En cambio, Lar- Puertas y ventanas estaban bien cerradas, incluso la puerta san está acostumbrado á tumbar á un hombre, á sujetarlo, del cuarto trastero, en la extremidad de la galería recta: haá ponerle las esposas y á llevárselo preso. Estupefacto, ador- bía yo efectuado un rápido examen de todo. milado, Larsán está á punto de enviarme á paseo, no dando Por consiguiente, después de haber indicado cual queda crédito alguno á mis imaginaciones de reportercillo. Necesité dicho su puesto al tío Santiago y haberle visto en él coloafirmarle que ¡el hombre estaba allí! qué al Sr. Stangerson ante la meseta de la escalera, no lejos- -Es extraño- -contestó. -Creía yo haberlo dejado en Pa- de la puerta de la antecámara de su hija. Todo hacía prever rís esta tarde... que al acosar yo al asesino en el cuarto se escaparía por la Se viste apresuradamente y toma un revolver. Nos desli- antecámara más bien que por el cuarto tocador en donde eszamos en la galería. taba la servidumbre de Matilde y cuya puerta había sido sin Larsán me pregunta: duda cerrada por la joven si, cual yo pensaba, se había refu- -i Dónde está? giado en aquel cuarto tocador para no ver al asesino que iba- -En el cuarto de la Srta. Stangerson. á venir á su cuarto De todas maneras, siempre recaía el- ¿Y la Srta. Stangerson? asesino en la galería, en donde le esperaba mi gente apos- ¡No está en su cuarto! tada en todas las aberturas ¡Vamos allá! Una vez allí, ve á su izquierda, casi sobre él, al Sr. Stan ¡No vaya usted! El hombre, á la primera aleña, se es- gerson; entonces se escapa á la derecha, hacia la galería capará... Tiene tres caminos para huir... la puerta, la ven- vuelta, camino que era el de la huida preparada por él En tana, el cuarto tocador donde están las mujeres... la intersección de las dos galerías ve á la vez, como lo explico- -Tiraré sobre él... más arriba: á su izquierda, á Federico Larsán, al final de la- ¿Y si no le da usted? ¿Si no hace usted más que herir- galería vuelta, y en frente, al tío Santiago, al final de la galo? También se escapará... Sin contar con que también él es- lería recta. Eí profesor y yo llegamos por detrás. ¡Es nuestará armado... No, déjeme dirigir la operación, y respondo tro! ¡No puede escapársenos... Este plan me parecía más de todo... prudente, más seguro y más sencillo que otro cualquiera. Si hubiésemos podido directamente colocar á alguno de nos- -Como usted guste- -me dijo atentamente. Entonces, después de haberme asegurado de que todas las otros detrás de la puerta del tocador de Matilde que daba á ventanas de las dos galerías están herméticamente cerradas. su dormitorio, acaso pareciera más sencillo á algunos que n r r munu ttu sai iHJTirrin iraní TOTI n r r n rrmnnr- nn- TnnniinnrnTinnin- i tr imtninn 1 n i nrnr- nnirnriiimii i r n- nin- tnrtm- rtr IITU irnmTrmnim IIIHIi IIMTII- HlinillITn 11 1