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A B C. DOMINGO 3o DE ENERO DE 1910. jEDICÍOM i. á. mérica puede decirse qae su influencia no ha acabado todavía; pero lo que en Castelar era buen gusto, sentido del arte, ponderación en la imagen soberbia, gesto apropiado, gradación en las inflexiones, emoción lírica y sentimental, suele ser en sus discípulos y continuadores de América excesivo recargamiento en la frase, profusión múltiple de adjetivos, tumulto de imágenes y de tópicos brillantes, que rara vez responden á visión honda dejlas cosas y que no delatan ni muestran un ritmo armonioso y poético. La oratoria declamatoria y pomposa tiene el peligro grandísimo de que pasa con el momento en que uace y se agosta pronto. Para mantenerla con alguna probabilidad de éxito en tiempos adversos á ella es preciso que las imágenes y los tópicos hayan evolucionado. Cuando las imágenes- -por facilidad que se tenga de palabra- -son las ya conocidas y manoseadas, ¿qué sucederá? ¿Podrán suscitar siquiera una leve emoción? La poesía la constituyen también imágenes. ¿Son las imágenes de la poesía de hoy lo que eran en tiempos de Espronceda y Zorrilla, y aun en tiempos de Núñez de Arce? Hubo en los días de los oradores románticos dos hombres que son una excepción: Cánovas y Pi y Margall. Los dos eran oradores secos, desiguales, descarnados, espirituales. Cánovas- -decía Clarín en el folleto dedicado al ilustre político- no pretende cultivar el estilo asiático ni el florido, y llama al pan, pan, y al vino, vino. De Pi y Margatl, el maravilloso prosista, no hay que decir nada; sus discursos, modelos de limpidez, de claridad y de precisión, pueden ser leídos hoy, y lo serán siempre, con fruiíó Desde Pi y Margall la oratoria ha ido- eticándose á esta modalidad de limpieza y de exactitud. Paralelamente á la oratoria ha evolucionado todo di arte literario. Las- causas íntimas y profundas que han determinado tal evolución necesitarían ser estudiadas muy detenidamente. ¿Es que el período en que se produjeron los oradores románticos era un período de expansión y de irreflexión entusiasta, entusiasta pero un poco candorosa, ingenua? ¿Se creía- -como parece ser leyendo las cartas últimamente publicadas de Emilio Castelar- -que todo estaba ya hecho, que la reconstrucción material y espiritual de España era cosa ya realizada y definitiva? El memorable desastre colonial, ¿no nos ha sacado de n íestro error profundo, y no hemos visto que todo aquel entusiasmo candoroso, que toda acue lia incorsMencia, que toda aquella satisfacción ingenur, era una pura y lamentable ilusión? ¿No ha venido de é un momento de recogimiento sobre nosotro misrn s, v, á la par que se creaba un muiente de ci nica y de disgregación, no hemos visto que todo estaba por crear y que necesitábame e pararnos á la obra principiando or er exactos, por ser veraces, por ser cicutíficos por ir amoldando nuestros cerebros á na vigorosa y severa disciplina mental? Cuestiones son éstas que merecerían ser tratadas detenidamente. El hecho es que la oratoria florida, pomposa, asiática como decía Qarín, ha hecho completa bancarrota entre nosotros. Hoy queremos que el orador sea un dialéctico, y que lo que tenga que decirnos nos lo diga breve, seca y escuetamente. La misma intensidad que entre nosotros ha adquirido la oratoria parlamentaria ha contribuido á esto también. Es hoy la lucha del Parlamento rápida, brusca, incisiva, repentina, y no toleraríamos, ni podría lurhar tampoco, un orador solemne, largo, áifuso, hiet ático, pomposo, de hace treinta años. Síntoma es éste de un cambio considerable en nuestra mentalidad, y debemos felicitarnos de ello. AZOR 1 N menaje que ayer tributó SíaóíM S. su pre? claro huésped, Aparte de las insignes eseritaras seSoraS 1 a tarde de ayer se señalará como un acontecimiento para la docta casa de condesa de Pardo Ba ¿an y doña Blanca de los Ríos de Lampérez, recordamos á los sela calle del Prado. La élite del intelectualismo madrileño ha- ñores siguientes: bíase congregado en ella para escuchar la Pérez Caballero, García Prieto, Azcárate voz elocuentísima del insigne orador ar- Alvarez (D. Melquíades) Canalejas, Pulido; gentino Belisario Roldan, al que había pre- Moya, Andrade, Luca de Tesa, Francos Ro- cedido la fama de sus triunfos conquistados dríguez, Gómez de la Serna, Ainado, Fer desde la tribuna. nández Latorre, Melgares, Cemboraín EsY esta impaciencia, esta verdadera ex- paña, Palomero, Quirós, Asorí Llanos y pectación por oir al coloso de la oratoria, no Torriglia, Rivas (D; Natalio) Aguilera (don Alberto) quedó defraudada. Al aparecer en la tribana del Ateneo, Salillas, Argente, Cortinas, Sacristán acompañado de los Sres. Moret, Salvador Maestre, Esteve, Insúa, Martín Fernández, (D. Amos) Cortejarena y del ministro de la Urbano, Maza, Pando y Valle, Bosch, Espi- Argentina en Madrid, doctor Wilde, Belisa- na, Beruete, Caudauio, Albénis, Val, Jurado no Roldan fue saludado con una clamorosa de la Parra, Aguilera y Arjona, Ureña, Lósalva de