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A B C. MARTES i, DE FEBRERO DE 1910. EDICIÓN J PAG. EL PRESIDENTE DEL CONGRESO, SS. DATO, ENTRE EL SR. SANTAFE, REPRESENTANTE DE- LA. DUEÑA. DE LA. CASA, Y EL SR. HERRERO, SECRETARIO DEL FOMENTO DE LAS ARTES, DURANTE LA CONFERENCIA QUE DIO ANTEAYER Fot. Rivero un inmenso letrero que decía: Sólo para hombres. Las mujeres que pasaban mordíanse los labios y miraban con curiosidad, sin atreverse á acercarse, naturalmente. L 5 s hQinbres dábanse de puñetazos para meter las narices en el ventanillo. Miraban, sonreían y se alejaban luego sin decir una palabra. ¿Creéis que había algo pecaminoso n el interior del escaparate, algo que no pudiera ser visto por la más pudibunda doncella? No había más que cigarros y cigarrillos de todas clases... El letrero, pues, estaba justificado... ¡Sólo para hombres! Y el estanquero consiguió lo que se proponía... ¡Tener un centenar de personas agolpadas delante del escaparate! ¡No! ¡Xo se ha perdido el humor... á pesar de los peligros! José JUAN CADENAS desesperanza de aquel artículo mío. Sin enibargo, amigo Farmeno, yo no puedo jrectif icar; sigo creyendo que el espectáculo de la vida española es lamentable; que no nos movemos sino muy leatatuente; que nuestro movimiento político, social é ideológico es un resultado de puro arrastre; que nos arrastra la corriente europea á nuestro pesar; que ese misino movimiento de arrastre lo efectuamos con dolor. Y ésta es la particularidad capital de los caracteres perezosos: el sentir dolor en la acción. Sigo creyendo que nuestro pecado máximo es la pereza. Para encapuzar nuestra pereza nos valemos de cien procedimientos ladinos: metemos ruido, charlamos, discutimos, encendemos fogatas de indignación ó de rebeliones; pero todo eso es un arbitrio para no accionar por de dentro, para evitar la acción verdadera. La mism lucha política que nos apasiona es pereza. Porque mientras hacemos esa política de periódico, de Parlamento y de elecciones evitamos tener que üacer la otra política de acción, la política fundamental, que consiste en hacer. Hacer civilización, cultura, canales, cosechas, industrias, libros, cordialidad, patriotismo, fe, ideas. Por evitar esta acción ejercitamos la otra acción ratonil de moverse y gritar en el vacío. Tal como algunos picaros que huyendo del trabajo regular y honrado se meten á embaucadores, sacatnuelasj titiriteros, sablistas y danzantes, en que ejercitan una actividad ratonil muy grande, hija de la pereza. Por perezosos hacemos también esa literatura de palabras y de cenáculo, esa literatura artificial de entre calles y de entre cafés ahumados. El mundo es grande y está lleno de intensidad; pero nos produce miedo la acción dentro de ese mundo elaro, y preferimos removernos dentro del mundo de la Puerta del Sol y sus arrabales. No existe entre nosotros un tipo semejante á Walt Whittnan, aquel yanqui esforzado y generoso que iba viviendo por el mundo, que cruzaba los ríos, las praderas, las ciudades entusiastas, y esa vida que él vivía la reflejaba en cantos luminosos é ideales, perfectamente humanos. Los tipos como Walt Whitman los tuvimos nosotros, los españoles; pero fue allá lejos, al punto de romper el Renacimiento: Hurtado de Mendoza, capitán valiente y literato enérgico; Arcilla, conquistador de pueblos indios y poeta épi co... Aquel era tiempo en que España no sentía pereza, podía poblar un continente en medio siglo. Si no padeciéramos de tanta pereza, comprenderíamos que estamos perdiendo el tiempo y engañándonos miserablemente. ¿Qué disputas políticas son esas en que nos vemos metidos siempre? Queremos imitar á Francia ó Inglaterra, copiando sus luchas sociales, religiosas y literarias, sin ver que esos países han terminado su obra material, y pueden, por consiguiente, dedicar sus ocios á cuestiones ideales. Ellos tienen civilización, huertos, canales, fábricas, libros, maestros; la vida marcha allí como un reloj; tienen hecha la nación. Pero nosotros no hemos hecho aúu la nación, ni tenemos huertos, canales, fábricas, escuelas, libros, civilización. Hagamos nación y civilizt. CONFERENCIA PARA NIÑOS EN EL PALACIO DE 1 TURBE có un artículo que fue, probablemente, un poco agrio. Las personas más condescen- rlientesno podemos en algunas ocasiones reprimir esa ráfaga de pena y de indignación que nos asalta enfrente de los hechos contumaces, criminalmente contumaces, y se nos van la palabra ó la pluma. 351 amigo Parmeno, que yo me atreveré á clasificar entre los. escritores bien hallados con las cosas corrientes, ó sea entre los escritores optimistas, me motéjala acritud ó volver de mi viaje el esA I pectáculo de) a vidapor América, arranespañola me NUESTRA PEREZA ntnniiiv. M. vn