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A B C. S Á B A D O 29 D E ENERO D E 1910. EDICIÓN- 1. PAG. 4. Ta es son los inconvenientes que tienen ciertas noticias periodísticas. La precipitación con que son hechos los periódicos y el poco espacio disponible no permiten ofrecer á los lectores siquiera un extracto de nociones científicas que sirvan la generalidad de guía é ilustración en la materia; y así, los más quedan atónitos de Jante de cualquier fase de los fenómenos astronómicos, en los cuales, más que en otros, puede la- imaginación volar á sus anchas. Se comprende, pues, que grado de inten sidad puede alcanzar la credulidad del pueblo, atribuyendo una serie de augurios terribles al famoso cometa que al mostrársenos ahora recuerda su historia, escrita ya á fines, del siglo xvir. I a notificación de estos casos, interesantísimos para la ciencia, sólo engendra inconvenientes siempre que su luz hiere cerebros mezquinos. En vez de iluminar el entendimiento, entenebrece por el terror toda comprensión. De aquí el encogimiento y niiédo invencible de la multitud desde que se anunció la aparición de éste cometa, que trae más cola entre nosotros que en el espacio. ¡Si al menos, á su vista, y bajo su itfñujo, aosfuese dado fraguar algunas cabalas políticas! jPero, tate! No es prudente jugar con cosas serias... Ahora bien; dejando á un lado toda expresión de ironía, que no es el caso para ello, no deja de venir á cuento un breve diálogo oído á dos mujeres del pueblo, que en un tranvía eléctrico se entretenían en comentar así la aparición del cometa: -Qué, ¿no sabe usted la gran desgracia que nos, va á pasar? -Yo, no. ¿Cuál? ¿Conque anda toda la gente removida y usted no lo oyó? En los papeles viene la noticia. Dicen que es una estrella que viene á chocar con nosotros y que lo destrozará todo, -i Ah! ¿Es eso? No lo sabia. -Tal como se lo digo. Pero lo que es á iní no me importa; imi hombre y mis pequeSos están allá en la provincia. Y al escuchar esto no pude menos de sonreír, recordando unos versos de Bartrina. Hay mucha gente dichosa que ignora quién fue Dante. A la postre, ¿de qué sirve saber, para sa tisfacción de nuestro egoísmo, que el cometa dé Halley, aun en la hipótesis inverosímil de tocar la tierra, apenas habría de causarle más daño que una ala de golondrina rozando un tren á toda velocidad? La simplicidad de aquellas dos mujeres nie llegó tan á lo vivo, que al punto pedí á Dios nos envíe por ahora siquiera alguna calaiaidad política. como es de rigor en tierra portuguesa. Porque para este género de convulsiones sí que no hay matemáticas posibles. vedada en los pasados tiempos, y los consumidores, en tales ó cuales temporadas, pudieron comprar libre y directamente á los entradores, aún uo ahuyentados, como ahora, de los mercados públicos. Pero los que quieren vivir á costa del prójimo no perdonan medio para lograrlo. En el año de 1589, visto por los regatones que no se les permitía comprar en la villa los mantenimientos que los forasteros traían, íbanse á los caminos á comprárselos, cosa que asimismo les estaba prohibida en el radio de ocho leguas. Años después, á 13 de Febrero de 1610, se mandó por los alcaldes de casa y corte, á quienes estaba cometido el régimen y buen gobierno de Madrid, que los labradores que truxieren berdura a esta corte no pue dan bender por mayor a ningún regatón ni a otra persona- alguna para tornarlo a rebender en ella, sino qué ellos la ayan de bender y bendan por menudo en las plazas públicas, so pena dé vergüenca pública y de diez mili maravedís para la cámara de su magestad y denunciador, y so la mesma pena ningún regatón ni otra persona se lo pueda comprar para tornarlo á reberider Como ve el lector, castigábase el abuso, pero no se arrancaba de cuajo: poco después retoñaba más pujante, es de suponer- ¡como si- lo viéramos! -que á la sombra de interesadas tolerancias de alguaciles y corchetes, y aun de gente más granada, que no se dejaría tapar la boca con seis ú ocho tristes reales entregados á solapo de mes á mes, sino con la. rozagante merluza diaria, y el par de tiernos conejos magallones cada do- ¡mingo, y la media docenita de perdices para icada día en que el señor tenia convidados ny tendríalos dos ó tres veces por semana) fy, en fin, el buen pegulloncejo de relucient e s escudos de oro llegada la Navidad, para f conmemorar más alegremente el nacimien to del Mesías. 