Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. MIÉRCOLES i DE MAKZO DE 1910. EDICIÓN s. PAG. EL ALCALDE DE MADRID EN LA PROSPERIDAD EL SR FRANCOS RODRÍGUEZ (XYVISITANDO LA BARRIADA DE LA PROSPERIDAD ACOMPAÑADO Fot. Alonso DE UNA COMJSION DE VEC NOS posible! -le argumentaban. ¿Capea usted f temporal? ¡Entro! -respondió tercamente. -Pero si Te decimos á usted que es imposible... ¡Figúrese usted que es de todo punto imposible! ¡Eh! -gritó impaciente. -Yo llevo el coJtreo. Es preciso que entre! ¡Y entro! Esta vez no entró... Quien sabe si esa testarudez le hizo cometer alguna torpeza que ao ha pagado él solo... Por eso ye, cuando oigo hablar de esos Señores irascibles que mandan barcos y tienen cara de pocos amigo? y de k s cuales las gentes 1 ara hacer es uu elogk, dicen que i lobos de mar uie echo á leiublar. nietite, extrañan cióse para sus adentros de tan rara pregunta, aunque no tanto como de estas palabras que la siguieron: -Pues ven por aquí esta noche con tu capa y tu sombrero aliancho, á la hora en que dejamos el tresillo, y me acompañarás á una diligencia muy reservada. Te espero, y callar y andar. Serrano Selles cumplió el encargo, y, acá bado el juego é idos los que jugaban con el Cardenal (que era fullerillo, por cierto) éste dejó solo al médico un breve rato, y reapareció, pero ¡corno... i Parecía un terne de Sac Bernardo ó de la Macarena, y, á la verdad. Emilito se vio y se deseó para contener la risa ante espectáculo tan insólito domo el de un Cardenal de la Santa Romana Igleais JOSÉ JUAN CADENAS disfrazado con capa torera y sombrero flamenco. -Emilito, ¿que te parezco? -preguntó SIN PALO NI PIEDRA festivamente Fray Ceferino. Y a ñ a d i ó agriando el gesto: -Pues cosas como ésta e las felices ocurrencias de Fray Ceferino, Cardenal González, Arzobispo de D. TES 1 FONTE GALGUO, NUEVO DI- pasan en el mundo: como ésta y como la Sevilla, se podría escribir un libro tan abul- SECTOR GENERAL DE AGRICULTURA que vamos á ver de aquí á media hora. Callar y andemos. tado como la mayor de sus obras filosóficas. Fo Compañy Y, pasados unos corredoi s, bajada una Mo le pidieran que entendiese con cuidadoescalera de caracol, cruzado un patio coa sa atención en cosas de dinero, porque el tratar de ochavos le repugnaba, y así, deja- se percatase de ellas, ni aun de los males árboles y abierto y vuelto á cerrar por el ba hacer á los demás, encargándoles las que las habían hecho necesarias. Voy á re- médico, con la llave que le dio su acompaconciencias en cuanto á la buena adminis- ferir ligeramente una de aquellas justicias. ñado, el postigo de un gran portón, se entración; pero en lo t ante á la de justicia, Una tarde de invierno preguntó BVay Ce- contraron en la calle. Estaba la noche serena y tría. La clarísi siempre estaba ojo i ¿or sobre ella, y aun ferino á su joven médico y mi buen amigo tal cual vez, particularmente en el ramo de Serrano Selles, malogrado pocos años des- ma luna de Enero, celebrada en lefranes como aquel que dice: I uua, la de Enero, y honéstate clencorum, administrábala por sí, pués que su insigne cliente: ¡la chita callando, sin forma de pnrocediinien- -Emilito, ¿tienes tú sombrero de ala an- amor, el primero iba tan baja, que sólo inundaba en su blanca luz el tercio más alto ¡to, con lo cual dos ventajas solían lograrse: cha, de esos que usa la gente del bronce? que fuesen radicales las curas y que na lie Serrano Selles le respondió afirmativa- de las torres y ios tejados de tal cual edifi- D llHS IH li III; ITTH