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ABC al hombre con el primer tiro que disparó, sin duda se vería libre de su herida... Pero es de creer que acudió demasiado tarde al revólver; pues, por efecto de la lucha, el primer tiro desvió, yendo la bala á incrustarse en el techo; sólo el segundo tiro alcanzó... Dicho esto, Darzac llamó á la puerta del pabellón. ¿He de decirle al lector mi impaciencia por penetrar en el sitio del crimen? A pesar de todo el interés que ofrecía la historia del hueso de carnero, estaba nervioso al ver que nuestra conversación se prolongaba y que no se abría la puerta del pabellón. Por fin se abrió. Un hombre, en el que reconocí al tío Santiago, estaba en el umbral. Me pareció tener los sesenta cumplidos. Larga barba blanca, pelo blanco, boina, terno de pana parda y zuecos; cara adusta, pero que se serenó al ver á Roberto Darzac. -Son amigos- -dijo sencillamente nuestro guía. ¿No hay nadie en él pabellón, tío Santiago? -Tengo orden de no dejar entrar á nadie, don Roberto; pero claro que esa orden no rige para usted... Y después de todo, ¿para qué? De sobra han visto cuanto había que ver esos señores de la; ¡justicia. Bastantes apuntes han tomado y bastante han escrito... -Usted dispense, Sr. Santiago, una pregunta ante todo- -dijo Pepe. -Diga usted, joven, y si puedo contestar á ella... ¿Su ama de usted tenía aquella noche el pelo alisado sobre las sienes? Ya sabe usted lo que quiero decir... 1. Cuarto amarillo con su única ventana, protegida por una- -No, caballerito. Nunca se ha peinado mi ama como usted jeja, y su única puerta dando al laboratorio. 2. Laboratorio con sus dos grandes ventanas, protegidas por dice, ni aquella noche ni los de nás días. Tenía, como de cosTejas, y sus puertas, dando: una al vestíbulo, otra al Cuarto tumbre, el pelo alzado, dejando ver su hermosa frente, pura Amarillo como la del niño recién nacido... 3. Vestíbulo con ventana sin reja y puerta de entrada danPepe gruñó y en seguida se puso á examinar la puerta. Se do al parque. dio cuenta del cierre automático. Notó que aquella puerta no 4. Cuarto de asco. podía quedar nunca abierta y que era mene ster una llave para 5. Escalera que conduce al desván. 6. Vasta y única chimenea del pabellón, para experimentos de abrirla. Después entramos en el vestíbulo, piececita bastante laboratorio. clara, con piso de baldosines encarnados. -Esta es- -dijo Pepe- -la ventana por donde se escapó eJ pierna de carnero según me ha dicho el Sr. Darzac. ¿Por asesino- ¡Sí, que digan, que digan lo que quieran, caballero! Pero, qué el Sr. de Marquet rodea de tanto misterio ese hueso de carnero? Sin duda para facilitar las pesquisas de los agentes de haberse escapado por ahí, ¡por fuerza que lo habríamos de Seguridad. Quizá imagina que va á ser descubierto el pro- visto! ¡No somos ciegos ni el Sr. Stangerson, ni yo, ni los pietario del tal hueso entre la canalla que, en París, acostum- porteros que han sido encarcelados! ¿Por qué, entonces, no bra á emplear tal arma, la más terrible de cuantas inventó la encarcelarme á mí también, por haberse hallado allí mi renaturaleza... Y, además, ¿sabe alguien lo que puede ocurrír- vólver? Ya había Pepe abierto la ventana y examinado las contra 5, ele á una sesera de juez de instrucción? -añadió Pepe con ventanas. despectiva ironía. ¿Estaban cerradas en el momento del crimen J Interrogué: -Con aldabilla de hierro, por dentro- -contestó el tío San- ¿De modo que ha sido hallado un hueso de pierna de tiago... -y estoy seguro de que el asesino ha pasado á través carnero en el cuarto amarillo? -Sí, oeñor, á los pies de la cama- -contestó Roberto; -pero de ellas... ¿Hay manchas de sangre? por favor, no lo diga usted á nadie; el Sr. de Marquet nos ha- -Sí, ahí, mire usted, sobre la piedra, fuera... Pero ¿sanpedido que guardemos secreto. Es un enorme hueso de pierna de carnero, cuya cabeza, ó, mejor dicho, cViya articulación es- gre de qué... -Se ven pasos... -exclamó Pepe. -Ahí, sobre el camino... taba aún enrojecida por la sangre de la tremenda herida efectuada por él en la sien. Es un hueso viejo, con el cual se ha la tierra estaba muy húmeda... luego examinaremos eso... -Tonterías- -interrumpió el tío Santiago... ¡El asesino debido de perpetrar ya algunos crímenes según las apariencias. Tal es la opinión del Sr. de Marquet, quien lo ha enviado no ha pasado por ahí! ¿Por dónde, entonces... á París, al laboratorio municipal, para ser analizado. Cree, en- ¡Yo qué sé. v. efecto, haber observado en ese hueso, no sólo la sangre rePepe lo veía todo, lo olía todo. Se arrodilló y examinó ráciente de la última víctima, sino también rastros rojizos que parecen ser manchas de sangre seca testimonios de crímenes pidamente los baldosines del vestíbulo, manchados de sangre. El tío Santiago proseguía: anteriores. -Le repito á usted que no encontrará nada, joven. Tam- -Un hueso de carnero, en auno 0 un- asesino ejercitado es un arma espantosa- -dijo Rouletabille -un arma más poco esos señores han encontrado nada... Y ahora, ya hay demasiada suciedad en esos sitios, por la mucha gente que aquí útil y más segura que un pesado martillo. -Bien lo ha probado el miserable -dijo dolorosamente ha enu ido... No quieren que lave el piso... pero el día del Roberto. -El hueso de carnero ha herido tei riblemente á la crimen había yo lavado bien todo esto, y si hubiera pasado señorita Stangerson en la frente. La articulación del hueso de por aquí el asesino con sus zapatones, de sobra que se hubiese carnero se adapta perfectamente á la herid 1. Para mí, dicha visto; ¡de sobra ha dejado señales de sus pezuñas en el cuarherida hubiera sido mortal de no haber sido detenido á me- to de la señorita... Pepe se enderezó y preguntó: dias el asesino, al dar el golpe, por el revólver de la señorita- ¿Cuándo ha lavado usted estos baldosines por última vez? Stangerson. Herido en la mano, soltó el hueso y huyó. Por desgracia, elg goipt ¿estaba aaen camino, y llegó... resultan- Al decir 1 esto miraba al lío Santiago con ojos penetrantíen camino, y llegó... g, después o haber estado á punto de simos. do casi mtiorín ser estrangulada. De habei conseguido dicha señorita herir- ¡Pues el mismo día del crimen, ya se lo he dicho á usted I- -Preciso es que sepa usted, amigo mío, que la instrucción está algo más adelantada de lo que tuvo á bien confiarnos el receloso Sr. de Marquet. No sólo sabe ya la instrucción que el revólver fue el arma que para defenderse empleó la señorita Stangerson, sino que conoce, y la conoció en seguida, el arma que sirvió para atacar y herir á dicha señorita: un hueso de