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A B C, D O M I N G O 23 D E E N E R O D E 19 JO. E D I C I Ó N i. P A U 9. ese sitio, frente á las tribunas de la los teatros de Madrid, situada junto al Sa Apolo. A las diez de la mañana comenzaron á llegar las artistas dispuestas á devolver á los soldados las flores y los aplausos que á ellas dedica el público á diario. Al llegar el general Tovar comenzaron á sonar vivas para él, para el Ejóicito y para España, que no se interrumpieron ni ua solo momento. Los soldados, con la cara risueña, se aproximaban á la tribuna para recoger de manos de las bellas actrices los ramos que aquéllas les brindaban, cruzándose frases de entusiasmo por parte de ellas y de admiración á la hermosura por la de ellos, diciendo algunos: ¡Qué gana teníamos de ver mujeres de verdad! 1 oreto Prado fue una de las más agasaja das, pues los soldados y el público la ovacionaron muchas veces por la alegría y el entusiasmo que ponía al arrojarles ramos de flores y por las batallas que sostuvo cuando creía que alguien hurtaba una rosa ó un clavel á los bravos á quien estaban dedicados. p 1 paso de las banderas, de los jefes, de los moros y de la cantinera de Barbastro fueron momentos muy emocionantes. Las actrices de Apolo repartieron también con profusión los siguientes versos, ea los que se descubre la musa patriótica de? notable escritor Sinesio Delgado: A las tropas que vuelven del Rtf, La sa y artistas del teatro de Apolo. Empn La gente del pueblo se apoderó de ía fuente de la Cibeles, cercándola con espeso las representaciones de esas entidades hi- niuro humano, deseosa de dominar así el cieron entrega de una corona por cada uni- j pintoresco cuadro que presentaba el Salón ¿lad, haciéndose cargo de ellas los ayu- S del Prado. laates. 1 arco del Municipio. l o s soldados y el pueblo. A la entrada de este paseo llamaba la Nuevamente se pusieron las tropas en atención- -desvanecido ya el misterio con iüarcha, sin que hubiera limitación alguna que lo anunció el alcalde- -el arco inmenso para el público, levantado por el Ayuntamiento en honor Hombres y mujeres se confundían con los de las tropas expedicionanas. Con dos essoldados, hasta el extremo de que los ramos calas Magirus del Cuerpo de Bomberos, erde ñores que arrojaban las cigarreras eran guidas en toda su extensión y unidas en puestos en las puntas de los cuchillos del sus extremos por una cuerda recubierta de snaüsser de los soldados, y quienes los po- laurel, quedó armado el arco. Medallones nían eran las mujeres y los hombres, que con el escudo y la corona de España, gallarrompían las filas dando el brazo á los sol- detes de todos colores, estandartes con los dados y marchando en revuelta confusión. nacionales, guirnaldas de flores y hojas de Especialmente los soldados del batallón laurel y panoplias con el instrumental de de Madrid, oasi todos llevaban un ramo de los bomberos- zapadores, completaban el ornato del arco, que no desdecía de los motiflores en el eachillo. vos de esta solemne manifestación de Madrid ni gravaba el erario municipal en un pjrente al Dos de Mayo. Cuando llegó el batallón de Figueras solo eéntimo. frente al Dos de Mayo, el teniente coronel Allí comenzaba el adorno, con escudos, Sr. Batguete mandó parar en firme y reci- banderas y gallardetes, de todos los postesbió una ovación grande y muchos apreto- del tranvía, nes de manos, correspondiendo á unos y á estudiantes. otros con saludos militares y efusivas son- I osLos estudiantes, en apiñada y larga t risas. frente del También de la tribuna de los Centros fila, ocupaban todo el balcones y Banco por la calle de azoteas de Mspano- marroquíes salieron entusiastas vi- la guardia Alcalá. Los del ministerio de cuvas, y hubo otro rato de entusiasmo gene- yos balcones estaban también la Guerra, descolgados, ral en el público cuando la charanga del bordaban de personas. batallón de Las Navas tocó la marcha de Además de los estandartes de las FaculCádt, al desfilar junto á las cigarreras, sitio sobre la frente al cual se reconcentró todo el público, tades universitarias tremolabanSan Isidro multitud los de los Institutos de pues era donde estaba 5 nota saliente y Escuelas de más Sinceramente entusiasta de todos aque- y Cisneros, los de las de Maestros, Veterinaria Normal Central otros va llos contornos. ríos de distintos Centros docentes y la bandera y orquesta de la Tuna escolar. Cada JQien por las cigarreras! estudiante mostraba en el ojal de la ameri La marcha de la tropa era lenta y fati- cana un lazo, distintivo de la Facultad ó Esgosa; pero aquéllas mujeres no cesaron un cuela á que pertenecía. Hsolo mogianto de gritar, exteriorizando así señalada distribuyeron su entusiasmo; no han sentido cansancio se Antes de la horacestos con ramilletitos de entre ellos dos aquellos bi azos en el continuo agitar de los pañuelos ni les ha faltado una frase de lás- flores valencianas. La aglomeracióu era tal, tima para el que presentaba una cicatriz ó que, vaciados pronto los cestos, éstos fueron mano por encima del denotaba en su rostió los trabajos sufridos, pasando