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A fi C. JUEVES 3 DE FEBRERO DE I 9 Í O EDICIÓN PAG. 4. SKIBO CASTLE EL MAGNIFICO PALACIO QUE EL ARCHIMILLONARIO YANQUI CARríEGGlE POSEE CERCA DEL PUEBLEC 1 TO DE DORNOCH ios... Hemos sentido frío, un ligero niales. tar... Sin embargo, era un asunto; pero lo rechazamos. Es demasiado triste, ¿verdad, Jector? Porque son vinos padres quienes han h e c h o eso... EL CASTILLO DE CARNEGG 1 E EN ESCOCIA DEL CENTRO DEL EJERCITO DE LA ARMADA Algunos- periódicos que reciben las impresiones del ministro de la uerra dan la nota oficiosa de que se ha aplazado la reapertura de esta Sociedad para alejar la suposición de que tal medida parezca impuesta por inflexible prescripción de la ley de Asociaciones. En verdad que esta exasperación del amor propio del ministro no se aviene con la serenidad de juicio que debe revestir el que se halla al frente dé los destinos del Ejército, ni se compadece con aquellas elementales consideraciones que merece una Corporación de dos mil jefes y oficiales. I os sucios del Centro Militar saben perfectamente que no pueden invocar para nada la ley de Asociaciones, que en su art. m dice terminantemente que de sus preceptos se hallan excluidos los Institutos que se rigeri por leyes especiales, en cuyo caso se encuentra el Ejército. Voluntariamente se colocó esta Sociedad al amparo de la jurisdicción militar, y no tuvo, en verdad, que arrepentirse mientras estuvieron al frente del ramo de guerra generales tan ilustres como Linares, Primo de Rivera, L. bño, Martitegui, Azcárraga y otros ministros que por encima de todo colocaban su acendrado amor al Ejército, evidenciado frecuentemente con actos de afecto y Sí, es el hambre; una miseria horrible que les ha hecho enloquecer... Sólo el hambre... v El cronista se empeña en reir, y el mundo nó le deja. Aunque no lo quiere y procure evitarte estos espectáculos de dolor, su oficio le obliga á aparecer ante ti como un llorón sempiterno que no coge la pluma si no te entristece. No es él, es la vida, de cuya contemplación es un forzado, y que agita á su oído el crótalo viejo que suena gastado, como esos esquilones rotos de las ermitas aldeanas; es la actuali dad, que viste frecuentemente el ropón gris, y hemos de verla, y verla es percibir sollozos de vez en vez. Cuando andamos á lo largo de un camino encontramos paisajes de sol que no más hablan de belleza y de vida, y un poco más allá nos sorprende una nube negra, y más lejos, luego, vemos el yermo, que sólo dice desnudeces y esterilidades. Élmajero mira, y si tiene el martirio de su corazón, ríe con los campos fértiles, teme bajo la tempestad y se entristece con la tristeza, la miseria ó la desolación... Son achaques de ver, efectos de sentir... ¡Qué hemos de hacer si la vida cía eso... PEDRO MARRADES ANDREW CARNEGGIE A LA PUERTA DE SKIBO CASTLE Fots. Argus