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ABC 24 DE ENERO DE i 9 io. EDICIÓN i. PAG. cho oir su voz discreta y sobña eü las Uní versidades y Colegios, ka impresión que deja es sumamente simpática. No ha perseguido el reclamo ni el dinero; -se ha ceñido á sus temas de catedrático; los estudiantes le aman, las personas caitas le respetan. En estos últimos años no ha tenido España mejor intermediario ni mayor propagandas ta que D. Rafael Alta mira. No ha deslumhrado con su ciencia, pero su tono grave da profesor deja en el alto público argentino un recuerdo que tardará mucho tieaino en borrarse. JOSÉ MARÍA SALA. VERRIA Inmediatamente y á ambos lados se fíat. flamantes obsesionaban á los gloriosos liteColocado las tribunas para los Cuerpos co ratos europeos. De repente, dos afamados gisladores, Diputación, Ayuntamiento v do- escritores anunciaron su viaje á la Argentirnas Centros oficiales. ia: eran Anatolio France y Vicente Blasco Predicará, como ya habíamos taaibiéa báñez. íío bien anunciaron su viaje estos anunciado, el elocuente orador sagrado páí- escritores, salieron dos catedráticos á anundre Calpena. ciar también su excursión á América: eran Unamuno y Altamira. Pero el Sr. Uaamumo, remiso y cauteloso como siempre, susDB NUESTRO ENVIADO ESPECIA! pendió su anunciado viaje. ¿Por qué. Pro bablemente porque olfateó el negocio y olió á chamusquina. Aquí tenemos á los tres conferenciantes: France, Blasco Ibiñez y Altamira. Los tres 1 OS CONFERENCIAN- Todas las épocas han venido simultáneamente, y á pesar de que no he logrado alcanzar sus conferenTE. E uar h a n alimentado cias, el eco de ellas se conservaba todavía Tfc. Sfc. UROH S SUCOrrespondien fresco y vivo cuando yo llegué. Voy á rete leyenda del vellocino de oro los pue ferir franca y sencillamente la impresión, blos, como las personas, no pueden vivir sii la huella, el rastro, que los tres conferenilusiones. Los griegos tuvieron la ilusión ciantes han dejado en la opinión argentina. del vellocino; en la Edad Media se mantuLa clases refinadas de Buenos Aires covo la fantasía de las Cruzadas; más tarde nocían de antiguo á An atole France; no así vino la ilusión del oro de ipango y de Ca- el pueblo, la clase media y la burguesía. tey; después se descubrieron las Indias, y Llegó el ilustre literato francés, y se procu dia Europa se volvió demente de ambi- ró tratarlo con gran halago. Pero este bueción. En el pueblo bajo persiste aún la le- no de Anatole France, escéptico redomado yenda de América, y buena prueba de ello y, como buen francés, desdeñoso, consideró son esas emigraciones en masa, que van en que los argentinos no se merecían ningún busca de las riquezas fortuitas y asombrosas. esfuerzo intelectual; y así pensando les leyó Pero todos somos pueblo en lo que se un trabajo que se refería á Rabelais. El tra refiere á leyendas y fantasías. Se nos raspa bajo era una repetición de ideas anteriores; un poco á los que presumimos de intelec- no decía nada nuevo, ni tenía gran colorido tuales, y apárese el individuo crédulo y fan- ni condiciones conferenciales. El público taseador. Así, pues, el pueblo sueña con el acudió á la primera sesión... A la segunda oro americano, y los intelectualessueñan con sesión acudió menos público... La última lo mismo. ¡Es tan seductora la fortuna ¡es conferencia la recitó el autor aute. ciucueutan dolorosa la privación del dinero, sobre ta personas... Le dieron un banquete de destoco cuando se tiene la capacidad refinada pedida, hubo brindis y apoteosis, y Anato para todos los placeres del arte, de la moli- lio France se volvió á París con la cartera cie, de los viajes, de la independencia... Si repleta. Y los argenntinos quedaron un poco el pueblo de Europa sueña mucho con el decepcionados oro de América, los escritores y los sabios Por este mismo tiempo pisaoa Blasco Ibásueñan todavía más con ese oro prolífico. Y ñez las playas argentinas. ¡Oh, qué grandioal efecto, en estos últimos años ha ocurrido so recibimiento el que le hicieron! Cuentan una emigración extraña, compuesta de no- los más veraces que no bajarían de 20030 velistas, historiadores y periodistas. Para los espectadores de aquella recepción eu el explotar la ubérrima América, estos nuevos puerto. El más inteligente reclamo había emigrantes iian echado mano de un gran precedido la llegada del novelista. La Prenarbitrio, que consiste en las conferencias. Se sa española le dedicó largos y calurosos ardan conferencias públicas á tanto la ¡entra- tículos; en los puertos de tránsito salían coda, se dicen cuatro cosas ligeras, llueve el misiones á agasajarle; la Prensa argentina dinero, y el conferenciante vuelve á su pa- se hallaba también admirablemente prepatria tan feliz. La misma vanidad de los jó- rada. Además de esto, la colonia española, venes pueblos americanos es un gran acica- por lo mismo que está compuesta de gente te para esta clase de conferencias: los ame- humilde, aunque rica, quiso extremar sus ricanos quieren que se les distinga, y como halagos á la gloria literaria de mayor sonosu veneración por Europa es ilimitada, aco- ridad en España. Fue una recepción brigen á las lumbreras europeas con