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A B C. MARTESAS DE. ENEROJDB T 9 ÍO. EDICIÓN I. 8 PAG. 1,03 batidores de ¡a Escolta Keal prece- Santidad, el obispo de Madrid- Alcalá y el oían el carruaje regio, á cuyo lado derecho de Astorga cabalgaba el jefe de la Casa Militar, general conde del Serrallo, y ai izquierdo, el genea oración fúnebre. ral Alfau, jefe de la línea militar, y el vizEl sermón estuvo á cargo del padre conde de Uzqueta. teniente coronel de la Calpena, y en verdad que en ocasión tan Escolta Real. solemne y memorable requeríase en el saUna sección de este escuadrón cerraba la grado pulpito la presencia de orador tan comitiva, de la que formaba parte el caba- elocuente como el rector de San Francisco llerizo de campo Sr. Pineda; delante, y es- el Grande. Media hora duró su oración, y coltando el coche regio, á caballo, los ayu en todo ese tiempo la atención de la concudantes de S. M. generales Del Río y Aran- rrencia estuvo pendiente del cálido verbo da, condes del Grove y Aybar, Echagüe y del orador. Guiao. Con acento vibrante, con ademán adecuaLas bandas de las fuerzas citadas y la de do, con palabra fluiría y sugestiva, pronunalabarderos, situada en e ¡atrio del templo, ció un sermón, sentido elogio por las víctitocaron la Marcha Real; descubriéronse to- mas de la campaña, del cual sería difícil dar dos los presentes, adelantáronse el Sr. Mo- una pálida idea. et y los ministros, los generales Ríos y Bas Cuando un pueblo- -decía el P. Calpena- -earan y el alcalde, Sr. Aguilera, á saludar á tiene una misión que cumplir en la Hislos Reyes, y entraron Sus Majestades en el toria, aunque se conjuren contra él todas templo entre un zaguanete de alabarderos, las desgracias, permanece inconmovible en al ruando del oficial mamr D. Fernando de medio de la tormenta, porque tiene fe en su Liñán. ideal, porque sabe que no ha de abandonarDon Alfonso llevaba uniforme de capitán le el brazo omnipotente de Dios. general, con casco y capote gris, y sobre Justificó la misión del pueblo español de éste, la banda roja del Mérito Militar; la llevar las luces de la civilización al contiReina D. Victoria vestía de negro, con abri- nente africano por las páginas más hermogo de pieles y mantilla, y prendida en el sas de nuestra Historia. Fernando III, Alpecho la medalla con los colores de la ban- fonso el Sabio, Alfonso XI, Isabel I, Cisneda de María Luisa. ros, Carlos V, D. Juan de Austria. Salvó los escollos que el Acta de Algeciras 1 a ceremonia. ofrecía á su discurso, sin que ¡a gloria de Al son de las cornetas y bandas de to- España sufriese el más leve detrimento en nos los Cuerpos que formaban, y acompa- labios del orador. ñando á los abanderados un jefe de cada Si ante una ofensa- -decía- -inferida á la respectiva unidad, entráronse en la iglesia civilización universal y á nuestra patria, 13 las banderas y estandartes y se colocaron nación española no hubiera respondido á su en el altar mayor. destino; si dejándose arrastrar por insidioFue un breve momento verdaderamente sos requerimientos se hubiera degradado solemne. hasta el estremo de tolerar tamaña afrenta, La iglesia presentaba un aspecto brillan- el nombre de España hubiera sido borrado tísimo. En el presbiterio, al lado del Evan- del mapa de las naciones cultas y civilizagelio, y bajo dosel, tomaron asiento Sus Ma- das. Pero España puede levantar hoy la voz jestades. A. la derecha sentóse la Reina ma- en el concierto de las naciones porque ha sadre, y enfrente los Infantes. A la izquierda bido cumplir la misión que Dios, su histode los Reyes ocupan su sitio los altos pala- ria y los pueblos modernos le han confiado. tinos y ayudantes del Rey. A grandes rasgos recordó las fechas más Fuera del presbiterio, al lado de la Epís- brillantes de la guerra del Rif, cantando un tola, se hallaba el Sr. Moret y los ministros himno de gloria en honor del soldado esñe Estado, Gracia y Justicia, Hacienda, Gue- pañol, y sobre todo de la oficialidad, que rra, Marina é Instrucción. tanlieroicamente ha sabido responder á su Enfrente estaba el Cuerpo diplomático tradición gloriosa. extranjero en pleno, desde ios embajadores Gloria á la brillante oficialidad- -decía el de las grandes potencias hasta los represen- rector de San Francisco el Grande; -gloria á tantes- de China y Turquía. esos bizarros campeones de la lucha y del En sus tribunas especiales se veían las triunfo, que, ciegos de amor á España, dirirepresentaciones nutridísimas de los Cuer- gían y enardecían con su personal arrojo, pos colegisladores con sus respectivos ¿pre- desde la vanguardia, buscando los sitios de sidentes (hallándose el Sr. Maura entre mayor peligro para enseñar al soldado á los diputados) del Ayuntamiento, Diputa- despreciar la muerte. Gloria á esa legión de ción provincial, altos Cuerpos- y Tribunales, mártires, Alvarez Cabrera, Ibáñez Marín, etcétera etc. Pintos... y nombró á muchísimos de los héEl resto de la iglesia lo llenaban, en ban- roes que en la gurra han sucumbido en el cos y sillas, muchas