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A B C. MARTES i. DE FEBRERO DB 1910. EDICIÓN i. PAG. 6. Cartas ceadea cíales del rnlnisteo de España cu el imperio de China y reino de Siam, D. Manuel de Cárcer. Cartas credenciales del ministro de España en el imperio de China y remo de Siam, D. Luis Pastor. Varias cartas reales. de (Jnintana, ¿cómo habían de ser juzgados en el momento en que se produjeron con arreglo á una estricta medida crítica? Hubiera sido absurdo. Es más, el crítico que tal cosa hubiera realizado hubiera hecho una obra francamente antisocial, y elservicioque hubiera prestado á la verdad, á la verdad científica é mactual, hubiera sido pequeñí simo, insignificante, en comparación al otro servic. o, murtió maj or, mucho más tras cendental, que se prestaba divulgando, fomentaudo y enaltando, pragmática nenie, pro visionatmeníe, la obra del poeta ó del orador patriota. El conflicto h existido siempre. Y las sociedades no podi ian marchar, ni se po iría realizar ningún progreso socia! sin que en determinados momentos el espíritu de crítica cediera el lugar al instinto de vida. Aho ra, que como estos dos granoes factore- progreso (crítica é instinto vital) son lo o igualment indispensables para el cana i de las 00 ed t les, p isado el momento de 1 afirmación vital, desvanecidas las pasajf a circunstancias, transcurrido el tiempo. d es pin tu de crítica reacciona y ocupa su lugar, y entonces, sin daño social, se puede ha e el exame de la obra y poner de reliev s i nulidad como valor artístico, su pobrera ideuio 0 i. a. AZORSN 7- ¡1 CRST 1 CA Y DEBüR SOCIAL C e lia hablado mucho de la objetividad de la crítica; se recomienda ante todo al crítico que sea objetivo, impersonal. Pero la objetividad de la crítica es algo que no puede ser alcanzado en absoluto; por muy impersonal, por muy objetivo que sea el critico, por muy científica que sea su obra siempre habrá en ella un elemento de subjetivismo, un coeficiente irreduct b e de afectividad. Si la crítica es una obra de arte- -tai debe ser, -ya el mismo arte del autor es un elemento de subjetividad; es decii, que en la misma manera de presentar el asunto, en el modo de descomponer- -análisis- -y Qe componer y agrupar- -síntesis- -los elementos de la obra examinada se mostrara patente y claro el temperamento y la idiosincrasia del crítico. No hademos de otros factores más o menos directos y con Siderables que pueden iafmir en la subjetividad, mayor o menor, de la crítica; por ejemplo, las mismas ideas políticas y filosóficas del crítico, sus relaciones personales con el autor (de amistad ó enemisLao) el momento social en que la crítica se produce, etc. etc. De todos estos factores, tal vez el último- -momento social- -sea el más poderoso. Tal e que el só o puede invalidar la obra del cruico y bacer que la crítica, en vez de pura y rigurosa críuca, se convierta en una af ctiva y entusiasta apología. Entiendo por momento social una porción de circunstancias complejas y variadas. Algunas de estas circunstancias son, por ejemplo, el fin de la obra que se ha de criticar, su alcance social, la necesidad puramente momentánea, pero necesaria y fecunda, de que la obra se realice, ¡as energías que tal obra- -independientemente de su arta, de su valor artístico- -puede despeitar, la trascendencia que la tal obra puede tener para un pueblo y para su desenvolvimiento en relación con otros pueblos. En estos casos, ya la misión y el deber del crítico desaparece. Si el deber del crítico es, en principio, hacer una crítica imparcial y rigurosa de la obra, en estas circunstancias su deber sera otro. Entre el deber científico, digámoslo así- -que tal es el del críti co, -y el deber socia! este úlfimo se impondrá y será el que haya de dominar. O, lo que es lo mismo, que el critico tendía que anu larse y desaparecer para dejar paso al entu sia ta y al apologista que exalcan una obra, no por lo que es en sí, no por su valor literario ó artístico, sino por lo que representa y por la trascendencia social que puede tener. Pongamos un ejemplo que aclare las ideas. Supongamos la producción de un poema patriótico o de un manifiesto filantrópico y humanitario. El- poema y el manifiesto pueden ser una poesía y un fragmento de prosa sin valor intrínseco ó con escaso valor. Ün observador desapasionado, en presencia de tales obras, habrá de reconocerlo así. Pero todas las condiciones intrínsecas de dicho poema ó manifiesto habrán de desaparecer ante la consideración de la utilidad social que con tales obras se consigue, ante el despertamiento de energías y germinación de ideas nobles y áe sentimientos de confraternidad que con esas obras pueden lograrse. Los manifiestos patrióticos de Cana; matry, por ejemplo, á principios del siglo xix, ó alguna de las. poesías des renunció el porvenir bnflaate que 1 brindaba un título de mg- eniero de la Escuela Central de París pa a ingresar en el Ejército de la patria; no lo aubo para el qtie en la Academia de Va! adohd fue venerado maestro del Arma ce Caballería, en todas partes