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A B C. -MARTES a 5 DE ENERO DE 1910. EDICIÓN i. PAG. 4, de esa unión nacieron dos niñas. Al cabo de algunos años María Reid y Mr. Parckhurst se divorciaron. La primera emprendió pntonces un largo viaje por Europa. Conoció al príncipe Rospigliosi, que tieue ahora sesenta y un años y que pertenece á una familia muy aristocrática, cuyo origen remonta al siglo xiv. El Príncipe y la americana se conocieron y se amaron; pero la curia romana se negó (á anular el matrimonio religioso contraído por la joven yanqui con Mr. Parckhurst. El príncipe Rospigliosi celebró entonces su matrimonio civil con María Reid. Los amigos del Príncipe realizaron grandes esfuerzos para conseguir ía anulación del primer matrimonio contraído en América por la Princesa, alegando que el primer marido de ésta no había sido bautizado. Pero las Congregaciones romanas se negaron á ello. Acudieron á la Rota y ésta Jia confirmado la validez, y, por lo tanto, la indisolubilidad del primer matrimonio. De manera que, según la Iglesia romana, la Princesa continúa siendo la esoosa de Mr. Parckhurst. Este fallo ha causado en los Círculos aristocráticos una penosa impresión. Los príncipes Rospigliosi, si quieren observar las leyes de la Iglesia, debieran separarse. Pero esto no sucederá, porque de esa unión nacieron dos hijos: una niña, llamada Francisca, que nació e ¡2 de Abril de 1902, y un niño, el heredero del título, que vino al mundo el 27 de Agosto de 1907. En el almanaque de Gotha. 1 la princesa Rospiglicsi se llama María, viuda de Parckhurst, née Reid. FRANCO FRANCHI pues el Sr. Del Valle permaneció en la región de Bem- Buifmr desde que comenzaron las gestiones de venta por parte del Roghi, y conoce perfectamente, por consecuencia, el criadero que aquel enajenó, las muestras recientemente recogidas por la Comisión serán examinadas muy en breve por los individuos que forman la del Mapa Geológico. El criadero de Tres Forcas no pudo ser visitado por la rapidez del viaje; pero se asegura que los trabajos de reconocimiento han dado ya unas mil toneladas de mineral de tan excelente calidad como el de BeniBuifrur; y respecto á plomos, aunque los ingenieros no han estado en la mina francesa, saben que existen varios filones, qutpor cierto fueron explotados por los moros hace algunos años, aunque á escasísima profundidad. Es, pues, innegable la riqueza minera del Rif, y si á esto se añade que los criaderos son, por su situación, á propósito para una explotación rápida y grande, pues el mineral puede embarcar al pie mismo de las minas para transportarlo á Melilla, fácilmente se comprenderá la importancia que tiene para nosotros cuanto con esta cuestión se relaciona. Y ponemos fin á estoá trabajos recogiendo respecto al problema forestal en Melilla la opinión del Sr. Armenteras, distinguidísimo ingeniero de Montes, que acompañó en su viaje al ministro de Fomento. ¿Qué es- -dice aquél- -el territorio del Rif desde el punto de vista forestal? Quien haya recorrida sus valles y montañas, observado su suelo y su vegetación, y no esté dominada por el prejuicio de ver en África un mundo distinto de Europa, tendrá que reconocer jue no es más que una parte de la provincia de Almería, prolongada á través del Mediterráneo. E 1 problema forestal está en realidad planteado en el Norte de África en los mismos términos que en aquellas regiones de España en que la tala ha destruido los montes, y el régimen torrencial se ha hecho dueño del territorio, salvo las modificaciones que señalen la constitución de la propiedad- y nuestras relaciones con los naturales del país. Tras la inmensa llanura que se extiende desde Melilla al Muluya, levantanse montañas de terreno eruptivo en forma verdaderamente caprichosa, y difícil, si no imposible, de sintetizar en uno, dos ó tres sistemas orográficos, con altitudes de unos 900 metros en el urugú, 700 en el Huissan sobre las minas de Seni- Buifrur y otros 900 en el pico Peineta, de la cabila de Quebdaña. Esta forma caprichosa y estas altitudes han de originar necesariamente pendientes abruptas y laderas escarpadas, sólo susceptibles del cultivo de los montes, dejando para el agrícola el fondo de los valles y la tierra de las hondonadas y de los repliegues del terreno. Probablemente más de una tercera parte de este territorio no admitirá más cultivo que el forestal. Apena el ánimo tender xa mirada por aquella región, pues no se descubre en ella, no sólo un bosque, sino ni siquiera un pequeñísimo rodal que anímela montaña ó un soto que preste frescura y alegría al valle. Tampoco se ven montes bajos; la vegetación arbustiva es muy escasa y análoga, si no igual, á la nuestra del Mediodía; el pasto, pobre; y para que él problema forestal se muestre en todos sus aspectos, hay en la costa una larga cinta de arenas que en algunos puntos inician los caracteres distintivos y temibles de la duna. No existe, pues, en nuestras posesiones del Rif riqueza forestal que explotar; pero en cambio hay en ellas