de mano enbotando y deshechos á gentío hasta llegar ni un piropo pata el buen mozo que lucía su la puerta del Banco. marcialidad al marchar. omentos de ansiedad. De lo único que acabaron pronto fue de Al dar las once en el reloj de nuestro arrojar flores. Los doce cestos se agotaron con ios píimeios soldados. ¡Tocias las que primer establecimiento de crédito se produjo un fuerte movimiento de oleaje en la multiraban les pafecían pocas! titud, que esperaba el avance y desfile de A la una acabaron de pasar los Cazadores las tropas. La ansiedad era grande. Antes de pasar la primera compañía de por el Salón del Prado, y á esa hora una buena parte del público comenzó á des- Madrid interrumpióse la marcha de las tropas, cada vez más difícil, por haberse confilar. EN LA PLAZAJDE CASTELAR fundido con los soldados los paisanos y co haber abierto éstos calle para que el desfile p o m o se instaló el público, no se desluciese. A las diez de la mañana no se podía Esta circunstancia obligó á los jefes y ya dar un paso por la ancha explanada de oficiales á ordenar que los soldados avanla Cibeles. Era una masa apretada, maciza, zaran uno por uno, y con ello perdió el desde público la que invadía aquella extensión, file uno de sus mejores encantos. que en su parte alia, sn dirección á la PuerCalladas las músicas, en desorden las ta de Alcalá, cerraba en semicírculo el Real compañías y con un ambiente de polvo que Automóvil Club con sus carruajes y otros ahogaba por el fuerte y frío viento que se muchos, de aristócratas en su mayoría, ocu- levantó, atenuóse en los alrededores del pados por señoras. Banco el entusiasmo de la gente. El Banco de España- -como casi todos los Sin embargo, no dejó aquél de manifesestablecimientos y casas por donde habían tarse al paso de las banderas y al ver á los de desfilar ias tropas- -había engalanado moros que, por su lealtad á España, camisus balcones, en los cuales se destacaban naban entre los caballos de los jefes de los bellas damas batallones de Barbastro y Figueras. En las obras del nuevo palacio de Correos A la una y media de la tarde aun no haresaltaban dos anchas franjas con los colo- bía terminado el desfile por la plaza de Casres nacionales: una á la altura del segundo telar. pjso y otia en la parte baja, que ceñía tamY entonces el mal cariz que presentaba el bién la tribuna allí levantada. En el punto tiempo, amenazando lluvia, despejó un tanmás elevado del andamiaje veíase, formado to los alrededores del Banco. con flores y guirnaldas de laurel, el rótulo FRENTE AL TEATRO APOLO ¡Viva España! Unios andamios se había 1l as doce menos minutos, la sección de encaramado un centenar de obreros. Y no fal taroa cap -sías y muchachos que se sula Guardia civil llegaba frente á la tribieron a lo árboles. buna ocupada por las actrices y actores de Cá ámara de Comercio y Circulo Mercantil, E v Son los soldados. Vuelven de tietras africanas desnudos los aceros y al aire las banderas, como al solar volvían en épocas lejanas, vencidas ó triunfantes, las huestes castellanas que las regiones vírgenes hollaron las priojetas Son ellos; son Eíspaña, que cumple s u. destino de propios y de extraños vejada y oprimida, y es para el inundo el guía que lleva ai peregrino con sangre de sus venas maicáadole el camino y abriendo con su muerte las iuentes de la vida Del monte inaccesible se esconde en las cnU añas véneto dé riquezas, inagotable acaso, y Esp iña dice á Europa subiendo á las montañas: A níí, paríl mi gloria, inc sobian mis hazaíias, tú goza del tesoro; ya tienes libre el paso. Y así se portó siempre, y así cruzó las olas para. oírecer al mundo las fértiles pradal a con flores que aun no habían abietto sus. cotola 3; y así al solar tornaion las nuestes españolas, desnudog los aceros y al aire las bandeias 22 de Enero de 1910. A 1 a tribuna del Parlamento. Desde temprano fueron acudiendo ea buen número ios representantes del país, con sus familias, que eran recibidos amablemente por el presidente del Congreso, señor Dato; los secretarios y el oficial ma ¡yor, Sr. Gamoneda. Bien pronto la tribuna quedó ocupada por completo. En ella se reunían senadores y diputados de todos los partidos políticos, desde el carlista marqués de Cerralbo al jefe de los radicales, Sr. Lerroux. Los soldados comenzaron á pasar, sin orden ni concierto, en grupos, en parejas, sueltos, rodeados por el público, envueltos en la enorme masa de gente, estrujados sia compasión, materialmente ahogados. Las banderas aparecían plegadas, amenazadas de riesgo de que pudieran ser arrebatadas por las oleadas de la multitud y arrojadas al suelo en medio de aquella espantosa confusión. En los primeros momentos se pudieron escuchar entusiastas vivas á España y al Ejército. El presidente del Congreso, señor Dato, era el primero en iniciarlos a pasar Jas banderas y los jefes de los distintos batallones. Pero pronto los vivas fueron apagados por la sofocación de las formidables apreturas. Cerca del general Tovar, que iba al frente de la brigada, marchaba un caballo sin jinete, con hojas de laurel. Era el caballa del valiente general Pintos.