sorpren- llante y fastuosa, de las que hacen época en dente cariño. la vida de los pueblos. Y empezaron las conEl primero en llegar a tmenos Aires me ferenciaJ. el célebre historiador romano Guillermo FeHabló de mucosas entretenidas, del modo rrero. Les habló de la Historia de Roma, y de hacer novelas, de la música de Wagner y parece que los bonaerenses no quedaron de la literatura de Víctor Hugo. Todos vemuy contentos; la Historia de Roma, les im- nían á oirle. Todos, á porfía, querían estreportaba un pitoche... Así lo declaró el mis- charle la mano, rozarle la ropa, verle de mo Ferrero en un trabajo que posteriormen- cerca... Entonces se operó un fenómeno muy te publicó el Hgaro, de París. Pero Guiller- lamentable. Fue que los admiradores se llamo Ferrero era un ilustre historiador, y maron á engaño y la persona les resultó auaque la materia de sus conferencias no demasiado humana. Humano, demasiado fuese del todo interesante, el público argen- humano... Podrían repetir los argentinos tino agradeció el honor dp haber oído á como Nieízsche. una celebridad europea. Pero Blasco Ibauez, como Enrique Ferri, Animado por el éxito financiero de su venía á trabajar y no á perder el tiempo. Ha compatriota, llegó poco después el catedrá- trabajado tan prudentemente, que los más tico y jefe socialista Enrique Ferri. Este se- enterados le calculan medio millón de gañor no tuvo inconveniente en confesar que nancias líquidas. Ahora termina su excursu viaje á América sólo obedecía al deseo sión. Tal vez no le despidan con la misma de ganar dinero, puesto que toda la vida se furia apologética con que le recibieroa. El la había pasado trabajando por la gloria ó se marcha feliz, pero ha cerrado la puerta á por el ideal. La vejez se acercaba y neeesi- los otros conferenciantes. El que quiera vetaba dinero. Venía á buscarlo á Buenos Ai- nir después tendrá que sufrir las consecuenres. Efectivamente, pronunció unas confe- cias del estado de ánimo de los argentinos. rencias un poco teatrales, halagó á los ar- Los argentinos están, como vulgarmente gentinos, los llamó el pueblo del porve suele decirse, escamados. Maestro Unamunir y el granero del mundo y se volvic no, hace usted bien en suspender su viaje á S Italia henchido de billetes del Banco. Buenos Aires: aguarde mejor ocasión. Pero el dinero es lo mismo que el atn H Como reactivo á todos estos excesos conao puede ocultarse. Los billetes que É 8 erentistas, el catediático Altamira ha he ¡a re. m ¿trjtac óttvíLqasUos ¿rara PASEOS BJÍIOS Aires, rjciembre, 2o, I900, EXPOSICIÓN NOTABLE POR LOS INVÁLIDOS DE LA GUERRA. p s t a tarde inaugurará Su Majestad el Reys acompañado de las reinas doña Victoria, y doña Cristina, y de S 3. AA. RR. la Exposición que á beneficio de los infortunados que en la campaña del Rif quedaron inválidos ha organizado el Círculo de Bellas Artes de Madrid, por feliz iniciativa de su secretario, D. Salvador Viniegra, y con el generoso concurso de ilustres v distinguidos artista 13. De espsrar es que á los altos estímulos que ha puesto á contribución el esfuerzo de la comisión organizadora responda espléididamsnte, como siempre en casos análogos, el público, dado el carácter y fines de la Exposición, haciendo honot á la munificencia y respetabilidad de los autores de cuadros y esculturas donados y galardonando por tal modo el denodado arranque heroico que paró en desgracia. Instalada esta benéfica Exposición en. nuestro saló a de lectura, todas las tardes podrá ser visitada y presentadas en ella las ofertas para la adquisición de las obras expuestas. A ello invitan, de cara al éxito, las firmas de los expositores, entre los cuales se hallan mezclados con los maestros tiempo ha consagrados por la crítica y la opinión los nombres de esa legión nueva de artistas que, orientados hacia diversas tendencias y probando sus facultades en distintas escuelas, están ganosos de triunfar por obra y gracia de un estilo personalísimo. Tendrán, pues, donde elegir los aficiona dos y amantes del arte y cuantos gusten atesorar firmas de buenos artistas. Así, en paisajes, concurren Enrique Serra, Beruete (D. Aureliano) Tomás Martín, An? drade, Esteban, Regoyos, Llaneces, Mas- riera, Mota, Maura Montaner (D. A. Aven daño, Olíver y otros. Muñoz Degraín presenta ¿ína peregrina puesta del sol en el mar. Entre los cuadros de figura son de notae los de Madrazo (D. Ricardo) Hermoso, Vi- niegra, Juan Antonio Benllinre, Pablo dQ Béjar, Güi y Roig, Maximino Peña y tan tos más. Flores y frutas han pintado Jsilia Alcay de, Trinidad Francés, María Vallcorba, M. de Rivera, Alfredo Soaso v Akraso Mon- tero. Bodegones, Carmona y Fernández Somera; Llasera, la Celda del ftáil Jadraque, la figura de un lego destacada de un coro del Renacimiento; Hidalgo Caviedes, un dibuja á pluma; Morelli, la famosa carga de núes- tra Caballería en Taxdirt; cttatro excelentes grabados, Bartolomé Maura; unas marinas, Ernesto Roma y Jáuregui; aguas fuertes, Espina y Tersol, y caricaturas. Moraleda y Karicato. Y vaya, eu fin, como anticipo de programa y leve idea del conjunto, el concurso de a escultura á- asta, iniciativa patnót -a, con HltlWIIHIt. iitiiimuaumtJ ni i ¡mmuiiu iMiin