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A B C. DOMINGO 23 DE ENERO DE igso. EDICIÓN i. PAG, ¡o, AI pasar el general Alfau, el es ministro de la Guerra general Linares, que se en contraba con el Sr. Dato, el marqués del Vadillo, el Sr. Sánchez Guerra y el Sr. Osma, le saiudó con un ¡Viva el Ejército! jViva España! El bizarro Aifau contestó desde el caballo al general Linares. ¡A usted se debe todo, mi general! 1 Al pasar Barbastro saludaron muchos al capitán Liniers. Con dicho batallón iba su guía riíeño, llamando la atención con su blanco jaique. Con las fuerzas de Caballería, y vistiendo el uniforme de nuestro Ejército, venían otros moros alistados voluntariamente en aquellos Cuerpos. Los estudiantes fueron una nota simpática. Cerca de la tribuna pasaron los de Ciencias, que al ver al Sr. Dato y al marqués del Vadillo les saludaron con vítores. EN EL CIRCULO DE BELLAS ARTES las doce y cuarto llegó frente al Circulo de Bellas Artes la cabeza de la columna. El general Tovar se detuvo un instante y recibió de manos del Sr. Viniegra, secretario del Círculo, la corona de cobre dorado á fuego qne dicho Centro dedica á la brigada de Madrid. Los balcones del Círculo estaban adornados con tapices y con escudos de siemprevivas, rodeados de artísticas guirnaldas de íollaje. El escudo del centro, mayor que los faeuiás, representaba á Marte, y los demás ostentaban los atributos de los distintos Puerpos que desfilaban: un castillo, dos cañones entrelazados, dos banderas entrelazadas también y una corneta de Cazadores. Los socios del Círculo arrojaron infinidad de ramos de flores y prorrumpieron en viVas á España y al Ejército, que fueron contestados por la multitud. T etrás del general Tovar y de su Estado Mayor venían unos cuantos gastadores de Cazadores, algunos de ellos llevados a hombros por el pueblo, y luego una muchedumbre inmensa. Como que durante diez minutos no se volvió á ver un soldado. Al cabo de esos diez minutos volvieron á desfilar los Cazadores uno por uno y abriéndose paso con gran dificultad. ten Gobernación. El desfile se hizo también lentamente por la Puerta de Sol, que parecía un hormiguero humano. Tan lentamente, que duró nada menos que dos horas y cuarto. t, A jp n los balcones del ministerio de la Go bernación hallábanse los representaníes del Cuerpo Diplomático con sus señoras y los representantes del Ayuntamiento de Valencia, que fueron objeto de especiales felicitaciones por su patriótico proceder. Desde ese Centro cayó sobre nuestros soldados una verdadera lluvia de ñores. Los invitados del Sr. Moreí, durante el desfile y después de él, fueron obsequiados con un espléndido hmch. EN LA CALLE MAYOR 1 a calle Mayor, como todas las calles del tránsito, ofrecía tía hermosísimo aspecto. Los balcones colgados y repletos de gente, en su mayoría hermosas mujeres, esperaban impacientes el paso de la tropa para saludar y arrojar ramos de flores y coronas ie laurel. Desde la plaza de la Caza, y por la acera de Platerías, hasta la calle de Santiago, se hallaba formada la Cruz Roja: distritos de la Universidad, Latina, Congreso, Hospital, Inclusa y Buenavista; comisiones de Tetuán de las Victorias, Alcázar de San Juan, Aranjuezy El Escorial, además de una representación de la Asamblea Suprema, que formaban los Sres, Castellini, Criado y Ca- La calle Mayor, lo repetimos, ofrecía un aspecto imponentísimo por el gentío a í acumulado. Por entre la muchedumbre cruzaron algunos cazadores, que averiguamos eran acemileros que, destacándose de sus regimientos, llevaron las acémilas al cuartel de San Francisco. os chicos del Hospicio. Constituyen una nota característica de madrileñismo neto, y, claro es, ayer no podían faltar Formados en su batallón iuiantil, y con la banda de música á la cabeza, cubrieron la carrera en la calle Mayor, en el trozo que comprende las fachadas del Gobierno civil y del Ayuntamiento. La banda, dirigida por su nuevo jefe el Sr. Revilla, ejecutó alegres pasodobles, y cuando empezaron á desfilar los batallones de Cazadores, así como las otras unidades de Caballería y Artillería, los pequeños saludaban á ias respectivas banderas y estandartes á los acordes de la Marcha Real. Nota curiosa. Casi todos los soldados, que, henchidos de júbilo, regresaban al hogar, al encontrar al paso á los diminutos militares los estrechaban en prolongado abrazo, como si quisiesen expresar su cariño al pueblo que tan entusiásticamente los recibía, en las personas de aquellos sus desamparados hijos. Muchos de los soldados que formaban en las charangas, y aun el jefe de una de ellas, habían sido asilados en su infancia, y- en éstos las muestras de júbilo eran aún mayores, llegando á besar á los muchachos y á la bandera, enseña del batallón infantil. Todos los muchachos, al igual de los soldados que llegaban, estaban cubiertos de flores y de hojas de laurel que les arrojaban desde los balcones; también con flores y con