1 Un nuevo auto proveído por la Sala Alcaldes á 30 de Mayo de 1616 vino á de mostrar cómo perduraba la regatería placera. Por él se ordenó qxie ninguna persona, hombre ni mujer, sean osados á conprar eu esta corte la berdura qué traen á bender en ella los labradores, sino que la ayan de bender los que la traen... so pena de cien LA MARQUESA DE SQU 1 LACHE, A QUIEN azotes, pérdida de la mercancía y multa de SE CONCEDE LA GRANDEZA DE ESPAÑA diez ducados para los pobres de la cárcel. Fot. Franzen Hasta poco antes de mediar eí siglo XVH los regatones, á lo que parece, habían limiclaras luces natu- rales lehicieron columbrar tado su negocio al monopolio de la verdura; lo que en las instrucciones para corregido- pero ya en este tiempo extendieron su esres estaba escrito provea de manteni- fera de acción á todo lo comestible, y así vemientos el- pueblo á moderados precios... mos que en una orden del Consejo enviada no consienta regaterías de ninguna- cali- á la Sala de Alcaldes, en 25. de Agosto de dad que sean... ó que de wsu había apren- 1643 se daba est encargo: Tattbieñ se att dido en su lugar de la Mancha cómo los de prohybir y castigar á los que fueren rebuenos regidores y alcaldes, para abaratar, gatones de carnes, caza; pescados y otros las subsistencias, quitan de en medio á todo 1 mantenimientos porque esto se tiene por el que quiere meterse de estorbo entre el muy dañoso en la república productor y el consumidor. De más tarde, de 1669- -y con tal cita terEl regatón, sujeto que vende por rilenor minaré mi ligera recordación de la antigua los comestibles comprados por junto es regatonería ¡cortesana- -consérvase un cuAFFONSO GAYO tan antiguo como el abasto público. Alií rioso escrito en que los tenderos de aceite y Lisboa donde uno llegó á vender sus frutos y otro vinagre representaron ante el Consejo exse le acercó á comprárselos, asomó un terce- poniendo que mientras ellos, como estaba ro, un parásito, que, sin producir ni consu- mandado, no acudían hasta las diez de la mir, fundó su medra en meterse entre ellos mañana á la plaza pública á comprar de lo f u e n t a Cervantes en la segunda parte del y alejarlos, comprando al uno por poco pre- que traían de fuera, había en la dicha plaza Quijote que Sancho Panza ocupó una cio para vender al otro por mucho. Y pues- diferentes revendedores, que así como llede sus tardes de gobernador en hacer al- to de acuerdo este acaparador con todos sus gan los forasteros, con las frutas y demás gunas ordenanzas tocantes al buen gobier- camaradas y compinches para sacar los ojos cosas que traen, las conpran y estancan, y no de la que imaginaba ser ínsula, y orde- a. los consumidores, tapando los suyos con aun salen á las puertas y- caminos á connó- -entre otras cosas- -que no hubiese re- sendos pares de doblones á los que manda- prarlas, de que resulta que quando son dagatones de los bastimentos en la repúbli- ban, nacieron y vivieron y prosperaron es- das las diez y mis partes acuden á dicha ca Y añade que el famoso escudero dis- tas que la ley llama ilusoriamente confabu- plaza á conprar las verduras y demás cosas puso cosas tan buenas, que hasta hoy se laciones punibles, y mucho antes de llegar que necesitan para el abasto de sus tiendas, á España la palabra trust, ya trasguardan en aquel lugar, y se nombran, las teando de lo lindo todo jayán andabany toda como los dichos revendedores las tienen ya placero constituciones del gran gobernador Sancho se haverdulera desahogada, vendiendo á precio conpradas, no hallan cosa alguna y dichos Panza á conprarlas de los de oro la mala y mal cesada basura de sus llan obligadoslas quales se las venden á exPero como Sancho no era hombre de esrevendedores, tudios, ni entre los consejos que le dio don mercancías. cesivos precios, llevándoles la mitad más de la verdad, no siempre sucedió así Se- lo que las Quijote figuraba ninguno referente á la regatonería, menester es pensar qtte, ó sus ñaTactamenteen la corte, la regatonería fue DE ABASTOS