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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE. TELÉGRAFO Y TELÉFONO m t DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE. TELÉGRAFO J Sé TELEFONO Y EL GOBIERNO. LOS GENERALES Y JEFES DE LA DIVISIÓN DE CAZADORES DEL EJERCITO DE MEL 1 LLA DESPUÉS DE LA FIESTA CELEBRADA EN HONOR DE ESTOS EL DOMINGO POR LA NOCHE Fot. Uoñi DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL DANQUETE MILITAR EN EL MINISTERIO DE ESTADO pasada, las bombas han estado funcionando: para, extraer el agua de los sótanos de ya j rias casas de banca de la rué de la Victoire. A los peligros y daños de la inundación habrá que agregar ahora estos otros de lá inseguridad, porque el suelo de París no está para bromas. Ya antes se hundía el piso con facilidad... ¿Qué ocurrirá ahora? Hubo un momento esta noche en que se creyó que las aguas desbordarían, invadiendo la plaza de la Concordia, y el pánico en París fue tremendo. Pero en Montmartre no se aonoció... Por todas partes había luz, alegría y juerga... ¡Allí no ha de- llegar el agua... Un tanto, treinta mil familias huyen desoladas, empobrecidas, abandonando los barrios inundados, sus casas invadidas por las aguas triunfantes... Y París entona un himno á la caridad porque M. Fallieres ha dado 20.000 francos y todos los ministros reunidos 6.000... París... Ivos ingenieros se entretienen en trazar planos de nuevos canales de desagüe para evitar que esta catástrofe se reproduzca... Es lo de siempre... l, n Administración parisina se parece á la española ¿zn que ninguna de las dos saben prever nada. Aquí hace falta que ocurra la catástrofe para que este tibio rayo P ero ha bastado tranquilidad alde sol para devolver la pueblo de A B C EN PARÍS 1 A DE SOL Después de setenta y dos días de lluvias y nieve, hoy alumbra el sol. I, a gente se ha echado á la calle para ver los estragos de la inundación que avanza. Pero las gentes van alegres sonrientes, caminando ligeras; los hombres se complacen con la contemplación de las muchachas bonitas que encuentran al paso; las mujeres sonríen... Todo esto se lo debemos á los tibios ray os del sol, que hoy por vez primera, después de setenta y dos días de mal tiempo, han venido á acariciarnos. Hemos olvidado el peligro, y, no obstante, el peligro es cada vez mayor, porque la crecida del Sena no lleva trazas de disminuir, las aguas avanzan, avasallándolo todo... Hoy han quedado cortadas dos líneas; la estación del Quai d Orsay es un inmenso estanque; ya no se ven los vagones, que están ya cubiertos por el agua; en el Cours la Reine los faroles están debajo de la corriente; sobre las aguas flota la techum- bre del bureau de la Aduana... -Ha el centro de París han comenzado las filtraciones; el gran peligro que todos temíamos se ha presentado. Durante la noche O piense en adoptar las medidas oportunas á fin de impedir que vuelva á repetirse, del mismo modo que es preciso que se consuma un delito para que la autoridad castigue al delincuente. -Mire usted, señor comisario- -dice un vecino de las fortificaciones, -que en mi calle hay unos apaches- que han dicho que me van á asesinar. -Pues tenga usted cuidado- -contesta el comisario. -Yo, mientras no le asesinen á usted, no puedo molestar á esos apreciables sujetos. Claro que esto de las inundaciones no ha sido frecuente en París; pero, de todos modos, esos planes que ahora trazan los ingenieros para que no vuelva á reproducirse la catástrofe que ahora lamentamos, ¿no les parece á ustedes que debieran haber sido puestos en práctica hace veinticinco ó treinta años, á raíz de la última inundación. RA enos mal que no perdemos el buen hu mor... y á Dios sean dadas. Hoy ha abierto su tienda un estanquero, y se le ha ocurrido un medio ingeniosísimo para Hamar la atención del público. Mandó pintar de negro los cristales del escaparate, dejando en el centro un peq ueño círculo por el cual puede verse el interior. Encima colocó