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A fe C. JVUERCOLES 9 DE FEBRERO DE igio. PBDICION 1. PAG. 10. TRIBUNA UBRE REGALOS DE A B C ¿Es posible que existiendo anos y otros pueda un escribano dilatar ua día la duración de un pleito ó poner en él uri sola diligencia que no sea debida? Veámoslo, y procuremos ya, dando á cad. uno lo suyo, colocar al escribano en el lugs. i que se merece. Que el escribano arma pleitos, ¿dónde i cuándo? A su despacho llegan ya iormados. y en la mayoría de las ocasiones ni conoc á los litigantes. ¿Qué dilata su terminación y multiplica las diligencias? Basta saber que la justicia se administra á instancia de parte, que es. rogada, que nada puede acordarse sin previa solicitud y que el escribano nada puede ejecutar, ninguna diligencia practicar, sin previo mandato del juez, para echar por tierra tal absurdo. ¿Que, esto no obstante, ei necao ed qiu los pleitos se dilatan indefinidamente? ¿Que durante su sustanciación surgen infinidad de incidentes que alargan el procedimiento, complican el asunto y acaban con la paciencia y dinero de los litigantes? Ni esto es tan cierto como se cree, ni, si lo fuera, tendría en ello la menof responsabilidad el escribano. En el ministerio de Gracia y Justicia se halla un proyecto de aranceles hecho por los escribanos, en que éstos piden se les remunere, no por diligencias, sino por conceptos y con una parte proporcional dtl capital litigioso, con independencia de la duración del pleito y número y clase de lub actuaciones. ¿Que los derechos que los escribanos per ciben encarecen los pleitos? Más que cuantos argumentos pudiéramos emplear son convincentes los números; hace unos años, ocho ó nueve si no recordamos mal, se pidió por el ministerio de Gracia y Justicia un servicio estadístico á todos los Juzgados, consistente en un cuadro de las costas causadas en todos los asuntos tramitados durante cinco años y parte proporcional correspondiente á cada una de las personas que en ellos intervinieron; ese servicio se prestó, y en dicho Centro deben hallarse los cuadros; de ellos resulta, según tuvimos ocasión de ver y según nuestros informes, que los derechos de IQS escribanos alcanzaban á un 15 por 100 próximamente del coste de un litigio. ¿Es esto cato? ¿Saben ya los litigantes cuánto dinero, del que á ellos ¿es cuesta un pleito, va á poder del escribano que le tramita? Siendo, corno es, el escribano tal como le hemos descripto, y teniendo su función la importancia que su propia naturaleza le da, lógico era pensar que el Estado se preocupase de él y procurase mejorar su situación, concediéndole aquella consideración y prestigio á que es acreedor y remunerando sus servicios ea forma que le proporcionen un decoroso sustento. En busca de uno y otro, de que tan necesitado se halla, se ha aerdido varias veces á los Poderes púbíico s j? siempre en vano. Pedimos ciertas reformas en nuestra organización y que se nos concediese un pues to en la carrera judicial, porque entendía reos que siendo abogados, habiendo ganado nuestra plaza por oposición y habiendíf auxiliado al juez durante un cierto tiempo debíamos tener acreditada nuestra suficien- (cia mucho mejor que el abogado que ha es- íado dos ó más años pagando su contribu- ción, y no se nos hizo caso; pedimos, constituidos en Asamblea, que se nos dotase de un arancel que alejare de nosotros hasta la más leve sospecha de inmoralidad, y no sé nos atendió. Pero, en cambio, se crearon los tribunales industriales, y se nos impuso la obligación de asistir á ellos gratis; se dicta la ley de Emigración y se nos obligó á que gratuitamente expidiésemos las certificaciones necesarias; se dictó la ley de Justicia iuukiet I OS ESCRIBANOS Y LAS REFORMAS DE GRACIA Y JUSTICIA Haee ya bastanü; tiempo que al encargarse una nneva- jeisonalulaü del ministerio de Gracia y Justicia anuncióse como inevitable la reorganización de ¡a administración de ésta. Hasta ahora todo ello no ha pasado de anuncio, y no ha producido otro resultado que tal cual agitación en los organismos ó entidades que lian creído ver amenazados Bus intereses y la consiguiente intranquilidad de los funcionarios á quienes afecta, que se encuentran colocados ea la situación rara y anómala de no saber lo que van á Eer mañana. Ahora parece que va de veras lo primero, ó sea la realización de tales reformas, de las que ya dio la muestra el Real decreto de 10 del pasado, en cuyo preámbulo se anuncian solemnemente. I, a razón en que se apoyan y se han siempre las proyectadas reformas en la administración de justicia