mucho, muchísimo esta obra de regeneración forestal, aunque difícil, será secundada por su clima benigno y por la abundancia de aguas subterráneas, de fácil alumbramiento, según todos los indicios permiten suponer. En conclusión, se establecerá en plazo breve un vivero de árboles entre Melilla y el campamento del Hipódromo, y una vez que aquél se haya obtenido se pensará en comenzar la repoblación forestal, á riesgo de que no obtenga el respeto debido por parte de los indígenas él acotamiento necesario para las plantaciones. Y de otras dificultades que el ministro de Fomento tratará de allanar en interés de todos. MANUEL TERCERO DE NUESTRO CORRESPONSAL A B C EN BERLÍN y AS CONCESIONES DE M I J a m á s ha ÑAS EN MARRÜcCus sido un ministro de Estado en Prusia Jan encarnizadamente combatido como lo es actualmente el barón voaSchoen, á quien la Prensa nacionalista, como la de la oposición ha declarado guerra implacable, sin detenerse ante las aserciones más injuriosas; -las calumnias más indignas y los ataques; más mezquinos, llevando la tacañería hasta el punto de hacer un crimen de Estado de unas tarjetas de visita en francés que solía usar en sus relaciones con el Cuerpo diplomático. Desde entonces no le llaman más que Lt barón de Schoen- LAS OBRAS PUBLICAS í- EN MELJLLA C u nuestro deseo de completar las notas que acerca del plan de obras públicas en el Rif hemos recogido y venimos publicando en estas columnas, interrogamos á los ingenieros de Minas Sres. Adaro y Del Valle sobre la importancia de los criaderos de hierro que existen en Beni- Buifrur, ya que, si bien se ha escrito y hablado mucho de estas minas antes, en y después de la guerra, no habían sido visitadas por comisión oficial alguna hasta que el actual ministro de Fomento así lo dispuso. Los informes que dichos comisionados nos proporcionaron son, claro está, muy breves, pues no habían de dar á la publicidad íntegramente sus observaciones, ni era cosa de anticipar el resultado de los estudios que habrán de condensarse en la Memoria que en su día elevarán al Sr. Gasset los ingenieros; pero, aun así, creemos de interés referir algo de lo que en el aludido trabajo ha de consignarse. La importancia de las minas de Bem- Buiirur adviértese cinco ó seis kilómetros antes de llegar al criadero, pues en el río Huissan, y á la distancia mencionada, descúbrense grandes trozos de mineral que han sido arrastrados por las lluvias. Avanzando hacia el monte que da nombre al citado río, encuéntranse los más importantes afloramientos, y en el Lasara vense crestones que representan muchísimos millones de toneladas de mineral muy bueno. Este se halla constituido por oligistos y por hierro magnético que de su examen arroja un 68 por 100 de hierro metálico, que es casi lo que tiene el químicamente puro, que no pasa del 72. ¿Cabe, paes, negar la riquezas de estos extraordinarios criaderos? El tipo del mineral es el de los de contacto entre roca eruptiva, pizarras y calizas, y aunque, como decimos, ha sido estudiado. que hacer para dar valor á sus terrenos, y Uno de los pretextos de esta campan tan feroz como injusta, es el asunto Mannesmann, embrollado de suyo, haciéndole cargo de no defender con la debida energía los intereses de Alemania y de acoger, por el contrario, con exagerada benevolencia las reclamaciones del extranjero en general y de la Unión des Mines Marocaines particularmente, y á fuerza de polémicas apasionadas han llegado á hacer de este asunto, que hubiera debido conservar su carácter puramente jurídico- mercantil, una cuestión de alta política. Mientras España, para apoderarse de una pequeña parte de nuestras concesiones; -dicen los hermanos Mannesman, -no ha retrocedido ante una guerra sangrienta, mientras Francia defiende con sus soldados las empresas mineras de los subditos iraníceses en las cercanías de Udschda y de Beni- Snassen, sólo el Gobierno alemán se cree obligado á respetar una resolueiór (20 de Agosto de 190 SÍ que no es válida, y eso en menoscabo de los intereses alemanes. El barón von Schoen, que no habíajomiti do nada para tratar de salvarles á los Man; nesmann lo que fuera posible salvarles en vista del poco fundamento de sus pretensión nes, perdió indudablemente la paciencia, y ante el temor de ver extraviada la opinióa pública, decidió presentar al Reichstag un Libro Blanco sobre la cuestión. Consta de diez y siete páginas, y desde luego se desprende de los documentos ofi; cíales que encierra y de su argumentación que las reivindicaciones de los hermanos Mannesmann son indefendibles. En efecto, el 20 de Agosto de 1908, las na ciones firmantes del Acta de Algeciras celebraron un convenio según el cual el Sultán no podría crear una ley minera sin consulta previa de las naciones, y que únicamente después de ser discutida y aprobada en común es cuando esa ley podría ser promuK gada. Pocas semanas después de este acuerdo, complemento del artículo 112 del Acta de Algeciras, cuyo objeto era precisamente evitar el establecimiento de monopolios, ¡os iprnn umwiiui