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campo; lo mismo, y por idéntica razón, debe de ocurrir con Cuando llegamos á Epinay- sur- Orgc tuve que darle un, las dos del laboratorio. Puesto que el asesino se ha escapa- golpecito en el hombro para hacerle volver á la realidad. Ba do imagino que ha dado con una ventana sin reja, la cual jamos será la del vestíbulo, que da al parque, es decir, al interior de En el andén, el magistrado y el actuario nos saludaron, hala finca. No hay que ser brujo para adivinar semejante cosa... ciéndonos comprender así que deseaban perdernos de visra. -No niego- contestó el Sr. de Marquet; -pero lo que no Subieron rápidamente á un coche que les estaba esperando. ¿Cuánto tiempo es menester para ir desde aquí al casti podía, usted adivinar es que esa ventana del vestíbulo, que, en efecto, es la única que no está protegida por una reja, lo lio de Glandier? -preguntó Rouletabille á un empleado de la, está por sólidas contraventanas de hierro. Ahora bien, esas estación. -Hora y media; hora y tres cuartos sin darse mucha prisa. contraventanas de hierro han quedado cerradas en el interior Miró Rouletabille al cielo, y sin duda lé gustó, pues cogién- por su aldabilla de hierro, y, no obstante, tenemos la prueba de que el asesino ha salido del pabellón por esa misma venta- dome del brazo me dijo: ¡And indo... Necesito hacer ejercicio. na... Rastros de sangre en la pared, en el interior y sobre las contraventanas de hierro, y pasos sobre la tierra, pasos enteramente semejantes á aquellos cuyas dimensiones he tomado yo én el cuarto amarillo, -atestiguan que por allí salió el asesino. Pero, en ese caso, ¿de qué medios se ha valido, puesto que las contraventanas de hierro han quedado cerradas por dentro Ha pasado como una sombra á través de esas contraventanas Finalmente, lo que más trastorna la razón, ¿no es el haber encontrado rastro del asesino en el momento de huir del pabellón, siendo así que es imposible imaginar cómo pudo salir del cuarto amarillo ni cómo atravesó por fuerza, el laboratorio para llegar hasta el vestíbulo? Crea usted, Sr. Rouletabille, que este asunto es en verdad pasmoso... Es un asunto como hay pocos, y espero que ha de pasar mucho tiempo antes de que se dé con la explicación. ¿Qué es lo que espera usted, señor juez... El Sr. de Marquet rectificó: -No lo espero... Lo creo... -Así pues, ¿alguien cerró la ventana por dentro después de la huida del asesino? -preguntó Rouletabille. ¡Pues claro! Esto es lo que, por ahora, me parece natural, aunque inexplicable... pues sería menester un cómplice ó cómplices... y no los veo... Después de un silencio, añadió: ¡Si estuviera hqy la Srta. Stangerson en estado de ser interrogada... Rouletabille, entregado por completo á sus pensamientos, preguntó: ¿Y el desván? Debe de haber una abertura en el desván... -Sí; no la había yo contado, en efecto; así resultan seis aberturas; allá arriba hay una ventanita, y como da al exterior de la propiedad, el Sr. Stangerson le ha hecho poner una reja. Bien; pues tanto en esa ventana como en las de la planta baja, los barrotes han quedado intactos, y las contraventanas, que, naturalmente, se abren por dentro, han quedado cerradas por dentro. Además, nada hemos descubierto que pueda hacernos sospechar que el asesino haya estado en el desván. ¿De manera que para usted, señor juez de instrucción. I está fuera de duda que el asesino ha huido, sin que se sepa cómo, por la ventana del vestíbulo? ¿Va usted viendo claro? -le pregunté. -Todo lo prueba... -No del todo; es más, la cosa se complica. Verdad es que- -También creo lo mismo- -asintió gravemente Rouleta- tengo una idea. bille. -Dígala. Hubo un silencio, y prosiguió el repórter: -No; por ahora no puedo decir nada... Mi idea es cues- -Si no ha encontrado usted rastro alguno del asesino en el tión de vida ó muerte para dos personas cuando menos desván, como, por ejemplo, esos pasos negruzcos que se no- ¿Cree usted en cómplices? tan en el entarimado del cuarto amarillo, debe usted supo- -Ñoner que no es él quien ha robado el revólver del tío Santiago. Guardamos silencio durante un momento y luego 2; rosi- -En el desván no hay más rastros que los del tío Santia- guió: go- -dijo el juez alzando la cabeza de modo significativo... -Gran suerte ha sido el hallar á ese juez y á su actuario. Y se decidió á completar su pensamiento: ¿Qué le decía yo á usted de lo del revólver... -El tío- Santiago estaba en compañía del Sr. Stangerson... Andaba con la frente inclinada hacia la carretera, metidas felizmente para él... las manos en los bolsillos y silboteando. Al cabo de unos mi- -Entonces, ¿cómo explicar el papel desempeñado en el nutos le oí murmurar: drama por el revólver del tío Santiago? Porque parece bien- ¡Pobre mujer... demosf ado que ese arma hirió, no á la joven, sino al ase- ¿Es á la Srta. Stangerson á quien compadece usted? sino... -Sí; es una nobilísima mujer y muy digna de compasión. Sin contestar á esta pregunta, que sin duda le embarazaba, Es un carácter, un gran carácter... Supongo... Supongo... el Sr. de Marquet nos dijo que las dos balas habían sido en- -Por lo visco, ¿usted conoce á la Srta. Stangerson... contradas en el cuarto amarillo; una, en una pared, la pared- ¿Yo? no... Sólo una vez la he visto... en que se veía la mano roja, una mano roja de hombre, y la- ¿Por qué dice usted: es un gran carácter? otra en el techo. -Porque supo hacer frente al asesino porque se defendió- Hola, hola, en el techo! -repitió á media voz Rouleta- con valor, y sobre todo, sobre todo, por la bala en el techo bille... ¡En el techo! ¡Eso sí que es curioso, en el te ho... Miré á Rouletabille, preguntándome in petto si no sa Se puso á fumar en silencio, envolviéndose en humo. burlaba completamente de mí ó si no se había vuelto loco de