es la necesidad de hacer ésta breve y barata en vez de lenta y cara como hoy es, y ahora agregamos que para la generalidad la justicia es cara porque es lenta, y es lenta porque asi la hace el escribano, únicamente el escribano de actuaciones, como si fuera la única persona que interviene en los pleitos; de aquí que se haya pretendido buscar el remedio, ó poniendo á sueldo al escribano ó, como ahora se anuncia, reduciendo á la mitad sus derechos de arancel. Ya aquí se nota la primera anomalía ea éste modo de pensar. ¿Cómo, si la intervención del escribano en los pleitos es tal y tan decisiva que puede acelerar ó retrasar su terminación, os atrevéis á privarle de los rendimientos de su trabajo ó proporcionárselos en cantidad tan exigua que no sean suficientes para su decoroso sustento? ¿No veis que le dais ocasión á que use de ese poder que le concedéis de un modo ilícito, buscando compensación á lo que le quitáis? Porque, no darle vueltas, el escribano es hombre, y no hay derecho á pedirle ni heroicidades ni virtudes exclusivas de los que lograron la categoría de santos. Así lo reconocía el excelentísimo señor rnijiistro de Gracia y Justicia ea el preámbulo del Real decreto aprobando los Aranceles vigentes, al apoyar la reforma, entre otras znuy substanciosas razones, en la necesidad... de hacer posible el decoro de estos funcionarios (auxiliares de la administración de justicia) evitando por tal manera los pretextos con que á veces trata de encubrirse, ó puede cobijarse, la inmoralidad... Es decir, que el ministro coaiprendía, corno compiende cualquiera, lo peligroso que es conceder á una persona atribuciones sm remunerarle convenientemente sus servicios. Por esa tendencia natural en el hombre á personificarlo todo han encarnado en el escribano todos los defectos que desde muy antiguo ha podido haber en el enjuiciamiento. Píntase al escribano, en lo moral, como un ser de conciencia encallecida que, atentó sólo á sacar dinero, vive á expensas de las pobres viudas ó huérfanos, cuyas fortunas se evaporan entre sus manos, sin que ki conmueva su triste situación, enredándoles para ello en mil pleitos con sus innumerables y enrevesados incidentes, de los que no son capases de salir hasta que se hallan CüSDp 1 e ani Sute desplumados; poseedor de todas las tnquiñuelas y enredijos de las leyts, oslas se convienen en sus manos en blanda cera que moldea á su antojo y siem ¡a paia su propio y exclusivo provecho. ¿QU 1 EREU 8 TED GANAR UN RELOJ? TTodos los días, hasta el sábado 19 del mes corriente de Febrero, regalaremos un reloj á los lectores de A B C. Lps que deseen optar á este regalo deberán guardar diariamente Jos números de ABC. Se elegirá y señalará entre todos un ejemplar DE UN MODO ESPECIA! y el lector que lo posea será el agraciado con el reloj. Todos los días indicaremos en que consiste la señal hecha en el ejemplar, para que sea fácilmente encontrada. Además de la señal que se hará pública, el ejemplar premiado irá marcado con una contraseña que nos asegu de su autenticidad. El lector que no hubiese recogido antes del día i.o del mes de Marzo próxima el reloj ganado perderá el derecho al mismo. Se entregarán relojes de caballero ó de señora, á voluntad de los interesados. I a señal que se hará ea el número de iiia ñaña consistirá en añadir una ó más letras al título de un anuncio, para que resulte dicho título equivocado. 1 a señal hecha en un número de ayer, martes, fue agregar una letra á la palabra Urbanización, del título del anuncio Compañía Madrileña de Urbanización, publicado en la página 20, por cuyo motivo decía URBANIZACIÓN. El arma los pleitos, él los enreda, él los sostene y lia ce inacabables, y nada hace de balde, cobra hasta el saludo; por eso dijo íígaro en alguna de sus obras- que el diablo servía para escribano porque nada hace gratis. Y en lo físico es un tipo de cara enjuta y avellanada, envuelto en mugriento y raído levitón, con gafas á la frente, ojos y uñas de ave de rapiña, coronado por mugriento y deshilacliado gorro. Así, con corta diferencia, le hemos visto representado. I o q. ue. no se explica ya es que participen de esa manera de pensar los que no son ó no deben ser vulgo. Escrito en letras de molde hemos visto en más de una ocaswuj y suscripto por personas que ostentan el título de abogado, que la única causa de la duración de los pleitos son los aranceles judiciales. y lo que más nos ha llamado la atención es que con tra tal afirmación no se hayan levantado jueces, magistrados y abogados. n un llWimnimTlBIIIlTnrm i, n nnrnuirimmTM