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A B C MARTES i5 DE FEBRERO DE 1910. EDICIÓN i. PAG. 6. Al levantarse el telón, la escena representa una terraza del palacio de Herodes, gobernador de Judea, en cuya residencia se pelebra una fiesta, viéndose desde la terraja el salón donde tiene lugar el festín. En jel fondo hay una cisterna cerrada con granpes rejas, que sirve de prisión al profeta ífuan Bautista, á quien Herodes no se ha atrevido á dar niu sxte. I,o s oficiales, soldados y pueblo contemplan de lejos á Salomé, que se halla aquella noche más herinosja que nunca. Úe pronto, del fondo de la cisterna sale la voz del profeta, y Salomé, que dejasonnente el festín, se detiene al oír á Ba itisía, turbándose visiblemente, presa de una gran inquietud. Sa oiné solicita del capitán Narraboth que saque al profeta oe su encierro, pues desea verle de cerca, á cuya petición ss niega rotundamente eí oficial, s ¡guteado las órdenes de Herodes; peio tanto suplica aquél a, que al in cele, siendo sacado el profeta cte su cárcel. Este, una vez en presencia de Salomé, que le contempla exíasiada, dice palabras despreciativas para aquella, reprochándola por su conducta; pero cuanto más enérgico se muestra Bautista, mas se exalta Salomé. Salomé trata de gauar la voluntad del profeta, pero éste se muestra insensible ante la actitud de eha. Narraboth, que presencia la escena y ama á Salomé, al ver en Bautista á un rival, se da la muerte, yendo a, caer á los pies de aquélla, la cual no lo advierte, pues sólo presta atención á los movimientos del profeta, quien, después de arrojar el último insulto á la cara de Salomé, se reintegra en su encierro. Salomé jura vengarse, quedando llena de cólera. Herodes, al final de esta escena, llama á la Princesa, la que acompañada de Heroflías, su madre, vuelve al festín, contando lo sucedido. Herodes teme á las predicciones del profeta, at mismo tiempo que l e inquieta el efecto que pueda producir en el pueblo la muerte de Narraboth, encontrándole bajo una presión de ánimo penosísi ma, cuando la voz del profeta e eja oír de nuevo. Herodías, indignada por las frases que lanza Bautista, quiere á toda costa que Herodes, su esposo, lo entregue a los jueces. Herodes despide á todo el mundo y solicita de Salome que baile para él solo; pero ésta se niega rotundamente. Insiste aquél amoroso y ofrece cumplir cuanto ella desee, yante esta promesa cede Salomé y baila la célebre danza de los velos, hasta caer de ¡xnayada á los pies del rey. Vuelta en sí, Salomé exige de Herodes que cumpla su promesa, y le pide la cabeza de Bautista en una bandeja de plata. Horrorizado aquél, tiaía de disuadirla; mas ella Insiste con tal vehemencia, que no haila otro remedioTtue sacrificar al profeta, entiegando su cabeza a Salomé, la cual, loca de alegría, se precipita sobre los ejecutores para saciar mejor su venganza. Cumphaa la sentencia se entrega la bandeja con la cabeza de San Juan a Salomé, t ¡ue, ebria de gozo, b; sa la cabeza del proDurante esta escena retrocede Herodes, dando orden á los soldados de que maten á Salomé, en castigo de sus perversos instintos. simbolizan los barbaros tiempos en que se desarrolla la acción del drama de Wilde. El maestro Giannetti ha realizado concertando la obra una admirable labor que no por desarrollarse en la obscuridad mere ce permanecer en el silencio, llevando á cabo una serie larga de ensayos parciales con los artistas señora Petri y los señores Scampim, Cigada, Serna, etc. Para mayar seguridad de la representación, el maestro Gianneti se propone permanecer en la concha del apuntador, llevando la dirección de los cantantes, sin perjuicio de la que desde el sitio del director lleve. el maestro Rabí. Todos estos detiUes internos del estreno de Sahme bien merecen ser conocidos del púbiico, ya que se trata de una ópera de excepcional importancia. Antes de Salomé, y para completar al espectáculo, se tocarán algunas piezas de concierto del maestro Strauss, comenzando la parte de ópera á las diez y media de ¡a noche. -El reparto es el siguiente: Herodes, Scatnpim, Herodías, señora Petri; Salomé, Belhnciom; Jokanaan, Cigada; Narrdbota, Serna; El paje de Herodías, señosita García Conde; Soldado primero, Verdaguer; Soldado segundo, Fúster; Uno de Capadocia, Del Pozo; Nazareno primero, Masmi Pieralli; Nazareno segundo, Cabello; Hebreos. Ohver, Tanci, Fugasot, Gras y Dotti; Un esclavo, señorita Raúl. puestos, y enlazando este aspecto de la conducta del Gobierno con el decreto de disolución, acerca del cuíl ya había conferenciado con S. M. y con mis compañeros. Terminé mi discurso haciendo consideraciones, singularmente acerca del llamado prob ema religioso, y á la ve ¿marcando el programa dtl Gobierno y el método á que su realización habrá de ajustarse. Asíenloque afecta a las atribuciones gubernativas cotno en lo concerniente á proyectos de ley, podré haber cometido errores en la exposición, pero mis aiirina ciones han sido ísn categóricas y claras que no dejarán lugar a duda, aNada tan peligroso para un gobernante como el equívoco en bi? s