distinguidas damas y cumplimiento de su deber. comisiones de los Cuerpos de la guarnición, No sería justo olvidar- -decía en otro pávistiendo el uniforme de campaña los jefes rrafo el Sr. Calpena- -entre las alegrías de y oficiales de las tropas recientemente re- ía victoria la sangre y las vidas que estos gresadas. laureles han costado á España. Cuatro alabarderos daban guardia en los E 1 pueblo español no ha podido incurrir ángulos del severo catafalco levantado en en tan grave preterición porque desde los el centro de la iglesia. Esta se hallaba pro- comienzos de la lucha vimos levantarse, en fusamente iluminada por centenares de lám- medio de la desgracia, un corazón magnáparas eléctricas instaladas en la cornisa nimo, dispuesto, resuelto á derramar todo, alfa. linaje de consuelos sobre los que lloran. Ofició en la ceremonia religiosa el obispo Nuestra Reina, nuestra Soberana, siguiendo de Sión, auxiliado por dos capellanes de San la tradición de las Reinas de España, se ha Francisco, y se cantó una misa de Réquiem de convertido en madre augusta de los desvaMozart y el ofertorio de Beethoven (tocando lidos, en protectora insigne de todos los en el prebisterio las trompetas y clarines; desgraciados. resultó un rnoiaento de sorprendente gran Auxiliada de egregias damas. pudo lograr diosidad) La orquesta del maestro Mateos que la suscripción nacional, debida á su rey el coro de hombres y niños tocaron y can- gia iniciativa, lleve el óbolo de la caridad taron además el y el Agnus de Es- al herido, al huérfano, á la madre, á la eslava, el Réquiem y el laietame de Mateos y posa, que lloran la muerte de seres queriel Parce, dominé, del misino ilustre compo- dos arrebatados á su amor. sitor. España- -añadía el orador, -hoy como tiirsitio preferente presenciaron la cere- ayer, al plantar su pabellón ea el suelo afrii en el presbiterio, el nuncio de Su cano, no lleva la idea mezquina de poseer unos kilómetros más de territorio N destino es derramar las luces de 3 a civilización en el espíritu de aquellas razas encorvadas bajo el fatalismo. Nuestra civilización es la civilización cristiana, la civilización de la verdad, y la verdad es siempre luz. Yerran los que se fingea que nosotros pretendemos clavar la idea cristiana con la punta de nuestras espadas. Las armas de la civilización cristiana son la persuasión y el ejemplo. Acabó el discurso con conmovedoras frases, pidiendo oraciones y lágrimas por ios héroes muertos en la gxierra. El hermoso panegírico del padre Calpena produjo en el auditorio honda impresión, y en más de un rostro femenino, velado por las tocas de la viudez ó de la orfandad, ó que reflejaba el dolor por el hijo perdido, asomó el llanto copioso ante 3 a evocación de sus pesares. A la una menos cuarto terminó el acto, y la familia Real salió del templo con los mismos honores que á la llegada se le habían tributado SS. JIM. y AA. hasta la mitad de la plaza de San Francisco, y detrás de las augustas personas ss colocaron los dignatarios palatinos, ministros y gran parte del elemento oficial, para presenciar el desfile de las fuerzas que habían formado la carrera. Verificóse al mando del general Alfau, desfilando primero el 2 regimiento montado; después, las seis compañías de los seis batallones de Cazadores, los dos escuadrones de Lanceros de la Reina y D ¡agones de Lusitania, Ingenieros. Admmüsíi ación, Guardia civil y Milicianos. Al pasar ante el Monarca, los soldados daban con entusiasmo un viva al Rey y los abanderados rendían la enseña patria ante el Monarca, quien contestaba. con orofundo saaido. Fue el desfile un acto marcial, brillante y simpático, que duró poco más de un cuarto de hora y que el público comentó favorablemente, más aún por recordar lo sucedido días pasados por imprevisiones indisculpables. A la una lastrólas marcharon á sus cuarteles, y los Reyes é Infantes á Palacio, donde llegaron sin incidente alguno. La acumulación de carruajes particulares y oficiales fue tal, que tardó más rte una hora en quedar despejada la p a ¿a de San Francisco. L D esfile. salieron A pie Dijimos el domingo que el príncipe áe Asturias y el infante D. Jaime presenciaron y aplaudieron el desfile de las tropas que regresaban de Melilla vistiendo el uniforme de soldados de Infantería. El príncipe de Asturias vestía, en efecto, dicho uniforme, pues ya es sabido que íaé filiado como soldado de la prmera compañía del regimiento inmemorial del Rey, primero de nuestra Infantería; pero el ínfantito D. Jaime lució el sábado por vez primera el uniforme de artillero, y tino de estos días saldrá la Real orden para su filiación en el cuarto regimiento ligero de campaña de dicho Cuerpo Se acentúa la mejoría en el estado de Su Alteza el príncipe Leopoldo de Battenberg, cuyo estado puede estimarse corso satisfactorio. Si no sobreviene complicación ninguna, pasados unos días marchará la Corte á Sevilla, y con ella el augusto enfermo. Desde Sevilla, el príncipe Leopoldo se dirigirá á Gibraltar, donde se propone pjsar una temporada,