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A B C DOMINGO 23 DE ENERO DE 1910. EDICIÓN 1 PAü. 7. Sonó eltrompetln de órdenes tocando pot ultima vez (puesto que la división se disuelve) la contraseña Tovar que alegró los ecos de montes y barrancadas con las alegres notas de La viuda alegre; batióse marcha, y los caballos, asustados, comenzaron á piafar el galopa y á irse á la empinada, con gravísimo riesgo de jinetes v de infantes. EN LAS CUATRO FUENTES I o j primeros momentos. v fl Era el sitio designado para que la columna iniciara el desfile, después de recibir el saludo de las Comisiones que anunciaron el propósito de testimoniar su gratitud y su cariño al ejército victorioso de África, y, sin duda por ello, vióse materialmente ocupado por el público desde las nueve de la mañana. En los alrededores de la estatua de Murillo, en la verja del Jardín Botánico, en las ventanas de la que fue Delegación de Hacienda, en la plaza de la Plateria. de Martínez, en las angostas entradas de las calles de Moratín y Huertas, sobre, los pilones de las fuentes, en las ramas de los árboles, en todas partes, en fin, descubríanse espectadores ávidos de aclamar á los soldados que regresan de la guerra. A las diez en punto llegó al mencionado sitio, para ir preparando la colocación de las fuerzas, el general Tovar, y huelga decir que su presencia fue acogida con vítores y aplausos por cuantos se hallaban situados á lo largo de! Botánico desde la plazoleta del Museo de Pinturas. Poco después llegó una sección ciclista, y al poco rato el batallón de Arapiíes, que, por orden superior y contra loque se había dicho, formaba la cabeza de la columna, El general Tovar, una vez dispuesto el orden de marcha, apeóse del caballo y esperó, en unión del. general Ríos y de varios jefes y oficiales de distintas Arinas, la ¡legada de las comisiones que habían de saludar á los Cazadores. Sus ayudantes, entre los cuales figuraban los capitanes Tovar (hijo del general) y Marina (hijo del comandante en jefe de las tropas áe Melilla) situáronse al lado izquierdo del paseo, á la eutrada de la plaza que forman las tapias del convento de Trinitarias y el edificio de la antigua Administre cióa de Hacienda. El público que no había logrado encaramarse á algún sitio de altura, desbordábase de los andenes para invadir el paseo central, rodeando á ios soldados y á los jefes y haciendo imposible ó muy difícil todo movimiento. De vez etf cuando los guardias municipa- les de á caballo caracoleaban algunos momentos para abrirse paso por la masa humana, y entonces retrocedía la multitud, pisándose, apretándose y empujándose coa fuerza; pero los claros que formaban estos movimientos, volvíanse á llenar acto continuo, sin que los ruegos, órdenes y 1 consejos de las autoridades fueran obedecido? de Estado Mayor D. Manuel Tourné, que en la luctuosa jornada del 27 de Julio en el Barranco del Lobo perdió un hijo, que murió heroica mente al frente de una sección de Cazado- res de Las Navas, entregó la primera corona al abanderado de dicho batallón. Cuantos presenciaron la interesante escena sintieron que sus ojos Lse preñaban de lágrimas. I a Asociación de Propietarios. La segunda corona fue la de la Asociación de Propietarios de Madrid; Condújola una comisión compuesta por los Sres. Romero García, Alonso, el diputado Sr. Gil y Gil y ei secretario D. Faustino, Prieto. PRELIMINARES adnd ha recibido á las tropas con la soleniaidad debida. La capital, en todas sus calles céntricas, amaneció engalanada. Los colores de la bandera brillaban en colgaduras, ea banderas y gallardetes. Brillaban también en infinitos lazos, que los estudiantes ostentaban en los ojales ó en ¡os brazales, y ea las cintas con que las mujeres del pueblo circundaban su peinado. La animación, desde muy temprano, era excepcional, El cierre de los comercios completaba el cariz de gran fiesta que durante todo el día ha presentado la villa y corte. Un solo elemento faltó: el sol. Era la mañana tristona y desapacible. Apresurémonos á consignar que esta circunstancia no restó público; el pueblo de Madrid, iodo Madrid- -y nunca mejor que ahora empleada la írase- -se echó á la calle para acoger con su iplauso á los Cazadores. Y para completar la nota veraz, agiegueluos que lia faltado también un complemento: el orden. Las censuras por esta falta de previsión de las autoridades eran unánimes y severas. La aglomeración ha sido enorme, invencible, y pasada la oportunidad de los priíneros momentos, inevitable ya. Los generales y los Cuerpos no han podido desfilar con lucimiento y brillantez al compás de las músicas, demostrando su gallardía y jnarcialidad... Y los vaivenes de la multitud y los continuos atropellos de la o eada de geule, no sólo impedían la marcha medianamente ordenada, sino que también impedían la continuidad de las explosiones entusiásticas. público