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Cuando el redactor jefe estuvo en posesión del ansiado pie íay personas contra quienes no sirven los razonamientos, por y comprendió á consecuencia de qué inteligentes deducciones lógicos que sean... Hete, pues, á Rouletabille en mi w u iu cu la mañana del 20 mbía conseguido descubrirlo un niño, sintió por igual admiración por la astucia policíaca que denotaba aquel cerebro de de Octubre de 1892. Estaba más colorado que de costumbre; diez y seis años y alegría por poder exhibir en su periódico parecía como que iban á saltársele los ojos, cual suele decirse, y parecía presa de vivísima agitación. Con mano febril el pie izquierdo de la calle Oberkampf Luego que hubo entregado el siniestro paquete al médico blandía el Matin. Me gritó: ¿Ha leído usted el famoso suceso, querido Sainclair... r agregado á la redacción de l Epoque, preguntó al que pronto- ¿El crimen de Glandier? iba á ser Rouletabille qué deseaba ganar en calidad de repórter- -Sí; ¡el Cuarto amarillo! ¿Cuál es su opinión? de sucesos -Pues la de que, si no el diablo, el Animalito de Dios es- -Doscientos francos mensuales- -contestó modestamente el que ha cometido el crimen. el joven, atónito ante semejante proposición. -Vaya, hablemos en serio- -Pues le daremos á usted doscientos cincuenta- -contestó- -Bueno; pues le diré á usted que no creo en los asesinos el redactor jefe; -sólo que habrá usted de decir á todo el mundo que hace ya un mes que forma parte de la redacción. que huyen al través de las paredes. Para mí el tío Santiago ha Que quede bien entendido que no es usted quien ha descu- estado mal inspirado al dejar á la vistagel arma del crimen, y bierto el pie izquierdo de la calle Oberkampf no usted, como vive por encima del cuarto de la? Srta. Stangerson, las sino el diario PEpoque. Aquí, amiguito mío, el individuo nada investigaciones á que hoy mismo va á procederrel juez de instrucción nos darán la clave del enigma; no tardaremos en significa; el periódico es el único que cuenta... natural qué pu rta eereta ha Dicho esto, pidió al nuevo redactor que se retirara. No obs- saber por qué trampilladeslizarseó por volver fenediatamente hombre para tante, retuvo al joven en el momento en que iba á salir, para podido el buen al lado del Sr. Stangerson, quien no se habrá al laboratorio, preguntarle su apellido. El otro contestó: dado cuenta de nada. ¿Qué quiere usted que le diga? Esto no- -José Josefino. es más que una hipótesis. -Eso no es un apellido- -observó el redactor jefe; -pero, Rouletabille se sentó en una butaca, encendió su pipa, de la puesto que usted no ha de firmar, ninguna importancia tiene que nunca se separaba; fumó en silencio durante un momento el que usted se llame así... En seguida se granjeó muchas amistades el redactor imber- mientras se calmaba un poco aquella fiebre que visiblemente be, pues era servicial y estaba dotado de un buen humor que le dominaba, y luego me respondió: ¡Joven! -dijo con tono cuya mordaz ironía no tratare alegraba hasta á los más adustos y desarmaba á los más celosos. En el Café de la Audiencia, en donde los reporters de su- de expresar, -joven... Es usted abogado y no dudo de su tacesos se reunían entonces antes de subir al Juzgado ó á la lento para hacer absolver á los culpables; mas si algún día Prefectura de Policía en busca del crimen diario, comenzó llega usted á ser juez instructor, ¡cuan fácil le será haá adquirir reputación de vivo que no tardó en llegar hasta cer condenar á los inocentes... ¡Vaya un olfato que tiene uslos oídos del mismísimo jefe de Seguridad. Cuando un asunto ted, joven! valía la pena y Ruedelabola- -pues ya era conocido con este Fumó con energía y añadió: -No se dará con trampilla alguna y el misterio de remoquete- -era lanzado por su redactor jefe sobre la pista, ocurríale al joven dejar tamañitos á los inspectores más afa- Cuarto amarillo resultará más impenetrable cada vez. Por eso me interesa. Dice bien el juez de instrucción; jamás se mados. En el Café de la Audiencia le conocí