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A B C SÁBADO 12 DE FEBRERO DE 1910. ÜEDICION i. PAG. 6. ro, en euyo caso ya sé lo que tengo que hacer. Me parece bien que los republicanos liagan comentarios sobre la crisis, pues estiman que ése es su deber y tienen sus tiendas instaladas en frente de las nuestras; pero es inexplicable que los hagan algunos g ernentos monárquicos que saben de la- rlsis tanto ó más que yo. Podría contestar á. ciertas insinuaciones malévolas con notas ficiosas, pero no estoy dispuesto á hacerles 1 juego. fin la Cámara es donde daré explicaciones acerca de la crisis. No ocultaré un solo dato, para lo cual estoy autorizado por el Rey. Con los republicanos llegare nasta donde quieran, á la lucha cuerpo á cuerpo si es necesario. No provoco á nadie, pero estoy resuelto á mantener mis derechos. El Rsy, como siempre, se ha conducido con arreglo á la Constitución. Sigues circuiando toda clase de inínudios. i. Qae el Sr. García Prieto ha aceptado con disgusto la cartera de Estado y está dispuesto á abandonarla. Si divierten estas simplezas ¡vaya por Dios! 2.0 Que el general Weyler lia dimitido ó dimitirá pronto. Tampoco as esto cierto. He hablado con él estos tres días por teléfono y no me ha dicho nada que me pueda hacer creer, ni remotamente, que piensa abandonar la capitanía general de Barcelona. Las Cortes están muertas, y á mí ine toca autorizar su sepelio. l,o siento, porque duraron poco y porque soy partidario de que Jas Cortes duren mucho. No sé todavía quiénes son amigos y quiénes adversarios mías de entre los individuos que forman parte del partido liberal. Yo desearía no tener más que amigos. Por éstos es por q ai enes he sido siempre vencido hasta ahora, pero ni por ellos ni por nadie me dejaré vencer ahora, para ao dar alisto á mis adversarios. I, a convocatoria de las fortes requiere miuucioso estudio previo y la elaboración de un programa que será la base paxa ulteriores progresos. Quizá digan, si retraso las elecciones, que me parezco á otro; no me parezco más que á iní mismo. Teugo gran impaciencia por discutir en el Parlamento 3 a crisis, y espero que de la discusión resaltarán grandes y extrañas sorpresas. En cuanto á tinglados electorales, pueden ustedes estar convencidos de que ni me importan ni me han importado nunca. He confiado el ministerio de ia Gobernación al Sr. Merino, con quien he hablado á lo sumo tres ó cuatro veces desde hace cinco años. Al hacerlo he pagado una deuda de honor áe los sagastiuos. I o que de estas elecciones resulte será el futuro partido liberal; las urnas decidirán. Necesito contar con una mayoría disciplinada y numerosa y espero conseguirla, pues quiero dar ia batalla de frente á mis adversarios, en los comicios y, desde luego, anuncio que reprimiré cualquier violencia ó cohecho. ¿Qué relaciones tendré con los conservadores y con los republicanos? Me hago un agravio á mí niisxno al hacerme esta pregunta. Tendré con ellos relaciones meramente jurídieas. Todos saben que he sido republicano, y que he pertenecido al blsque de las izquierdas, pero no son estos nioti, vos suficientes para que permita ciertas violencias, ni para que facilite elementos de lucha á los republicanos. Esto sería una deslealtad. Que no me pidan componendas de pa ao oe comedor, pues no soy de los que ad 5 miten pactos de esa índole. f Dicen que no soy un hombre de Gobiergio. Sin embargo, tengo acreditado que poseo condiciones para ello. Cuaedo sólo contaba diez y siete años y explicaba una asignatura en la Universidad, demostré, con motivo de un alboroto que era capaz d- e imponer el imperio de ia ley; como presidente de la Cámara he sabido también imponer la ley á los republicanos. ¡Dentro del derecho, cuanto se quiera; I fuera de él, nada! iguales; este es nuestro plaa btuíalü democrático. Y sobre todo, una falta absoluta de respeto á toda clase de autoridad. ¿Veis ese niño caprichoso, que pega á 30. madre, que patalea y gruñe? Así somos todos los españoles. El iiitimo de losmajadeiosse pone ájuzgar al Gobierno ó á criticar las ideas de patria, de guerra, de humanidad, de todo; y el último de los jovencütos torna la pluma y se le antoja escribir que Calderón de la Barca era un necio, y queda taa contento, y nadie le dics nada, y en el Código no hay un capítulo yus prevenga coa la cárcel tales inconveniencias. Somos mal educados porqae- no tenemos. escuelas. I, a cuestión de ia enseñanza escolar es aquí ia cuestión magna No es que faltan escuelas, como se dict; faltan maestros. Falta un plan de enseñanza, pero de enseñanza españolo. De las escuelas de otros países salen los chicos disciplinados en un mismo sentimiento: el culto á ia patria, el respeto por la civilización y la patria. Salen con una fuerza que es e. poder del respeto y de la admiración. Nosotros creeaiGS que á los chicos les basta el teer, contar y conocer las leyes de la física. Pero esa sabiduría es la menos importaste, porque es la más fácil de adquirir; lo diííi il es