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B C. SÁBADO 26 DE FEBRERO DE 1910. ED 1 C 1 CW s. 6 PAG, LA APERTURA DEL PARLAMENTO BRITÁNICO LLEGADA DEL CORTEJO REGIO A LA CÁMARA DE LOS COMUNES cantando... Muchos días no comen, peropaimotean, y cuando encuentran á un compatriota lo único que- solicitan es un pitillo... ¡Valiente París este! -exclaman. ¿Tiene usted un cigarrito, caballero... JOSÉ JUAN CADENAS DE NUESTRO CORRESPONSAL Fot. Trampus A B C ÜÑT SUIZA, E RES PUBLICA? Suponemos á l o s- -lectores conocedores de la organización política de la Confederación suiza y esto nos excusa de dar largas explicaciones á propósito del asunto que hoy atrajo nuestra atención. Los confederados quisieron hacer de su forma de gobierno una concepción superior y distinta de las que la tradición ó la historia dejaron en otros solares, y hay que confesar que lo consiguieron. Ninguna república encarna mejor que Suiza el régimen democrático; ninguna supo como ella desposeer el cargo presidencial del brillo mayestático, del relumbrón inútil, que siempre fueron causa de que la humana vanidad eclipsara talentos y propósitos: siempre ha ocurrido que el pavo real se contente con sus plumajes y olvide por ellos que es más bello cantar. El que ocupe el más alto cargo del Esta- D do sabe que su elevación dura un año tan sólo; que ni recepciones brillantes ni fiestas espléndidas acompañan su ascenso, y que, en cambio, después que más de una. tercera parte del pueblo ha ignorado hasta su nombre, pueden exigírsele responsabilidades. Si el ciudadano que ocupa ese puesto espera de él otro fruto que el noble placer de servir á sus hermanos, ¡con cuanta decepción volverá á su fila! Pero este régimen, como todo lo humano, tiene sus defectos. Una larga experiencia ha permitido que éstos se presentaran, y que el pueblo, enamorado de su creación, los viera. Uno de ellos, quizá el de más bulto, es el que surge de la corta duración del cargo presidencial. La más importante cuestión política de actualidad es la reorganización del llamado Dépattament pohtique. Aunque el problema no se ha presentado aún á la discusión parlamentaria, la opinión lo discute ya y se apasiona, concediéndole la importancia que tiene en realidad una reforma constitucional como la que se intenta. Dos son principalmente las tendencias reformadoras que parece han de triunfar, pues la mayor parte de los políticos están por el cambio, aunque teman decidirse por el carácter de la novedad; estas tendencias están representadas por el proyecto Blumer- Brüstlein y el proyecto Hirtert. El primero defiende una revisión constitucional al objeto de prolongar á tres años la duración del cargo de presidente de la Confederación. El principal argumento en pro de esta prolongación de funciones es el de que en la actualidad la política extranjera, á causa del continuo cambio de jefe, carece de unidad y continuidad, y se resiente, como consecuencia, de una debilidad considerable. En cambio, según el proyecto, con la permanencia de tres años al frente del Departamento político, el presidente encuentra campo para el mejor desarrollo de sus iniciativas, y las relaciones que carecían de unidad y fuerza se robustecerán En general, la simpLe prorroga no tsent adictos. El suizo ama mucho la organización actual, pues ve en ella un Gobierno impersonal, garantía y fórmula de un Estado radicalmente democrático; Se empeña en no ver que esa impersonalidad resulta en la práctica más formal que de fondo, y recibe mal lo que se oponga á conservar el statu quo. En oposición ai anterior, ma ue acaerdc con la opinión y más respetuoso con el actual estado de cosas, el proyecto Hirter va ganando terreno. Su posición en la política le ayuda mucho para que su idea atraiga prosélitos. Monsieur Hirter, presidente de la Comisión del Consejo Nacional para la