más íntimamente. Abo- habrá visto cosa tan extraña como ese crimen... ¿Tiene usted alguna idea acerca del camino que haya pogados criminalistas y periodistas no son enemigos, por necesitar los primeros reclamo, y los segundos, informes. Habla- dido tomar el asesino para marcharse? -pregunté. -Ninguna, ninguna por ahora... Pero, respecto del revólmos y en seguida sentí gran simpatía hacia aquel valiente hombrecillo. ¡Tan viva y original era su inteligencia! Ade- ver, tengo mi idea... El asesino no se ha servido de tal remás, en ningún otro he hallado pensamientos de la calidad de vólver. -Pues ¿quién lo ha utilizado? tos suyos. ...La Srta. Stangerson... Poco después quedé encargado de la crónica judicial del Cri du boulevard. Mi entrada en el periodismo debía es- lo- -No comprendo... Es más. no he comprendido nada de que usted me ha dicho... trechar los lazos de amistad que ya existían entre Rouletabille- -Rouletabille se encogió de hombros. y yo. Finalmente, habiéndosele ocurrido á mi nuevo amigo Nada le ha la idea de una correspondencia judicial que le hacían urniar en- ¿artículo del llamado á usted particularmente la atención el Matin? con un seudónimo en su diario l Epoque, tuve frecuentes oca- ...No; me resulta extraño cuanto dice... siones de suministrarle informes de Derecho necesitados- ¿Y la puerta cerrada con llave? por él. -Eso es lo único natural de todo el relato... Cerca de dos años transcurrieron así; cuanto mas aprendía- ¿De veras... ¿Y el cerrojo... yo á conocerle, más le quería, pues, bajo apariencias de alegre- ¿El cerrojo? extravagancia, ocultaba una seriedad notable para sus pocos- -El cerrojo corrido por dentro... ¡Pues no se rodeaba de años. Más de una vez me llamó la atención el que aquel joven, pocas precauciones la Srta. Stangerson! Para mí, es que sabía que Mbitualmente estaba alegre, hasta demasiado alegre, re- que alguien la amenazaba y se ponía en guardia, llegando hassultara de repente sumidp en tristeza profunda. Quise indapero sin decírselo á éste, gar el porqué de aquel cambio de humor, pero se echaba á ta tomar el revólver del tío Santiago, menos aún á su padre... sin duda para no asustar á nadie, y reir y no me contestaba. Un día me atreví á interrogarle so- Lo que la ocurrió... y bre sus padres, de quienes nunca decía una palabra, y dejó bido pelea, joven temía joven tenido se ha defendido; ha hahabiendo la la suerte de herir en la mi compañía, haciendo como que no entendía la pregunta. mano á su asesino; así se explica la impresión de la ancha En esto estalló como una bomba el famoso asunto del mano ensangrentada en la pared y en la puerta del hombre Cuarto amarillo que no sólo había de colocarle en el pri- que, casi á tientas, buscaba una salida para huir; mas no tiró mer puesto entre los reporters, sino que iba á convertirle en la joven lo bastante de prisa para evitar el golpe terrible que un polieía sin igual; doble cualidad que nadie extrañará ver la hirió en la sien. en la misma persona, dado que la Prensa cotidiana comenza- ¿De modo que, según ba ya á transformarse y á convertirse en lo que es hoy, poco sido producida por una balausted, la herida de la sien no ha de revólver? más, poco menos: en la gaceta del crimen. Acaso se quejen- -No lo dice el periódico lo creo de esto algunos individuos enemigos de todo cambio en todo que acabo de decirle que el y yo no lo creo; no la Srta. por lo revólver le sirvió á sentido; yo creo que debemos felicitarnos por esa transfor- gerson contra el asesino. Ahora, otra cosa: ¿cuál era el Stanarma mación, atendiendo á que jamás tendremos sobradas arma: del asesino? El golpe de la sien probaría que el asesino quiso públicas ó privadas contra el criminal. A esto contestan los acogotar á su víctima... después de tratar de estrangularla... descontenta dizos que, á fuerza de hablar de crímenes, la Debía saber el que habitaba el Prensa acaüa por inspirarlos. Pero, como todo el mundo sabe go, y ésta es, áasesino mío, en el desván razones portío Santiajuicio una de las que quiso ruBiins laimiü m