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A B C JUEVES 27 DE ENERO DE 1910. EDICIÓN 1. PAG. 12. 31 valle de Layóla está inundado y ge lian minado precauciones para evitar aue lleguen las aguas á los caseríos. En Irán se han inundado las casas de la carretera de Beovia, las de la calle de Santa Elena y las de la plaza de Urdanubia. Los bomberos trabajan en la estracción de las aguas. En Ursubil cayó ayer un rayo que estuvo á punto de matar al cura párroco, pues la chispa eléctrica carbonizó á un perro que estaba echado á los pies del sacerdote. Este resultó ileso afortunadamente. BILBAO, l6, 9 N. p n la pasada nocüe arreció el temporal con más furia que antes. El público, muy numeroso, permaneció junto al puerto de Algorta contemplando el barco embarrancado. La situación de él es la misma. Los trenes y tranvías iban atestados de f lajeros, que se dirigían á los puertos de la costa para preseneiar los trabajos de salvamento, que, según habían manifestado en los Centros oficiales iban á empezar en las primeras horas de la mañana, como así se hizo, en efecto. En la playa estuvo el gobernador civil, comandante de Marina, alcalde de Algorta y el conocido armador D. Ramón Sota, que puso á disposición de las autoridades los tres remolcadores de su propiedad ZabaU tripulación en total de ochenta hombres y dos oficiales- Como al amanecer cesaron los chubascos, anque el vendaval persistía con igual fuer 2 a que en la madrugada, se acordó utilizar el bote para salvamento de náufragos de Portugalete, Tripulado éste por veinte hombres, al mando de B. Cándido Buito, se hizo á lámar. A la altura ¿Se Algorta soltó amarras, quedando en funciones. Las operaciones, comenzadas en esta for- ina, fueron presenciadas por un público numerosísimo. Los náufragos, subidos en la proa del Giáptízcoa, observaban los movimientos del bote salvavidas con evidentes muestras de impaciencia y recelo. La pequeña embarcación sostenía una lucha denodada con el fuerte oleaje, y á veces se ocultaba entre las gigantescas olas, como de pronto aparecía remontarse á una altura inverosímil. Los momentos de peligro se sucedían con frecuencia aterradora, llevandoja inquiet d y la alarma á los espectadores de aquel acto trágicamente hermoso. Tres veces intentó aproximarse al vapor náufrago y otras tantas fue rechazada á gran distancia, viéndose obligada á emprender el regreso en espera de momento más favorable. La jornada fue de prueba. Los hombres desesperaban, y las mujeres, con su copioso llanto y sus gritos de intenso dolor, entenebrecían aquel ambiente, altamente conmovedor y único. Varios jóvenes marineros de Algorta, abriéndose paso por entre aquella masa humana, logran jQegar hasta el comandante de Marina. Ofreciéronse, previa autorización, á embarcar en una trainera y acudir al punto de peligro. El comandante se resistió, pero el naviero Sr. Sota, que conocía la pericia y el vaior de estos nobles hijos del mar, aconsejó al jefe marítimo que aceptase el ofrecimiento. En la trainera San ose embarcaron diez y seis hombres, patronados por Fernando Arenosa, convenientemente provistos de chalecos salvavidas, porque van dispuestos á todo. Lleva la trainera dos largos chicotes sostenidos en la playa, por si precisaba utilizarlos desde tierra. mendi, Esderramehdi y lotorramendi, con una El bote enfila directamente al vapor naafrago y se hace á lámar. L emoo ón es intensa, indescriptible. Sortea la trainera los embates del oleaje. Próxima al vapor, un golpe de mar la coloca de costado; pero la féirea mano del timonel consigue un rápido viraje, aproximándola al Guipúzcoa, y á poco se ve lanzar una escala desde el vapor náufrago, por la que descendió un hombre y una mujer. Los tripulantes del bote salvavidas, picados en su amor propio, regresaron con rumbo al vapor y á toda marcha consiguieron llegar á él. Era difícil permanecer allí juntas las dos embarcaciones, por lo que la trainera regresó al puerto con el mayordomo y su mujer, salvados felizmente. Él bote salvavidas regresó también des- pués de recoger á todos los tripulantes. I a ovación tributada á todos fue inmensa. Muchos espectadores, impacientes por abrazar á los héroes, se entraron en el agua. En casa del presidente de la Cruz Roja se alojaron el mayordomo y su mujer. Los demás han sido llevados á distintas casas, pues todo el mundo se disputaba este honor. Como detalle curioso merece consignarse que los náufragos salvaron un perro, un ¿ato y un canario, lamentándose de que habían dejado á bordo tres gallinas. He logrado hablar con el piloto. Este me dijo que la noche peor fue la primera, especialmente para contener á la gente; pero viendo ésta que el barco se mantenía á fio- te fue calmándose poco á poco. Ayer, y aprovechando la bajamar, algunos hombres fueron á la parte de popa y sacaron víveres y algunas botellas de la bodega. También lograron encender la estufa, y