haya aguantaao cuatro, emeo, seis ñoras á pie firme, entre empellones, y que á las tres de la tarde aun se oyeran vivas y aplausos en la calle Mayor. I a idea de situar en la plaza de la Villa la tribuna para los heridos fue, en cambio, un gran acierto. El encuentro de los inválidos y de sus compañeros determinó hermosas escenas de honda, indescriptible emoción. Nota saliente fue la prodigalidad dé fíores en algunos sitios. ¿Había acaso un soldado que no las llevase prendidas en el capote ó encañonadas en el fusil? Sobre el brillo délos machetes destacaban por doquier la mancha blanca ó carmesí de las rosas y las dalias. De las tribunas y balcones caía en ocasiones una espesa lluvia de ramilletes. El desfile se inició á las once y cinco; á las doce aun no asomaba el cuartel divisionario por la Puerta del Sol; ya muy cerca de las tres pasaba la Artillería por ante el Ayuntamiento. Los veteranos de África- -todos luciendo hileras de cruces; -el grupo obrero de la la plaza de Madrid, lá columna de estudiantes, los niños de las Escuelas públicas y los del batallón infantil, han prestado con su presencia notas de atractiva simpatía. e l episodio más frecuente en todo el tra yecto fue el abrazo inesperado, sublimemente alevoso, á los soldados por sus parientes, sus amigos. Se lanzaban sobre ellos y los apretujaban, aumentando el desorden en aquel resto de formación. Y los delalles más llamativos, las cantinelas, que levantaban á su paso un runrún de chicoleos, y los mantos, que iban c oafusióu enorme. atónitos, deslumhrados, y fueron también El desorden llegó al sunium. Ni siquie- muy aplaudidos. ra podían conservar unidad los Cuerpos. Cada compañía, cada pelotón, se distanciaba p ormación de la columna. y aun se aislaba entre el gentío. Ni podían Se tocó diana en Leg nés y Caraban llevar el roaso ni pudieron tocar las músicas chel á las seis en punto. A Jas siete, las fuermás que á retazos. La Artillería y los escua- zas hallábanse formadas. Los batallones de drones han hecho milagros de equitación Madrid, Figueras y Earbastro dirigiéronse para no eausar millares de desgracias. á la estación de tGeíafe, y vinieron hasta Digámoslo de una vez con la imparciali- Madrid en tren. Arapiíes, Las Navas y Lle. dad que debemos al público, y porque fue- rena vinieron á pie, por el camino de Carara necio encubrir lo que juzgaron y dijeron banchel, haciendo un alto. cien mil personas la organización ha sido Ea la carretera salió alguna gente á espedesastrosa; en realidad 110 ha existido. rar á la tropa. El Gobierno ha ometido una torpeza inEn el Puente de Toledo había más gente, calificable. y mucha más aún en la ronda de EmbajaHa faltado la majestad imponente del es- dores. Habían allí acudido numerosas fatnipectáculo: el desfile marcial y gallardo de- lias de ios Cazadores, y se renovaban las! as tropas en formación, el pase solemne de escenas de cariño, tan legítimas y propias las banderas, el eco de las músicas... cuanto del día. enardece y levanta el espíritu, cuanto hace A las diez y cuarto, la columna, complegrande y da aureola al Ejército. tada con los regimientos de Artillería y los Debieron formar las tropas para cubrir la escuadrones, formó paralelamente al Botácarrera á las que llegaban, y si no las había nico, llegando á retaguardia más allá de la en Madrid debicion traerse. Los alumnos de Puerta de Atocha, y se destacaron á primelas Academias militares la habrían hecho ra línea los oficiales encargados de recoger ton gusto- -hasta creemos que se habían las coronas. ofrecido para ello. Llegó á poco el capitán general, y pasaron Así, en formación y con la carrera cubier- á la cabeza el general Tovar con el cuartel ta, entraron las tropas cuando volvieron de divisionario y el general Alfau con su Esia otra guerra de África; así entraron tam- tado Mayor. bién las de ia campaña del Norte... Así deUnos cuantos jinetes de la benemérita bieron entrar ayer las de Melilla para que- -los pocos de que podía disponer én aquel su entrada fuese paso triunfal y no paso de lugar el gobernador- -intentaron abrir paso. romería, Inútil intento. La masa de gente envolvió á Eljefe del Gobierno, el ministro de la los generales y á la tropa. No hubo medio Guerra, quienquiera que haya sido el que de hacer á lo menos un angosto espacio de dispuso el acto de ayer en la forma que se un par de metros. 1 realizó, merece la censura unánime de MaLa ola de gente crecía por momentos. En drid entero, plena confusión se tuve que emprender el- Únicamente latiendo el amor al Ejército movimiento de frente minutos después de f á las glorias patrias; únicamente tratán- la llegada del Sr, Moret y del embajador! dose de aaa recepción tan grata y por todos inglés, que, con otros detalles, anotarnos á Vxi bien sentida, concíbese eme la masa de continuación, c La primera corona. El teniente coronel