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MISTERIO preguntas hubiéramos querido hacer al tío Santiago (Santiago Luis Moustier) pero en aquel preciso momento venían á buscarlo de parte del juez qiie instruye la sumaria en la sala principal del castillo. Nos ha sido imposible penetrar en Glandier, y en cuanto al Robledal, está guardado por unos cuantos agentes de Policía que vigilan todos los caminos que pueden conducir al pabellón y quizá al descubrimiento del asesino. También hubiéramos querido interrogar á los porteros, pero están invisibles. Finalmente, hemos esperado en una posada, no lejos de la verja del castillo, la salida del señor de Marquct, juez de instrucción de Corbeíl. A las cinco y media asomaba con su actuario, y antes de que subiera á su coche pudimos hacerle la siguiente pregunta: ¿Puede usted, Sr. de Marquet, darnos algún informe acerca de este asunto, sin que se resienta la instrucción? -Es imposible- -nos contestó el Sr. de Marquet- -decir la menor cosa. Además, este asunto es el más extraño de cuantos he conocido. Cuanto más creemos estar enterados de algo, menos sabemos. Pedimos al Sr. de Marquet que tuviera á bien aclararnos estas últimas palabras, y he aquí lo que nos ha dicho, sin que pueda ocultarse á nadie la importancia de tales palabras -Si nada viene á añadirse á las comprobaciones materiales efectuadas hoy por el Juzgado, temo que no esté á punto de aclararse el misterio que envuelve el abominable atentado de que ha sido víctima la Srta. Stangerson; pero hay que esperar, por la razón humana que el examen de las paredes, del techo y del pavimento del cuarto amarillo, examen que he de comenzar desde mañana en compañía del maestro de obras que construyó el pabellón hace cuatro años, nos suministrará la prueba de que no hay que desesperar nunca de la lógica de las cosas. El problema es el siguiente: sabemos por dónde ha penetrado el asesino; entró por la puerta y se ocultó bajo la cama en espera de la Srta. Stangerson; pero ¿poi dónde salió? ¿Cómo pudo huir? Si no damos con- trampilla, ni con puerta secreta, ni con escondrijo, ni con abertura de ninguna clase; si el examen de las paredes y hasta su derribo, pues el Sr. Stangerson está decidido á acudir á tales extremos; si todo eso no nos descubre un sitio por donde no sólo tin hombre, sino un ser, cualquiera que sea pueda entrar y salir; si no tieneagujero el techo, si el piso no oculta ningún subterráneo, preciso será creer en el lemonio. cerno dice ei tío Santiago. El redactor anónimo hace observar en dicho artículo, artículo escogido por mí por. parecerme que era el más interesante de cuantos fueron publicados aquel día sobre el mismo asunto, que el juez de instrucción parecía pronunciar intencionadamente esta última frase: Preciso será creer en el demonio, como dice el tío Santiago. El artículo terminaba con estas palabras: Hemos querido saber qué entendía el tío Santiago por el clamor del Animalito de Dios El dueño de la posada del Castillejo nos ha explicado que dan por allí ese nombre á un clamor particularmente siniestro que, á veces, por la noche, lanza el, gato de una vieja, la tía Arrodillada como la llaman en aquellos contornos. La tía Arrodillada es una especie de santa que vive en una choza, en lo más espeso de la selva, no lejos de la Gruta de Santa Genoveva El Cuarto amarillo, el Animalito de Dios, la tía Arrodillada, el demonio, Santa Genoveva, el tío Santiago... vaya un crimen embrollado de veras, cuyo misterio nos será descubierto mañana por el pico de un albañil; esperémoslo, siquiera por la razón humana como dice el juez de instrucción. Mientras tanto, créese que la Srta. Stangerson, que no ha cesado de delirar y que no pronuncia claramente más que esta palabra: ¡Asesino, asesino, asesino... no pasará la noche Finalmente, á última hora, el mismo diario anunciaba que el jefe de Seguridad había telegrafiado al famoso inspector Federico Larsan, enviado á Londres para un asunto de títulos de renta robados, que regresara inmediatamente á París. II EN DONDE POR PRIMERA VEZ APARECE TOSE ROULETABILLE 15 ecuerdo, cual si la cosa fuera de ayer, la entrada del joven Rouletabille en mi cuarto aquella mañana. Eran próximamente las ocho, y aun estaba acostado, leyendo el artículo del Matin referente al crimen de Glandier Pero, ante todo, ha llegado el momento de presentar á ustedes á mi amigo. Conocí á José Rometabille cuando sólo era un reportercillo. Por entonces comenzaba yo á ejercer la abogacía y con frecuencia me lo encontraba en los pasillos de los juzgados de instrucción cuando iba á solicitar permiso de comunicación con algún cliente mío detenido en una de las varias cárceles de París. Pepe tenía un aspecto simpático; su cabeza era redonda como una bola, y supongo yo que por esto le habían puesto sus compañeros de la Prensa aquel mote que había de quedarle y hacerle célebre: ¡Ruedelabola! ¿Has visto á Rouletabille? ¡Hombre, aquí está ese diablo de Rouletabille I -Con frecuencia estaba tan encarnado conío un tomate; á veces resultaba alegre como, un jilguero, y otras, su seriedad podía competir con la de un papa. ¿Cómo tan joven, pues sólo tenía diez y seis años y medio cuandd Ib vi por primera vez, cómo ganaba ya su vida en la Prensa? Esto es lo que hubieran podido preguntarse cuantos le iban conociendo, de no estar enterados de sus comienzos. Cuando el asunto de la mujer cortada en pedazos de la calle de Oberkampf- -otra historia mas que olvidada, -Pepe le había llevado al redactor jefe de l Epoque, diario que estaba entonces en competencia de informaciones con el Matin, el pie izquierdo que faltaba en la cesta en que fueron descubiertos los lúgubres pedazos. Aquel pie izquierdo, hacía ocho días que en vano lo estaba buscando la Policía, y el joven Rouletabille lo había encontrar do en una alcantarilla en donde á nadie se le había ocurrido buscar. Para llevar á cabo su intento tuvo que disfrazarse de pocero y escurrirse entre una cuadrilla de éstos, pedida con urgencia por el Municipio de París á consecuencia de daños efectuados por una excepcional crecida del Sena.