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A B C. JUEVES 3 DE MARZO DE 1910. EDICIÓN i. PAG. 6. nes, agentes comerciales, centros de recepción y propaganda. Ahora se nos ofrecía ana ocasión oportuna y la heñios despreciado. I a importancia comercial ó económica de la Argentina es muy grande para España; sin embargo, yo creo que aun es más considerable la importancia espiritual de aquel país respecto de nuestra nación. Necesita España sostener su crédito en la Historia, si quiere que la respeten y la dejen vivir. ¿Cómo lograr ese respeto? Otras naxlones lo logran mediante su fuerza industrial y financiera, por medio de fábricas y acorazados. Pero España no produce fábricas y acorazados. Necesita vivir de sus prestigios espirituales, de sus hechos pasa dos, de sus libros clásicos, de sus pinturas, y gracias áeste bagaje ilusorio puede vivir, ía respetan y suena su nombre de manera heroica y fuerte. Suena también su nombre porque lo pronuncian diez y cho naciones más ó menos eivilizadas, que se alimentan todavía, más ó menos á regañadientes, del pasto espiritual hispánico. ¿Qué sería de España el día en que América se desmembrase totalmente de su materno origen? Cuando aquellos pueblos se entregasen del todo á las influencias extrañas, cuando se rompiesen los lazos del respeto y del idioma, entonces España quedaría arrinconada en este extremo de Europa, y su irradiación hacia el porvenir se acabaría. Seríamos un pueblo aislado, sin representación ni expansión ideal posible. Algo como una Turquía, á quien se trata de anular. Mientras que de otro modo España puede alimentar una soberbia ilusión; puede asociarse al destino de aquel mundo castellano, favorecer su auge, ir con la marcha de aquel continente y llenar el porvenir con el nombre de la comunidad española Esto sería vivir, vivir siempre y en camino ascendente. Pero si España se ocupa bien poco del fomento comercial, se ocupa meaos todavía de fomentar su influencia ideológica. Producen pena aquellos teatros de Buenos Aires, monopolizados por las obras y compañías italianas, ó entregados á nuestros detestables cómicos de ese grosero y plebeyo género chico que últimamente se estila; producen dolor aquellas librerías inglesas, alemanas, italianas, francesas, tan perfectamente surtidas y dispuestas, junto á la escasas librerías españolas; causa vergüenza la opinión que allí se tiene de nosotros: español es sinónimo de rudo, pobre é ignorante. Y es porque no enviamos otra cosa que gañanes hambientos, cómicos groseros y al ún libro detestable. Hasta en mandará Blasco Ibáñez como representante intelectual hemos tenido mala fortuna. Pero en artículos anteriores he hablado de este punto con harta insistencia, y no quiero cansar á los lectores ¿Quiénes irán á Buenos Aires, representando á España en las fiestas del Centenario argentino? Valiera más que fuese Luna figura única, pero eminente de veras, y no un montón de personas incoloras. Convendría enviar una gloria universal, ó un hombre de talla política, orador, mundano, distinguido. Aunque no muchas, te- nemos algunas glorias universales. Si acertase á visitarla región del Plata un sabio como Ramón y Cajal, con esa sola visita ganaríamos en nombre, en representación y en respeto en aquellos países mucho más que con cien tratados intelectuales ó de comercio: venderíamos muchos más productos... También sería de gran efecto la visita de un orador y político de talla: Maura ó Moret, por ejemplo. I,o triste es la premura del tiempo, el ha ber llegado tarde; y más que nada i a precipitación con que se organizarán los envíos de géneros y personas y la serie de intrigas y favoritismos que sin duda presidirán á la elección ele los embajadores. Sin embargo, es cosa demasiado seria. Y yo no me cansaré de resaltar la importancia y trascendencia que para el porvenir ideal de España tiener aquellas naciones americanas. JOSÉ M. SALAVERRIA LA OBRA DE UN MINISTRO 11 DEFORMA DE LAS Comencemos por lo COSTUMBRES que atañe á lo que 1 pudiéramos llamar la reforma de las costumbres; en general, el público de los periódicos no ha visto más que este aspecto de la obra del Sr. La Cierva; ya comprobará el lector que hay algo más, mucho más, en la gestión del ex ministro conservador, y que esta parte que afecta á la policía y á la corrección y represión de antiguas corruptelas no es lo más trascendental, con ser muy importante, da todo lo realizado por el Sr. La Cierva. El lema ó epígrafe que pudiera ponerse á toda la obra del ex ministro de la Gobernación, y en particular á esta empresa de reformar las costumbres, son unas palabras de Kant. No sonrían los fervorosos admiradores del filósofo. Kaut, en su Antropología, al describir el carácter de los españoles dice de nosotros, entre otras cosas, que somos rebeldes á las reformas La observación es muy exacta. Como regla general, se puede decir que toda reforma de las costumbres propuesta y realizada entre nosotros por un gobernante merecerá desde luego, incondicionalmente, desde el primer momento, sin examen ninguno, la más absoluta reprobación y la más franca hostilidad. No ha sucedido otra cosa con las reformas realizadas por el Sr. Cierva. Pero- -y esto es lo grave- -no es el público el que protesta y se indigna; son los llamados directores é inspiradores de ese público, y con tales inspiradores, un núcleo de elementos volanderoSj ingrávidos y retardatarios: precisamente un