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ABC. LUNES 7 DE FEBRERO DE 1910. EDICIÓN 1 PAG. SI Mirlo entera al Gallo de lo qae se pf e- v para contra él. -Por lo mismo que se quiere mi aiuerce, iré á la reunión de la Pintada. Así termina el acto. El público, entusiasmado. El éxito es enorme. El acto tercero ocurre en casa de la Pintada, adonde acuden galantemente invitados una brillante representación de gallos de todas las especies conocidas Un gallo altivo y p endenciero, un gallo de pelea, provoca á Chantecler, que acepta el desafío con bravucona altanería. Todos los gallos espectadores no disinm lan su contento ante la idea de que Chantecler, al que odian, lleve en la contienda la peor parte, condición muy humana. Pero á punto de entablarse la pelea estalla una tormenta, y el duelo se aplaza. Todos, un poco vacilantes y medrosos, si agrupan en torno de Chantecler, esperanzadas en que con su cauto volverá á salir el, sol vitorioso. El gallo de pelea intenta arteramente acometer á Chantecler, y al hacerlo suf re, la fractura de una pata, quedando fuera de combate Chantecler y la Paisana, abrazados, se alejan sonrientes y triunfantes. El acto cuarto es breve. La bella gallina de Guinea no acaba de creer que sea verdad que el canto de Chati ieder haga salir él sol y nacer el día. Cruel y coqueta, entretiene á su amada con lindos versos para distraerle, para atuidirle, para que no cante, en fin. Y Chantecler, embelesado, se ovida de can tar, adormecido en el regazo de su amada. Y mientras el dulce coloquio sigue, el nuevo día nace ¡Pero si yo no he cantado! -dice Chaatecler, Y, sin embargo, el sol ha salido... Luego el sol sale sin su permiso; no es él, Chantecler, quien con el poder maravilloso de su, canto regula la marcha del astro rey. Y la tristeza le mata, mientras la pobre gallina faraona llora inconsolable, nantecler ha sido, en conjunto, un fra- caso El primer acto pasó bien. Las estrofas maravillosas del himno al sol entusiasmaron realmente al público. El segundo acto, el mejor de la obra, gustó muchísimo. El tercero es una franca tontería, y el último, inconsistente y frío. El público ha sufrido una verdadera decepción. Charztecler no añadirá un átomo de gloria á la fama de dramaturgo y de poeta de Edmundo Rostand. g on la tirada de los periódieos ocurre lo contrario que con la edad de las señoras. Cuando una Empresa dice que tira tantos ó cuantos millares, piensa la gente: ya serán muchos menos Y he aquí por qué no queremos nosotros decir nada de nuestras tiradas, pues, ó no seríamos creídos al decir la verdad, ó tendríamos que faltar ésta, cosa que tampoco queremos. Pero como á los anunciantes les interesa saber á qué atenerse sobre la circulación de los periódicos en que se propongan anunciar, vamos á darles una sencilla receta para que por sí mismos puedan hacerse cargo decuál es el periódico que, por más leído, oírece ínayoi ventaja ai anunciante. Cuando en el tranvía suba, cuando por lis, calle pase, fíjese y observe qué periódico es el que se VQ en más menos; tómese la molestia de pieguntar en los quioscos y puestos de venta y á los vendedores ambulantes, cuál es el que más se vende, cuái es el que más pide el público. üar la impresión de verdad que el autor persigue... Las patas de una silla, por ejemplo, anden ocho metros de altura; una regadera, Lres metros, y un zapato viejo mide un rne ro... ¡Un verdadero barco! Estas originalidades nos sacan de quicio... íSntre tanto, Rostand, su señora y su hijo tío perdonan ocasión para hacerse el teclamo... Rostand habla á los periodistas de ¡os Sublimes versos que escribe su hijo, el joven (Mauricio, y éste publica poesías en la Ilustración dedicadas á su señora madre y dándola gracias por haberla echado al mundo con tanto talento... La señora de Rostand, por su partej contesta á todo esto con copiosos alejandrinos, advirtiendo al público que su marido, Edmundo, es un genio, que su hijo Mauricio es una lumbrera... ¿Ador ble familia! ¡Qué bien se lleva! ¡Cuánto se quieren! ¡Qué admiración tienen los unos por los otros! ¡La vida íntima en isa casa debe ser una delicia! Desde por la mañana hasta ppr la noche todo serán alabanzas, elogios, ditirambos... ¡Qsé geBiazo eres, Edmundo, y cuánto te adoro! -SiráRosemuada. ¡Quétalento tienes, Roieniunda, y cuánto te idolatro! -exclamará Edmundo. ¡Gracias, Dios mío! -murmurará el joven Mauricio. ¡Derramaste jhis dones sobre nuestra familia! -Y cuanño el padre y la madre y el hijo se sientan acariciados por el soplo invisible de la inspiración se hablarán en versos esculturales... ¡Oh! ¡Adorable familia! ¿Qué les falta? Nada Aun tío se ha es trenado Chanieder, y el autor ha percibido de ios empresarios medio millón á cuenta de Sos derechos que produzca la obra Todaivía no se sabe si la obra es buena ó mala, y ya le han comprado el derecho de edición del ejemplar por 950.000 francos. Pero es poco todo esto, y Rostand exige üoo. 000 francos á cada uno de los periódicos