sacando ropas secas pasaron la noche relativamente bien, aunque les apuraba el. desfallecimiento de las mujeres. Agua no tenían, pero recogieron alguna de lluvia mezclada con arena y con agua salada. La suerte para ellos fue la de varar cerca de la playa, pues si el vapor avanza un poco más hubiérase ido al fondo, pereciendo todos. Después visité á las mujeres, que guardan cama por el cansancio y la emoción. La mujer del contramaestre, madre de dos niñas, venía de Grjón. La niña mayor mostrábase tranquila en el buque; la peo ieña no se daba cuenta de nada. Sólo hoy, al decirla que la iban á meter en uno de los sacos de salvamento, se echó á llorar. Refiere el contramaestre que éste es el segundo naufragio que sufre. El anterior le acaeció á bordo de un buque ruso, en las costas de Inglaterra, y los náufragos estuvieron abandonados siete días, cinco de ellos sin comer. Llámanse los salvados: José Andónegui, piloto, de Deusto; Felipe y Celestino Eguía, camareros y hermanos del capitán; Félix García, Fructuoso Mencía, Andrés Caso, Emeterio Menéndez y David Cuervo, todos ellos de Gijón; José Méndez y Juan Rodríguez, de El Ferrol; Galo Basturia, Manuel Fuentes, que es el mayordomo, y su muier, Antonia Eguía, de Bilbao, Miguel Manzaneda, el contramaestre; su mujer, Casilda Iriberri; sus hijas Eloísa, de once años, y María Luisa, de cuatro; José González, de Santurce; Justo Lecosaín, cocinero, y otros dos más. Félix García llegó herido, y fue el que ayer se cayó del bote, siendo recogido con un cable desde á bordo. La casa armadora del vapor ha dispuesto que se busque á los náufragos buenos alojamientos y que se les atienda debidamente. El gobernador civil ha empezado á ins- truir espediente para conceder algunas recompensas á los jóvenes que ui- is se distinguieron en los salvamentos de ayei y de hoy Los tripulantes del buque salvavidas dicen que cuando trataban de acercaisc al vapor tocaron por dos veces en una loca, sufriendo ligeras averías. El tiempo ha mejorado algo. Luce eí sol, pero la mar sigue estando muy encrespada. Por los relatos que hacen los náufragos, parece que el vapor había conseguido entrar en el puerto por la parte Oeste; pero por temor á chocar con los muchos barcos que en él había y por el ínucho mar de fondo, trató de pasar al muelle del Este. Al ir á coger la embocadura, el viento arrastró el barco hacia fuera, llevándole hasta cerca de las peñas de Galea, laiga ido entonces el ancla para contener un poco las arrancadas; pero se rompió la cadena, y el barco fue á parar ala playa de Algorta. BJLD O, 2 7 I- vi. Aunque otra cosa digan algunos penódi eos, insisto en afirmar que el vapor francés Annam está en Bilbao. Ayer, 26, entró en el puerto y volvió á sa lir por no encontrar sitio conveniente para fondear á causa de la aglomeración de embarcaciones. Al presente se halla á la vista del puerto capeando el temporal. El Ciudad de Cádiz ha entrado de arnbad 3 forzosa. Al anochecer se ha recrudecido el temporal. Un desprendimiento de tierras en el kilómetro 5 del ferrocarril de Triano obliga á hacer transbordo. LA CORUÑA, 26, 7 T. jT esde hace unos días anunciaba el vicaiic de Zarauz fuertes tormentas, en vista de lo cual el comandante del puerta dictó severas órdenes en previsión de posibles desgracias y mandó permanecer en el puerto á los barcos pesqueros pequeños. A pesar de las precauciones adoptadas, el vapor Laura, de la matrícula de Vigp, salió á ¡a pesca de arrastre en pareja con el vaLlegaron al puerto de Cedeira, y, cuauda se disponían á regresar, una marejada inmensa sorprendió á ambos buques, envolviéndolos en grandes masas de agua. Los tripulantes del Venus advirtieron qut las olas empujaban al Laura contra los bajos del Torrosido, y le hicieron señales con los pitos de alarma; pero como distaban una milla un barco de otro, tal vez no los oyeran. El caso fue que, sin tiempo de enmendar el rumbo, el Laura recibió un imponente golpe de mar, que soportó. Otro más violento aún lo cubrió totalmente; después, nada. El barco había desaparecido en eí mar, y en la superficie de éste sólo se veía una densa humareda, á consecuencia tal vez de haber llegado el agua á las calderas del vapor perdido. Acercóse el Venus al lugar de la catastro. fe con el intento de prestar auxilios, pero eran inútiles. Los nueve tripulantes del Laura perecieron ahogados Al regresar el Venus á La Coruña lo esperaban él armador y varios amigos, que se hallaban impacientes y temerosos, pues á bordo del vapor perdido iban dos hijos del armador del buque. Al saber la muerte de sus hijos, el desgra ciado padre quería ir inmediatamente al lugar del naufragio, y costó no poco trabajo el hacerle desistir de realizar su intento. EJl temporal sigue con igual fuerza. a- 9 El- pailebot Ouenie, cargado de carbón, se ha perdido, despué- -de estar valias lio ras en la boca de puc: to. SANTA DEÍ! ¿6 A T. por Venus.