núcle o que alardea consta r teniente de cultura y de progreso. La primera reforma que hemos de mencionar aqui ahora es la referente á la Policía. Se ha reorganizado, mejor diremos, se ha creado de nuevo, todo un Cuerpo de Policía moderna y vigorosa. Uno de los aspectos de nuestro caciquismo, del caciquismo centralista, ha sido el que convertía la Policía en refugio del favor y de la merced. Cosa tan importante como ésta para el mantenimiento del orden y para el perfecto funcionamiento de la máquina social, se la hacía servir para satisfacer necesidades pequeñas y dar desahogo á compromisos de políticos y personajillos con sus parciales. A la entrada en el Poder de un partido, ayudas de cámara, porteros, mozos de comedor, etcétera, eran agraciados con una credencial de policía, é iban cobrando su sueldecillo á costa de la seguridad de los ciudadanos. Consecuencia de esta relajación y rebajamiento era el concepto que de la Policía se tenía; humoristas frivolos y literatos ligeros pueden darnos idea, lo mismo que el teatro, de este concepto, mezcla de ridiculez é indignidad que de la Policía se tenía. (Este concepto, dicho sea entre paréntesis, es hermano del bárbaro y absurdo que del forastero del paleto se tiece en las grandes ciudades, y que también se puede estudiar abundantemente en los humoristas y ea el teatro. Comenzamos hoy á ver que la Policía es algo importante, necesario, indispensable al cuerpo social, y quesu f uncios es tan digna y tan respetable como cualquiera otra función social. Se debe esto en gran manera á la labor intensa y tenaz realizada por el Sr. La Cierva. Se ha reorganizado eriamente la Policía. Se la ha dotado convenientemente en loa presupuestos. Se han elevado las categorías. Se han suprimido los sueldos pequeños. Se ha operado en ella una seleccióninexorable. Al antiguo y caprichoso nombramiento por el favor, se ha substituido la oposición rigurosa ante un tribunal compuesto de jefes de la Guardia civil. Se ha hecho más: como la Policía es una función social en progreso; como en los países más adelantados se implantan incesantemente en ella nuevos mé todos y procedimientos, á Roma, á París y á Londres fueron enviados por el Sr. La Cierva agentes y comisiones españoles que se incorporaron en los Cuerpos de Policías extranjeros, y que en aquellas escuelas realizaron prácticas y estudios. Se creó tainbién la Inspección de Seguridad. Se crearon las J faturas de Madrid y Barcelona. Se formó el reglamento de la Escuela de Policía. Se modificaron las plantillas del Cuerpo de Vigilancia de Madrid. Un último detalle era preciso: coordinar la acción de la fuerza armada y de los funcionarios municipales encargados de la vigilancia con la acción de la Policía gubernativa, y á este efecto se dictó un Real decreto. ¿Qué era la Policía antes, y qué es hoy? ¿Recuerda el lector todo lo que contra esta reforma se ha escri to en los periódicos: artículos, de fondo, crónicas, fantasías humorísticas, sarcasmos, ironías? ¿Habrá mayor prueba de la inanidad y de la incultura de ciertos elementos periodísticos? Un hombre ha secundado acertada y firmemente al ministro en su reforma: el Sr. Méndez Alanis; debe quedar aquí consignado honrosamente su nombre. Paralelamente á esta ac: ión pública, oficial, de la Policía, se trató de establecer la acción particular, privada. Se intentó que los porteros fuesen- auxiliares de la Policía con sus informes y su vigiiancia. Se proctt ró vigilar también las fondas y los alojamientos; se regularizó el servicio y se proveyó de carnets á mozos y camareros. En otro respecto, dentro también de este asunto de la reforma de costumbres, se reglamentó estrechamente el uso de armas. Se persiguió el uso y venta de navajas y de cuchillos. Una disminución considerable en la criminalidad demostró lo acertado y eficaz de esta medida. Se marcaron horas precisas para el cierre de cafés, colmados y tabernas. Protestó indignada, exaltada, la intelectualidad nocharniega; se llegó á decir en crónicas brillantes y lacrimatorias que Madrid había perdido su tradicional alegría. Pero la medida, juntamente con la relativa á la hora de cerrar los espectácu os, fue agradecida por el público trabajador y sensato. Se regularizaron también los cinematógrafos; un incendio ocurrido en el de la calle del Pez demostró la urgencia de- esta reforma. Se prohibió la reventa, tremendamente molesta y escandalosa, de los billetes de teatro. En los pueblos, uno de los espec táculos tradicionales lo constituían las capeas de vacas y novillos. Tenacísima fue la lucha contra ellas; se multó y suspendió á muchos alcaldes; al fin se consiguió supri. mirlas, y la estadística obligada de siniestros y desgracias ha desaparecido. ¿Deplorarán también los amantes de la a egría española la supresión de este edificante espectáculo, inmortalizado porGoya en uno de sus lienzos? Párrafo aparte merece lo relativo á la prostitución. Sólo una referencia de esta Real orden se ha publicado en la Gaceta. Se acabó con inveteradas é ignominiosas explotaciones. Salían de aquí fondos para proveer á los Gobiernos civiles (los clásicos fondos de Higiene complemento de esta medida fue el dotar á los Gobiernos de un presupuesto conveniente. Se reglamentó también el servicio de camareras en los colmados y cafés cantantes. Con ello se acabó conjui modo subrepticio de prostitución TMlll MlbiirriKJll llinmHfnrnraiTBn m, I B mi lMlinnrTin