adquirir las virtudes viriles, las virtudes fuertes de la ética. Nuestra enseñanza no es mala por- escasez de escuelas, da material y de otras zarandajas; es mala porque carecemos de maestros. Y I carecemos de maestros por carencia de plan. Por carencia de preocupación educativa. Porque nunca nos preocupamos bten de esa cuestión. Porque no teneai- os íuerza para preocuparnos. Y todo esto tiene su origen en la inmoralidad nacional, u la debilidad, en la pereza. Sobre todo, en la inmoralidad, ó sea en el pecado de negligencia JOSÉ f p L CULTO DE LOS ROES, DE LAS SONAS Y DE LA PATRIA Poco antes de que llegase á Madrid Üoa Belísario Rolden, algunos compañeros en letras me preguntaban: ¿Vale mucho, en efecto, ese orador argentino? Y yo les contestaba que me era tan desconocida como á el 1 os su oratoria. Pero los compañeros en letras insistían aún, con esa curiosidad casi morbosa de la gente del oficio: ¿Y tiene verdadero renombre en la Argentina? Sí, compañeros míos; D. Behsario Roldan es admirado, glorificado y querido en su patria. AquéLa es una patria joven, que sabe amar apasionadamente, como las mujeres mozas, cuanto sea brillante, glorioso, fuerte y distinguido. Navegaba yo por el r o Paraná, en compañía de dos cab l eros argentinos, y en cada escala que hacía el vapor buscábamos en seguida los periódicof. Mis compañeros leían los telegramas de branda con verdadero anhelo. ¿Qaá buscaban? Sencillamente, buscaban el relato del discurso de Roldan en Boulogne sur Mer, adonde había ido comisionado por la nación argentina. Y luego, en el transatlántico que me restituyó á Europa, trabé amistad con una bella y culta señorita porteña, y, hablando de mil cosas, hablamos de don Belisario Roldan, y aquella señorita no sabía cómo ponderar el talento y la gloria del orador, del orador nacional Si, ésta es la diferencia que nos separa á los españoles de nuestros hermanos ios argentinos: el poder de amar. Nosotros somos viejos, somos escéptícos, pesimistas, envi- diosos, irónicos y fríos; no sabemos amar á nuestros hombres; en tanto que aquellos hermanos jóvenes, de sus hombres culminantes hacen héroes á quienes encumbran y aman; sobre todo, aman. Tai vez sea ésta la virtud capital de los pueblos. L, a posee Francia, que mima á sus hombres y los presenta al mundo como tipos de imitación; la posee Inglaterra, que convierte á Shakespeare en la figura más alta de la historia literaria, aunque Tolstoi proteste; la m sma Italia posee esa virtud ponderativa y amadora. Nosotros, al revés, procuramos rebajar la estatura hasta a las figuras clásicas y sanciouadas: un día se nos ocurre decir que Cervantes era algo ñoño, ó que I, arra era adocenado. Contra el poder adorativo y amador de otros pueblos, nosotros oponemos nuestra tuerza, destructiva y avara. Somos iconoclastas. Y el muchacho que empieza la carrera de las letras sabe que tiene que buscarse el renombre metiéndose con alguien Si no muerde, si no dice alguna cosa tremenda contra alguna figura sancionada, nunca saldrá del olvido. J 3 s preciso pegar Así han comenzado su carrera muchos talentos coateinporáneos, que luego, cuando el renombre ha sido logrado, se han convertido en escritores prudentes, conservadores y respetuosos de las cosas nacionales. Y es, en suma, que formamos un país de mal educados. No tenemos disciplina, ni respeto, ni apenas poseemos el espíritu crítico, la noción de las categorías, el instinto de las distancias y de las diferencias. Todos SAiAVERRlA KJuestros queridos colegas La Mañana y Ejército y Armada publicas sentidos artículos que muy de veras estimamos. Bajo este título Lo que es A B C publica nuestro querido colega A B C unas líneas que le enaltecen- -diee La Mañana- -y enaltecen al propio tiempo al graa periodista, al caballeroso uca de Tena. El director de A B C no votó, efeetivaaienteycon el Sr. Maura ni con níi ía Gobierno conservador; votó, en cambio, varias leyes presentadas por Gobiernos liberales, y siendo senador liberal votó ea contra de la ley de Jurisdicciones que presentó á la aprobación de las Covfrf el r Moret. WZjércüoy Armada escribe: Una cartera le ha nido ofreciác. al señor Lúea de Tena, el cual, agradeciendo en el alma la distinción del Sr. Canalejas, le manifestó, con todos los re- spetos debidos, que él desea ser tan solamente periodista. Esto no obstante, desde los escaños del Congreso y desde las columnas óe cuantas importantes publicaciones dirige apoyará al actual Gobierno siempre y cuando la gestión de él sea en defensa de ia patria, y de la Monarquía. Ejército y Armada, en su modestia e insignificancia con respecto á A B C, sólo debe declarar que coincidió con él en el anuncio de un Gobierno presidido por el Sr. Canalejas, y que, como aquel diario, estará a. lado del actual Gobierno ínterin su gestión sea en defensa de la Patria y de la Monarquía. Necesario es que la Prensa aaofiarquicü se agrupe alrededor d e A B O y á e su ílus. tre, consecuente y caballeroso propietario y director. iwninn