aplausos. pez Ballesteros, Barcia, Zatdo, Dubois, REE Después de unas brevísimas y elocuentes mírez Tomé, Quiroga, García Corté Ben 4 frases del presidente del Consejo de minis- lliure, Antequera, Alíñela. tros, á guisa de presentación, dio comienzo Silvela (D. F. Elorrieta, Blasco Ibáaez el Sr. Roldan á su discurso. Grandmontaigne, Mesa, Sabater, Carracidoj Luego de mostrarse orgulloso por ha- Gtredea, Tolosa Latour, Matesanz, Zancada, blar desde la tribuna del Ateneo de tan glo- Ortega Gasset, Roca, Celada, Díaz Tendera riosas tradiciones y de evocar la figura del y otros muchos. gran Castelar, dirigió un saludo, en términos sentidísimos y brillantes, á España, de la que dijo que si antes se imponía por e! arte de la fuerza, ahora se impone por la fuerza del arte. 1 A AFICIÓN AL TOREO Lázaro Judes, El amor de América á España lo explicó A ¿e p en la lengua de ésta, en sus leyes, en su tea- que fue déla casa Peant, de esta pendieate corte, era tro, en su tesoro escultórico, ea el concepto aficionado al toreo; pero imposibilitado por, de su alta autonomía, en sus pintores, en la sus costumbres y género de vida de asistii obra magna de sus poetas y de sus prqsis- á las capeas, donde adquieren los primeros tas, en las torres almenadas de sus castillos, conocimientos y dan sus primeros pasos los en las cúpulas de sus catedrales, en el claus- que al arte de Cuchares se dedican, decidí tro de sus Universidades y en tantos y tan- tomar un profesor. tos otros timbres que son trasunto de sus, Blas Morellón ofrecióse á dar al aspirante grandezas pasadas. á diestro las lecciones que necesitaba para Grandes aplausos interrumpieron los úl- lanzarse al ruedo en públicos pero, claro timos párrafos del orador al entonar este está, la enseñanza debía ser retribuida. vibrante y sonoro cauto á lo que fue. Y aquí los apuros del jovea dependiente. Pasó luego á desarrollar el tema de su El era trabajador, ahorrativo y quería cumdiscurso, y lo expresó en estos términos: plir con su maestro en el arte taurino; pero Permitid que la República Argentina rin- ganaba tan poco... da cuenta á la madre de sus cien primeros- ¿Qué sueldo tienes asignado? -parees años de independencia que Morellón hubo de preguntarle un día. Y á fe que estas cuentas constituyen en- -Una miseria, 50 pesetas mensuales para vidiable blasón para un pueblo que em- cubrir mis necesidades y las de mi familia... pieza. -No es mucho, ciertamente; pero corüp Recordó cómo la aldea de 40.000 almas mis lecciones te han de colocar en circunsse ha convertido al cabo de cien años en la tancias de ganar pronto las seis mil d l ala ciudad de 1.500.000 habitantes; desenvolvió que cobran los mataores de í nnio 3 ao debes todo el proceso de la evolución argentina, vacilarr explicado en el predominio de la civiliza- ¿Qué me aconseja ustedf- -interrogó el cón sobre la barbarie y el gran adelanto muchacho, adivinando lo que se le proponía realizado en los órdenes político, económi- ¿No estás en una tienda co y comercial. -Sí. Aseguró que con el transcurso del tiempo- ¿No hay en ella algo que abulte poco y la Argentina conseguirá en América ser el valga dinero? contrapeso meridional del gran coloso del- -Sí. Norte. -Pues verde y con asas. Todo lo posee mi país- -agregó con acen -Entendido; ni una palabra más. tos de vivo patriotismo el orador- -para lograr una hegemonía pacífica, sin mezcla de Ooco tiempo después de esta ü otra con sectarismo ni de prejuicios religiosos, pues versación análoga, advertía el encarga- f mi pueblo es pueblo sobrio, laborioso y fuer- do de la tienda la desaparición de buen na te, que sueña en agrandarse haeia arriba. mero de cajas de pintura, botes de colores, De modo magistral trazó los retratos de etcétera, y sospechando, coa fandaiaeuto, los tres grandes hombres argentinos: San por lo visto, de Lázaro Judes le interrogaMartín, Sarmiento y Mitre, y sus últimas ba en su despacho, descubriendo, toda la palabras, de gran fe en el porvenir de su pa- verdad. tria, mediante el esfuerzo del trabajo, fueron para tremolar en sus brazos, como menA yer tarde celebróse en la Seccíáa cuarta sajero verbal, la bandera biceíeste y blanca, de la Audiencia la vista de la causa saludando en nombre de la Argentina á la seguida eontra el ex dependiente y ga madre legitima que la engendró maestro. Una explosión de entusiasmo acogió las Entre los testigos figuraba el encargado últimas palabras del orador; las aclau a io- del establecimiento donde las hurtos se nes y los aplausos se sucedían sin intenup- realizaron. ción, y una gran parte del público desfiló- ¿Por qué sospechó usted de Lázaro Japor delante de la tribuna para felicitar al des? -preguntaba el fiscal. brillante é inspirado orador. -Porque aquél- -respondía el declaranQueremos citar algunos de los nombres te- -había vestido siempre coa gran modesque componían el selecto y numeroso- audi- tia, con la modestia que impone nn suelda torio para quesevea la importancia del ho- de diez duros, y de repente mejorp de n- BELISARIO ROLDAN