laurel cubrían sus fusiles; ¡quién sabe si en algunos de esos pequeñuelos, estarán los héroes de mañana! Cuatro horas estuvieron á pie firme los muchachos, pero gozosos, contentos, poseídos de la alta misión que cumplían. Además, el diputado visitador del establecimiento, Sr. Ohavarri, había cuidado que á los minúsculos soldados, antes de formar, se les diese un rancho extraordinario constituido por una paella. Terminada la formación, y detrás de los últimos soldados, desfiló el batallón infantil á los acordes de la banda por delante de Palacio, y entonces los chicos del Hospicio prorrumpieron en vivas al Rey, á la Reina y al Ejército, eritando hasta desgañiiarse. Para ellos, el día de ayer será eternamente memorable. EN LA PLAZA. DE LA VILLA RTu este sitio, que fue uno de ios más animados durante el desfile, habían sido levantadas dos tribunas á ambos lados de la estatua del marqués de Santa Cruz. La tribuna de la izquierda estaba ocupada por los jefes, oficiales, -clases y soldados heridos é íuválidos de la campaña, á quienes la ofreció galantemente el Municipio. En la tribuna de la derecha se instaló la banda municipal, á cuyo frente se encontraba el maestro Villa. Entre las dos tribunas, ante la estatua, formó la compañía de Milicianos, con bandera. Los balcones de la Casa de Aa. Villa fueron ocupados desde primera hora por gran número de distinguidas señoras y señoritas. Y cerca del Ayuntamiento se situaron los batallones infantiles del Hospicio y Santa Cristina, con sus bandas de música. La animación era extraordinaria en aquellas inmediaciones, contribuyendo á ello las alegres marchas y pasodobles que, con su maestría acostumbrada, hizo oír la banda rnuniciw! d -i 0 media maraño. HERPES DE LA CAMPAÑXI a tribuna de los heridos estaba rebosan 1 te, llenándola aguerridos oficiales que se han distinguido por su heroica compor tamiento en la campaña. Entre ellos estaban el coronel Prieto, teniente coronel Moreira, conandantes Gómez Morato, Padín, Ormaechea, Zabillaga Eugenio, Domínguez y Pujol; capitanes He- vella y Carpena. Primeros tenientes Cordón, Saco, Nieto, Villegas, Cebrián, Rubio, Monet, Mezquita, Calvet y Molins, y segundo teniente San Miguel. Sargentos Almansa, Bravo, Bsnito, Sáinz, Hernández y Lar- a; cabos y soldados Gómez, Cuéllar, Castro, Ángel Arcos, Ángel Rodríguez, Juan Carrasco, Am tro Hernández, Francisco Sáez, Mariano Rodenas, -Antonio López. José Díaz, Santiago Barba, Jenaro Pozo, Lorenzo Truchado, Francisco Hernández, Julián Herráiz, Joaquín Águilar, Adolfo Garmilla, Mariano García, Julio Quejada, Jalian Justo, José López Ferrer, Jaan Rodríguez, Salvador Garay, Eufemio Martínez, Gregorio Bravo, Valentía García, Salvador Rodríguez, Federico Montero, Adelmo Buceta, Luis Eiroá, Esteban Rodríguez, Alejandro Juzgado, Fulgencio Madridejos, Juan Francés, Francisco Iglesias, Modesto Calle, Manuel Vázquez, José de Diego, Emilio Guerrero. Julián López. Enrique Gareía, Salvador Ros, Luis García, Dionisio González. Vicente Fernández, Lorenzo Agairre, Feliciano Martínez, Ángel Montero, Manuel de Miguel, Marcelino Fernández, Julián Martín, José Higueras, Martín Laquidain, Mariano Pachón, Aniceto Fernández, Miguel de la Fuente, Manuel Alonso, Antonio Corralero, Pedro Fernández, León Pastor, Felipe Sánchez, Luis Loarte, Martín Cañadilla, Román Gil, Ángel Barragán, Benito García y algunos otros. Algunos de los citados no estaban aún curad os por completo de sus heridas, lie vando todavía cabestrillos y vendajes. espectadores distinguidos. Hacíase notar, sobre todo, el soldado Juan Francés, que se presentó en la tribuna arropado en su manta y cubierta la cabeza de vendajes, que dejan ver afínas, un rostro demacrado, casi cadavérico El aspecto del bravo muchacho conmueve á cuantos nos encontramos á su aire; dedor. Vimos también en la trijbatta al cabo Salustiano Gómez, del batallón de Las Navas, quien, hallándose con las dos piernas atravesadas de un balazo, hizo caso omiso de sus dolores y prestó asistencia á cuarenta y cuatro compañeros. El heroico Salustiano, que relaia alegre- v méate sus hazañas, mereció por este hecho el sobrenombre del Cabo de hierro. i legada de las trapa A las doce y media, bien dadas, na íe jano rumor de vítores y apl asos anuncia que las tropas se aproximan Al llegar á la tribuna ocupada por los he, roicos militares, el general Tovar detiene su caballo y saluda afectuoso á los ocupantes de la tribuna. Estos contestan al saludo del general con atronadores y entusiastas vivas. jConíinúa avaazand el general Tovar y llega ante el edificio del Ayuntamiento, bajo cuyos balcones es esperado por el Concejo en pleno, acompañado de miceros. El alcalde, Sr. Aguilera, se descubrió antt el general Tovar y ptonunció ua elocuente discurso de bienvenida, terminando can vivas á España y al tíjército. Contesta el general con eusoíronadísima acento, y acabd igaalm- Ijcze- ndo ua vi a á Eso y e 1 ri x, iiimni