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BIBLIOTECA DSL fcl JRIO A B C había sido recogida, y, no obstante, no le conceden lo que XIV pide! ¿Qué pedía? únicamente Matilde lo sabe. Lo cierto ESPERO AL ASESINO ESTA NOCHE 1 es que al día siguiente anunciaban que la Srta. Stangerson había sido casi asesinada durante la noche, y que, dos días- -Es preciso- -me los después, descubría yo que su padre había sido robado mer- res mismos para quedijo Pepe- -que le conduzca ámás lugapueda usted comprender, ó, ced á dicha llave, objeto de la carta dirigida á la lista de para que se persuada de que es imposible comprender. bien, Por Correos. mi parte, creo haber dado con lo que todo el mundo sigue Por todo esto, me parece que el hombre que fue á la ofi- buscando: cómo el asesino salió del Cuarto amarillo... sin cina de Correos es el asesino; y todo este razonamiento, de complicidad de ninguna clase y sin que haya intervenido para lo más lógico, en suma, sobre las razones de la pretensión nada el Sr. Stangerson. Mientras no esté seguro de la perdel hombre en la oficina de Correos, se le ha ocurrido cierta- sonalidad del asesino me será imposible decir cuál es mi mente á Larsán, pero lo aplica contra Darzac. Inútil decirle hipótesis, pero creo que esa hipótesis es justa y del todo naá usted que, tanto el juez, como Larsán, y como yo, hemos tural; es decir, sencillísima. En cuanto á lo ocurrido aquí, en hecho lo posible para obtener en la oficina de Correos deta- el castillo mismo, hace tres noches, me pareció, durante veinlles precisos acerca del singular personaje del 24 de Octubre. ticuatro horas, que el acontecimiento superaba toda facultad Mas no se ha podido saber de dónde venía ni adonde fue... de imaginación. Y aun ahora mismo es tan absurda la hi ¡Fuera de esa descripción que le hace parecerse al Sr. Dar- pótesis que se alza desde lo más íntimo de mi pensamiento, zac, nada! He hecho anunciar en los diarios de mayor circu- que casi prefiero las tinieblas de lo inexplicable. lación Dicho me invitó á salir, y juntos Se promete crecida recompensa al cochero que con- dimos la esto, elaljoven repórternuestros pies crujían las hovuelta castillo. Bajo dujo á un cliente á la oficina de Correos número 40, en la jas yo oía. el casmañana- del 24 de Octubre, hacia las diez. Dirigirse á la re- tillosecas, único ruido queAquellasHubiérase dicho que aquella viejísimas piedras, dacción de l Epoque, y preguntar por el señor R. -Ningún agua estaba abandonado. estancada en fosos que rodeaban el aqueresultado ha producido el anuncio. Después de todo, quizá lla tierra cubierta los los despojos del últimocastillejo, el esde verano, fuera á pie dicho individuo; pero como parecía tener prisa, queleto negro de los árboles, hay probabilidades de que fuera en coche. En mi nota á los triste sitio, que encerraba un todo contribuía á dar á aquel tremendo diarios no he dado la descripción del hombre, con objeto más fúnebre que puede imaginarse. En misterio, el aspecto el de rode que acudieran á mí cuantos cocheros hayan conducido, dear al castillejo nos encontramos con el momento verde hombre á eso de las diez, á algún cliente á la oficina 40. Ni uno solo el guarda, quien no nos saludó, pasando á nuestro lado cual si ha venido. Y no he cesado de preguntarme: ¿Quién será no existiéramos. Estaba como lo vi por primera vez en la ese hombre que tan extrañamente se parece á Roberto Dar- posada del tío Mateo; llevaba su escopeta al hombro, su pipa zac, y á quien hallo de nuevo comprando el bastón aue ha en la boca y sus lentes sobre la nariz. venido á parar á manos de Larsán? ¡Vaya un pájaro el hombre ese! -me dijo Pepe en voz Lo más, grave de todo es que el Sr. Darzac, en la hora baja. precisa en que se presentaba en Correos quien tanto se le- ¿Le ha interrogado usted? -le pregunté parece, tenía cátedra en la Sorbona, y no acudió á ella. Le- -Sí, pero no he conseguido nada... contesta con gruñidos, substituía uno de sus amigos. Interrogado sobre el empleo de se encoge de hombros y se va. Ocupa en el primer piso del aquel tiempo, contesta que estuvo paseándose en el bosque castillejo una amplia pieza que antiguamente servía de orade