espejo de caballerea y sieuiDi e dechado de nob es entusiasmos Honrémosle; es otro héioe qae se va, otro caballero español que perdemos; ensalzan dolé, honremos el alma, ya que de su cuerpo no queda sino poivo que vuelve á la titrra, pero polvo glorioso, y la tseíra iú. de su madre España. F anibién ha íallecido en Madriá el gene ral D. Franco Montero de Hidalgo, militar de brillante bistoria, de inteligencia privilegiada y de nobilísimos sentimientos. Era el ímado sobrino- áel famoso D Juan Bravo Munlio. Muy joven ingresó en el Ejército, pasando a áfrica en 1859 y haciendo toda la gtte rra, en la que ganó, entre oirás condecoraciones, la cruz de San Fernando. Combatió en la gueira carlista, obteniendo á los veintiocho años el grado de coronel. Como genera de brigada, mandó la prime a que salló de España fiara líehlla el i 93 Pasó á la reserva á voluntad propia. Poseía la grau cruz de San Herineus gil d e Su cultura era grandísima, corno su modestia. Eia uno de los fu idadores de la admirable y popular Institución Los Previsores del Porvenir, cuyo Consejo de Administración presidía y á su lab 1 tnerilísiiaa se debe mucho del et, tado de prosperidad que hoy alcanza dicha Sojiedad, Repose en paz el finado, y reciba su íamiU lia nuestro sincero pésame. Jjj oy recibe cristiana sepultura otro vete rano de África, algunos de los cuales honraban ha pocos días con sus cabellos blancos y sus gloriosas cruces á los soldados regresados de Melilla. El 31 de Enero de 1860, el que acaba de morir cargaba al frente de solos 13 jinetes á 200 jinetes moros, y los cargaba por ¿res ve ees, rompiendo y atravesando las tres los escuadrones enemigos. Y aun hizo mucho más: cuando de improviso se vio frente á fuerzas tan desproporcionadas, su levantado espíritu y su pericia le dijeron que sólo la más temeraria audacia podía salvar al putudo de soldados que acaudillaba; mas comprendiendo que era precio en todos la decisión que á él le empujaba, con viril elocuencia supo enardecerlos con brevísima frase donde vibraban su alma española, un corazón de héroe y un amor paternal hacia ei soldado, que le hizo prometerles que ningún herido sena- abandonado- DE SOC 3 SDAD En honor del insigne orad r O. Belisario Roldan se celebró auoche ua banquete, de carácter exclusivamente literario, en la lig- gación de la Argentina Asistieron á la comida, qa- e se sirvió coa el gusto habitual que impera en todas las fiestas de la b; lla señora áe Wilde, el jefe del Gobierno, el director de la Academia Española, Sr. Pida! la cosdesa de Parda Bazan, el Sr. Canalejas, D. Eugenio Selles, Menéndez y Pelayo, Moreao Carbonero, Galdós, B ay, BenlUure, Bcaegaray, Moya, Blasco Ibañez, Benavente, L- mares Rivas D. Serafín y D. Joaquín A Qjintero, Aloróte, Grandmontaigne, Ortega Manilla, Ramón y Ojal, el marqués de Vaídeiglesias, el Sr. Ocantos y los secretarios de la Lega ción Sres. uerrero y Banlait, Ayer, como lunes, acudieron muchos asm gos a tomar el lé con la be la señora de El guía en sus elegantes salones de la calle de Serrano. En el rato que allí estuvimos estaban ta duquesa de Valencia, las marquesas de la Coqutlld, Sei as y Prado Alegre, las cotadesas de Pardo Bazan y Saceda y las señoras y señoritas de Rrvon, L B- i.o Galdiano, Vázquez Barros. Quiroga, Canthal, Pérez del Puig- ar y Vázquez Zafra. Del sexo fuerte viuios al ilustre orador argentino D. Belisario Roldan, al ministro de Chile, Sr. Puga; al dt. v Ecuador, Sr. Rendón; al ex ministro D. Anaalio Giineno y á los Sres. Benlimre (D. Mi. B 4 sco Ibáñez, Moróte, Almagro, Meudoza, Hayos, Setortillo y Macpbersón, Casal, iv a- scstoiie y otros. A la- señora d Elgum ayudó á hacer oS honores- su respetable nradstíj la señora Ja Varios tu vo la pequeña tropa, en los diversos encuentros, pero que, mal que bien, lograban sostenerse á caballo, hasla que en el último choque cayó uuo al suelo, cuan do terminado el reconocimiento ongen de aquellos combates regresaba la fuerza española al campamento. Al verlo el jefe, y que sobre aquel infeliz avanzaban seis jinetes moros con intento de rematarlo, retrocedió á su iado. Mientras, su gente, cre éiüose seguida por él, á furioso galope, estaba lejos, lejos. Echó mano al revólver; de cinco tiros desmontó cuatro UIOKOS, muertos y heridos, y los dos restantes huyeron á toda brida. Cuando echando pie á tierra intentaba el jefe subir á su soldado herido sobre su ca bailo, la llegada de unas compañías de la fantería y el regreso de su tropa puso término á este episodio, digno de la epopeya. El que lo realizó, comandante entonces de Caballería, se llamaba D José Gutiérrez Maturana, marqués de Medina. Veinticuatro años mas tard recibía el retiro por edad en el empleo de coronel. No hubo un hueco en el generalato para e) úni co oficial que en África ganó la laureada: -DO lo huboá pesar de u brillante historia científica y literaria, que produjo un Arle militar, Sajo ia. tienda y otros apretadísimos trapajos; no lo hubo para quien en sus moceda- Ortuzar, ui IIIH TíTli II h mt 11 IMB ni n r n r i rnmmrniini ntrrjp