que han adelantado noticias sobre el argumento de la obra, y se ha apresurado á anunciar á todos los corresponsales extranjeros que perseguirá inexorablemente, exigiendo ante los Tribunales la misma suma, á cada uno de los que se atrevan á publicar el asunto de Chanuáer ó un fragmento cualquiera de la obra. Se alza el telón y aparece una aecoración maravillosa de corral. Luciano de Guitry, j el Gallo, entona un himno al sol. Todos los bichos del corral le rodean achirados y temerosos. De pronto se oye un tiro. Los bichos huyen asustados. Sólo el Gallo permanece valiente y orgulloso. Entra el Mirlo (Galipaux) y en una escena breve, pero muy interesante, le dice al Gallo que nosea confiado porqueleengañan y le odian. Cae bruscamente en el corral una Gallina de Guinea. Está muy bella y muy linda ésta, Simona De Bargy, con su traje de plumas tornasoladas y brillantes, andando á saltitos y moviendo coquetonamente la cabeza. La pobre Gallina cayó herida; le alcanzó el tiro del cazador que hace un momento oirnos. El Gallo la recoge, y como buen galán donjuanesco que sabe aprovechar la ocasión cuando la ocasión se presenta, le declara su amor en una inspirada tirada de versos que el público saborea con deleite. A pesar de las bellas estrofas, la Gallina se niega á corresponderle. Sabe que es voluble y mentiroso y que tiene en el corral un harén numeroso, Eres sin galio demasiado conocido- -le dice. El sol ha huido. Las sombras de la noche caen lentamente, y sobre las bardas del corral empiezan á posarse sombríos y fatídicos los pájaros nocturnos: los negros buhos, de ojos asustados; las cornejas, de retorcido pico; lechuzas y mochuelos. El efecto es sorprendente y asombroso. El Gallo, impasible, indiferente álos odios de los pajarracos, sigue enamorando á la Gallina, deslizando en su oído un verso y otro yerso, y una estrofa y otra estrofa, Y la pobrecita Gallina, aue comenzó despreciando al Gallo, al verle tan valiente, tan bello, tan poseído de sí mismo, tan dulcementerendido, tan galante y tan apasionado; al darse cuenta de que todos le odian y todos le acechan y todos le envidian, empieza á sospechar que debe de ser realmente algo superior, y siente que su corazón se va hacia él, mientras él, indiferente á todo, á los odios, á los pajarracos y á ía noche, sigue vertiendo Oí... Todo llega... Son las siete y media de dulcísimo en sus oídos, verso tras verso, el poema del amor. la soche y París entero se agolpa á las En el segundo acto aparecen reunidos los puertas del teatro. Ha habido que montar pájaros d la noche, que conspiran contra el un servicio de orden para regularizar la circulación de carruajes... ¡Dios mío! ¿Se estre- gallo, convencidos de que éste, con su cannará por fin? ¿No surgirá á última hora nin- to, despierta al sol todas las mañanas. El gún contratiempo? ¿Será posible que vea- sol sale porque el gallo le Ahora bien, muerto el gallo, el sol no salmos Chaníeder? Y para que os deis una ligera idea de la excitación que hoy reina en el drá jamás, y sobre la tierra reinará una no bulevar escribo rápidamente estas cuarti- che eterna, en la que ellos, los pájaros de la llas, que deposito en el telégrafo momentos noche, vivirán triunfantes. Para lograr el fin del complot es preciso antes de comenzar la representación, y corro á unirme á M. Snob y á ¡Mlle. Snobi- que el Callo vaya á la reunió a que da la Pintada. nette para presenciar el solemne acontecí Allí le esperara otro iíero gallo de pelea, miento... al que los conjurados pondrán espolones reforzados para mayor seguridad de éxito. PARÍS, 7, 3 m. El gallo hace el amor á la Paisana. Ella coquetea un poco y exige al enamoT ESPUES DELESTREJNO Termina la reKJ- -presentación á rado para corresponder á su amor que la relas dos de la madrugada. No hay tiempo vele su secreto. Mi secreto- -viene decir el Gallo- -conpara relatar la obra, Apenas para registtar siste en! a virtud qneáposeo para hacer que el éxito. Mis impresiones tienen que ser, salga el sol. Sin raí canto no aparecería el por tanto, rápidas, instantáneas. El teatro, brillante como nunca. El públi- astro rey y no habría luz en el mundo. -Sin sol, sm luz- -sigae diciendo en co, impaciente, nervioso, antes de la representación, como sobrecogido ante la tras- hermosos versos- -se acabaña toda n ei cendencia del espectáculo que va a pre- mundo, no habría vida. ¿Y qué pasa cuando amanece nublasenciar. v Suena íín timbre, se hace un silencio, y do? -pregunta la Faisana. CoqueUn, á telón corrido, recita el prólogo. -Es que ese día canto mal. Hoy cantaré És conciso y breve. Redúcese á anunciar al por tu amor y verás qué día más Isermoso público que va á ver y á oir á los animales nace. En efecto, al hermoso canto del gallo gahablar, amarse 3 odiarse, como las per láa, va apareciendo un día sereno y bello. gonas. ¿os pájaros de la noche no ceden por eso- 11,o s versos son 1 indos. EJ público losaplauTcle, y espera. y siguen tramando el horrenda complot. A LOS ANUNCIANTE