Boulogne. ¿Qué dice usted de ese profesor que se hace torio. Vive allí como un oso, no sale sino con su escopeta. substituir en su cátedra por un amigo suyo, mientras él está No es amable más que con las muchachas. So pretexto de paseándose? Finalmente, ha de saber usted que si confiesa vigilar estos contornos, suele salir de noche; pero sospecho el Sr. Darzac haber ido á pasearse por el bosque de Boulogne que es para acudir á citas galantes. La doncella de Matilde, en la mañana del 24, no puede decir el empleo de su tiempo Silvia, es su amiga. En este momento está muy enamorado en la noche del 24 al 25... A Larsán, que le pedía este infor- de la mujer del tío Mateo, el posadero; pero el tío Mateo me, le ha contestado tranquilamente que el empleo que tenía vigila estrechamente á su mujer, y me parece que el estar el á bien dar á su tiempo, en París, sólo á él le importaba... Al hombre verde más sombrío y más taciturna que de costumoir esto, Larsán ha jurado en voz alta que él sólo, sin ayuda bre es debido á la imposibilidad en que se halla de acercarse de nadie, sabría descubrir el empleo de dicho tiempo. Todo á la posadera. Es un buen mozo, bien cuidado, casi elegante... esto parece favorecer en cierto modo la hipótesis de Larsán; las mujeres de todos estos contornos se pirran por él. tanto más cuanto que de resultar cierto que estaba Darzac Después de haber pasado del castillejo, el cual se halla en en el Cuarto amarillo podría venir á corroborar la expli- la extremidad del ala izquierda, llegamos á la parte trasera cación del policía sobre cómo huyó el asesino: dejando el del castillo. Pepe, designándome una de las ventanas que Sr. Stangerson que se escapara, con objeto de evitar un tre- daban á las habitaciones de Matilde, me dijo: mendo escándalo. Por cierto que esta hipótesis, que creo- -Si hubiera usted pasado por aquí hace dos noches, á la falsa, es la que desvió á Larsán, lo cual me agradaría, de no una de la madrugada, hubiera visto á este su servidor encaestar comprometido un inocente... Ahora bien, ¿es falsa la ramado en lo alto de una escalera, disponiéndose á penetrar hipótesis de Larsán? ¡Eso es lo que hay que averiguar! en el castillo por esa ventana... -Acaso tenga razón Larsán- -exclamé yo interrumpiendo Al manifestar mi asombro acerca de aquella gimnasia nocá Pepe. ¿Está usted seguro de que sea inocente el Sr. Dar- turna, me pidió Pepe que examinara muy atentamente la zac? Tantas coincidencias me parecen muy sospechosas. disposición exterior del castillo, después de lo cual regresa- -Las coincidencias- -me contestó mi amigo- -son las peo- mos al cuerpo de la casa. res enemigas de la verdad. -Ahora- -dijo mi amigo- -tengo que hacerle visitar a us- ¿Qué dice hoy el juez de instrucción? ted el primer piso, ala derecha, donde vivo. Para que el lector comprenda bien la disposición de los lu- -El señor de Marquet vacila en acusar á Darzac sin tener para ello una prueba positiva. No sólo se pondría contra gares, le doy un plano del primer piso del ala derecha, plano él toda la opinión pública, sin contar la Sorbona, sino tam- dibujado por Rouletabille al siguiente día del extraordinario bién el Sr. Stangerson y su hija. Matilde adora á Darzac. fenómeno que el lector va á conocer en todos sus detalles. Pepe me hizo seña de que subiera detrás de él la escalera Por poco que haya visto al asesino, difícil sería hacerk creer al público que no reconoció á Darzac, de haber sido éste el monumental doble que, á la altura del primer piso, formaba agresor. Sin duda que había poca claridad en el Cuarto ama- meseta. Desde esa meseta se iba directamente al ala derecha rillo pero, después de todo, lo alumbraba una lamparilla, ó al ala izquierda del castillo por una galería que terminaba no lo olvide usted. En este estado se hallaba la situación, allí. La galería, alta y ancha, se extendía por toda la longiamigo mío, cuando, hace tres días, ó mejor dicho, tres noches, tud del edificio y recibía luz de la fachada del castillo, expuessobrevino el asombroso acontecimiento de que antes hablé ta al Norte. Los cuartos, cuyas ventanas daban al Mediodía, tenían sus puertas sobre esa galería. El profesor Stangerson á usted.