lelaciones con el Poder Real, cotí los ministros y con la opimótr. Por mi parte, he ht í io de perífrasis y artificios retóricos, CtiíJandd sólo de expo- ner con exactitud y firmeza las ideas y propósitos que informan el programa y norma de conducta del Gobierno. EL PRESIDENTE INFORMACIÓN POLÍTICA CONSEJO EN PALACIO T os horas largas permanecieron ayer en Palacio los ministros. El Consejo con el Rey comenzó á las once y terminó después de la una. Todo este tiempo, aparte los minutos que Su Majestad empleó en firmar, lo invirtió el jefe del Gobierno en su discurso. Examinó en él el Sr. Canalejas la crisisúltima, derivándola de la que promovió 1 Gobierno liberal cuando quiso disolver las anteriores Cortes liberales. Precisó luego con datos y documentos la intervención de todas las personalidades y elementos políticos en aquel momento, y más recientemente en la caída de los conservadores, para fijarse iuego en qué forma y condiciones fue el Poder á manos del señor Moret, así como por qué causas, no sólo legítimas y honrosas, sino plausibles y hasta caballerescas, adoptó el Rey ahora la resolución que adoptó, bajo la propia responsabilidad y con el solo error, que siempre pepito- -decía el presidente, -de juzgar por extremo bondadosamente mi persona. En seguida- -añadía ante los periodistas el Sr. Canalejas- -he referido al Rey los motivos que para elegir á cada uno de los ministros tuve, ya que se dignó otorgarme absoluta ¡libertad para tal designación, y todos ellos saben adonde voy, como lo supo S. M. en el acto de encargarme de formar Gobierno. Con temor de que pareciera jactancioso si bien lo creía indispensable, recordé á Su Majestad las afirmaciones capitales que he hecho sobre todos los problemas que afectan á la gobernación del Estado, comproA noche se verificó el ensayo general de misos que ni por un momento he vacilado esta obra. en rectificar, y puntualicé ante el Rey y mis Para ella ha pintado Amalio Fernández compañeros el procedimiento y el compás una espléndida decoración. de la cuestión electoral. Todo el piso del escenario está cubierto 2 Y como sobre las económicas y financieen la representación de Salomé por un aa ras no he tenido anteriormente ocasión, cliísinio tapiz, sobre el cual baila la tiple. aunque fui ministro de Hacienda, de afirLos accesorios, armas, muebles, etc. es- mar y determinar mi criterio, hoy lo he hetán terminados, y han sido confeccionados cho ante el Rey y los ministros, indicando con arreglo á los más escrupulosos y fieles las orientaciones que habrán de ser tenidas modelos, habiendo profusión de objetos que en cuenta en el próximo proyecto de presu- A demás de asistir á la peanión del I- nshtu to de Reformas Sociales, de que en otro lugar damos cuenta, el presidente del Consejo de ministros visitó ayer la prisión celular, el Hospital de la Princesa y el cuartel del Conde Duque. Estas visitas, según manifestó anoche á uno de nuestros compañeros, obedecen á su deseo de hallarse en contacto, no sólo con la opinión, sino con los diversos centros y dependencias oficiales, para conocer de cerca sus necesidades y encontrar modo hábil de poner remedio á las deficiencias que pudiera notar. En la Cárcel Modelo, asi como en el Hospital de la Princesa, fue recibido por los directores de dichos establecimientos, en cuya compañía recorrió los respectivo locales, enterándose minuciosamente de su organización y funcionamiento. En el cuartel del Conde Duque preguntó por el oficial de guardia, y éste, que, comoes natural, no esperaba tal visita, se sorprendió grandemente al- saber ue se trataba del presidente del Consejo. i El Sr. Canalejas, en unión del citado oficial, estuvo en el cuarto de banderas y en los dormitorios del cuartel, informándose de algunos pormenores relatiyos á la vida del soldado. Manifestó su impresión de que el edificio, por sus condiciones, y especialmente por su ya venerable antigüedad, adolecía de algunos defectos que no le hacen muy apto para atender á las necesidades modernas. Piensa el Sr. Canalejas en días sucesivos visitar el Ayuntamiento, la Diputación provincial, algunas fábricas, talleres, cuarteles, asilos, hospitales, aquellos centros, en suma, en que se desenvuelve la vida social, en sus diversas manifestaciones, para proseguir su estudio y sentir directamente las palpitaciones de la opinión, factor éste que en todo momento debe ser conocido por el jefe de un Gobierno. ¿Y del supuesto cambio de actitud del Sr. Moret para con el Gabinete actual? -preguntó nuestro compañero. -Aun no sé nada- -contestó; -no conozce más qae referencias, pero desde luego he de expresar mi satisfacción por ello, si eso es; cierto. Mi deseo- -añadió- -es que la paz reine de ntro del campo liberal, y estimo que en aras de la concordia y de la buena armonía debe sacrificarse todo; por ello no sólo no me opondré, sino que fomentaré h donde pueda esas corrientes óe inteligeo eia, que considero plausibles. s Hasta hora muy avanzada de la noche permaneció el Sr. Canalejas en la dencia Allí rec Mó á bastantes eomisionesjlejiáí mnmimiiumnniimuniniin