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A B C. MARTES 8 DE FEBRERO DE 1910. EDICIÓN i PAG. 4. MR. EDMOND ROSTAND, EL FAMOSO LITERATO FRANCÉS EN SU DESPACHO Fot Ara s fóg internacionales, tan funestos para el porvenir de ambas partes como perniciosos para la moral universal. -Me interesa mucho este tema, señora, y fi no fuese por temor de fatigarla le pediría me citase algunos ejemplos, que no dudo atesora su feliz memoria. -Dios quiso conservarme esta iacultad, y Si con ella puedo hacer más agradable su visita, constele, amigo, que será con el mayor placer. -Gracias... -Ha citado usted el nombre de Ana Gould, tía de Majorie, de quien comprendo es uno de sus admiradores. Pues bien: casó, como todo el mundo sabe, con el conde Boni de Castellane, y su herencia de quince millones de dolían fue, en parte, dispendiada por el conde en francachelas y orgías con otras mujeres. Recibió ella por parte de su marido toda clase de insultos y golpes, hasta que al cabo de algún tiempo se divorcia ron. Ifl. conducta de Ana tampoco fue muy ejemplar, que digamos, y hoy es princesa de Sagán por segundo matrimonio. Consuelo Vanderbilt, con igual herencia, casó con el duque de Malborough, habiéndose separado de él porque le dio un trato de muerte y malgastó de una manera loca su fortuna Alice Heine, con 10 millones, dio su mano al príncipe de Monaco, quien la excluyó de las ceremonias de Estado y ambos consiguieron el divorcio, Casi- pobre y desventurada tuvo que divorciarse del príncipe- Colonna Eva Machay, otra heredera de 10 millones y abandonada en un foco de infección; después de menospreciarla y gastar sus ocho millones, obtuvo el divorció de Clara Ward su esposo el príncipe Caraman- Chimay. -Señora, esto es terrible. -Aguarde, amigo Kuickerbocker; esto es una muestra. -El duque de Manchesler se ílevó un pre mió de cinco millones con Consuelo Iznaga; mas á pesar de ser ésta muy bella, desertó el procer, arrastrado por los hechizos de una do todavía á la generalidad üe nuestra? herederas del afán de extranjerizarse y comprar su suicidio moral y su ruina en el desastroso mercado de los títulos. (Mi interlocutora pulsa un botón eléctrico y aparece un criado. -Oye, Max, ¿preparaste el té? -Si, mi señora; para cuando mi señora y el caballero deseen tomarlo. j- -AUrighi. ¿Vamos? -Vamos... KNICKERBOCKER Nueva York. Enero. EL AUTOR DE CHANTECLER chánteme. Igual pico desbarató el conde Festetics de Toina, habiendo dejado á su mujer, Ella Haggin, metida entre caníbales y sin un botón. Eleonor Patterson, otra heredera de cinco millones, fue abandonada por el conde Joseph Gzickyi, quien repetidamente, valiéndose de su hijo, la exigía grandes cantidades para jugarlas. El barón de Kaikett propinaba sendas palizas á Sara Stokcs, dueña de otros cinco millones de dolían, y luego se divorciaron. Elena Morton, ¡pobre Elena! no tuvo tiempo de ver disipada su fortuna de seis millones, pues insultada de una manera brutal por su marido, el duque de Valencay, inmediatamente después de su boda, se anuló ésta. Y por este tenor, amigo, podría citar otros más, condes, marqueses, duques, príncipes, que, entre el juego, las mujeres, el vino, la fastuosidad y la locura desenfrenada, han liquidado fortunas muy considerables, siendo lo peor del caso que todos estos ejemplos públicos y notorios no han desengaña- ABCEN VJENA ICHUOSS SEEBENSTEJN interesantísimo es el castillo cuyo nombre encabeza estas líneas. Por su situación, como por los tesoros que encierra, merece ser descripto y conocido. Haré, no obstante, antes un croquis de mi viaje, que ha de servir de marco al cua dro que me propongo pintaros. A pesar de la nieve que dasde hace algunos días el cielo nos está enviando, salí de Viena anteayer muy de mañana: á las inco. I a estación (cosa natural en estos países) estaba llena de un gentío. inmenso, casi todo de turistas que se disponían, no á escalar los picos inaccesibles cubiertos de nieve, como podríais figuraros, sino á ver quién se tragaba más vasos de cerveza, pues, por lo que vi, puedo afirmar que si mnimnmniir