Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. DOMINGO z 3 DE ENERO DE 1910. EDICIÓN i. ¿PAG. 5: oacedíéfiáo la gran cruz de María Crispina al general Marina. fíldetn grandes cruces del Mérito Militar, llancas, á los generales Palanca, Martín riitúe, Madariaga y Jaqiretot. vCoafirmando en el cargo de la Capitanía general de la cuarta región al capitán general del Ejército D. Valeriano Weyler. 5 Disponiendo que el capitán general don jbamilo Polavieja cese en el cargo de presidente del Consejo Supremo de fin erra y Marina. Concediendo la gran cruz blanca del Mélito Militar á los intendentes de división Antonio Claros y Crespo y D. Ángel Escobar y Alonso de Armiño; á los inspectores médicos de segunda clase D. José Chijeoy y Perrer y D. Pedro Martín y García y jal anditor general del Ejército D. Francisco urbano Fernández, 6 Nombrando para los cargos de director fiel Parque de suministros de Zaragoza y primer jefe áe la quinta Comandancia de tropas de Administración Militar al subintendente militar D. Carlos León y Larnbea. ídem á los tenientes coroneles de Caballería D, Dámaso Berenguer y D. Máximo Pardo para los mandos de los grupos de escuadrones de Melilla y Ceuta, respectivamente, de nueva creación. contar un suicidio y un desgraciadísimo accidente ocurrido á un guardia de Seguridad al apearse de un tranvía. El cometa Halley hizo anoche su presentación en el horizonte de Madrid para lo que ustedes gusten mandar, que lo hará con sumo gubto y fina voluntad. Si anticipó su viaje por presenciar el orden en la comitiva de la mañana, ¡se lució! Por la noche, dos estrenos, Alivio de luto, de Rusiñol, en Lara, cuyo público es de suyo transigente y bonachón, y La niña mimada, en Príce, que entusiasmó hasta el delirio al Senado. En la Comedia se suspendió el estreno de Mi papá. Si no, resulta la noche toda ella de asun. os de familia: Ahvto de lulo, La niña mimada, Mi papá... tiene conciencia de su propio valor, de su trascendencia y de su alta misión. Ayer mismo se vio, cómo cuando algún jefe- -como el Sr. Páez Jaramillo, como el Sr. Bermúdez de Castro- -intentaba poner en orden á sus soldados y los hacía caminar un corto trecho militarmente, la multitud aplaudía llena de entusiasmo, y los vítores y las aclamaciones salían de todos los labios. Pero los esfuerzos eran inútiles; otra vez las filas se cerraban y comenzaba la desordenada desbandada, sin lucimiento y sin gallardía. Error, profundo error ha sido este recibimiento organizado en honor dé ua ejército que tan alto ha puesto el honor de la patria. Olvidemos tan enorme torpeza, y vaya un aplauso entusiasta y cariñoso para quienes con tanto heroísmo se han batido en la tierra africana, AZOR 1 N UNA IMPRESIÓN pocas, muy pocas palabras sobre la entrada ayer, en Madrid, de nuestro admirable ejército de África. La impresión en todos ha sido unánime: impresión de disgusto, de contrariedad y de tristeza. Media hora antes de las once, la caile de Alcalá, amplia y hermosa, estaba repleta, rebosante, de gente. Pocas veces se habrá visto en la vía pública una multitud tan compacta y tan ansiosa de aplaudir. Comenzaron á pasar las tropas, y comenzó el desencanto. El ejército no podía desfilar; las tropas se veían precisadas á atravesar con mil trabajos por entre la muchedumbre. Los soldados desfilaban en pelotones, de dos en dos, de uno en uno; el público se mezclaba con ellos; el desfile se hacía con una gran lentitud. Transcurría el tiempo; poco á poco el público desaparecía; los balcones y tribunas se despoblaban. Comenzó el desfile á las once; á las dos y media duraba todavía. Una profunda tristeza se- reflejaba en todos los semblantes; se veía vivamente contrariados á los dignísimos y valerosos oficiales que mandaban las tropas. Se han hecho mal, muy mal, las cosas. No ha sido ésta la entrada de un ejército vencedor, cuya oficialidad tan alto é inmortal ejemplo ha dado de heroísmo Para realizar una entrada digna de tal ejército, las tropas de Madrid debieron haber cubierto la carrera. Se hubiera tributado con esto un homenaje de admiración y da cariño fraternal del ejército de aquí al ejército que vuelve triunfador. Libre la vía pública, las tropas hubieran desfilado por ella ligeramente, con desenvoltura, con toda la marcialidad y la gallardía propias del Ejército. Hubieran sonado las músicas, y la multitud, enardecida, entusiasmada ante el magnífico espectáculo, hubiera llenado el aire de vítores y aclamaciones. Así todo se hubiera juntado en una visión breve, rápida, intensa, y el desfilar del ejército marcial y ligero hubiera formado un conjunto armónico, de una belleza insuperable, con las ovaciones, el sonar de las músicas y las flores que de los balcones y tribunas se arrojaban. Hoy saldrá la Prensa excusando el fracaso de los organizadores de la recepción con el tópico de la confraternidad del pueblo y el Ejército No es eso; todo es compatible; la confraternidad puede venir luego. Pero el Ejército, ante todo, debe ser Ejército. El Ejército, la impresión suprema, total, que debe producir en la multitud es la de fuerza, orden, autoridad, jerarquía, indestructible é inexorable disciplina. No puede haber impresión más intensa y más bellaque la que produce un ejército que sea como un mecanismo, como an organismo ordenado, rápido, matemático, silencioso. Entonces es cuando se aprecia y se siente intuitivamente todo el alto valor de una fuerza, de la fuerza- -razón suprema, cr tdora de derecho- -que evoluciona, que se mueve con la precisión, rapidez y la seguridad de quien EL PRINCIPE DE BATTENBERG i a indisposición del príncipe Leopoldo de Battenberg, de que ayer dimos cuenta, inspiró en el primer momento alguna in- quietud. El doctor Várela venía curando hace unos días al príncipe Leopoldo una hemorragia nasal. Los médicos dicen que la enfermedad no reviste otra importancia que la de recaer en una naturaleza quebrantada. El Príncipe sufre á ratos fuertes dolores, y para calmarlos se Jle aplican algunas inyecciones. Se ha telegrafiado á Londres para que venga inmediatamente á Madrid el médico que asistió al príncipe Leopoldo en la grave enfermedad que padeció recientemente en aquella capital. Aunque no se ha recibido aviso de su salida, créese que el doctor inglés podrá llegar á Madrid mañana en el sudexpreso. T e cuatro á cinco de la tarde estuvo nue vamente en Palacio el doctor Grinda á visitar á S. A. el príncipe Leopoldo de Battenberg. Halló al enfermo mejor rjue por la mañana. La fiebre, que, según se dice, alcanzó 41 grados, había bajado á 38 y alguna décima. El príncipe tiene dolorosas neuralgiass que se calman con inyecciones Su estado reviste la misma gravedad que alcanzó en Londres. Su Majestad la Reina doña Victoria paso la mañana al lado del lecho de su hermano hasta la hora- del desfile de las tropas. A las tres y minutos, que se levantó de almorzar, volvió á las habitaciones del Príncipe, y en vista de la mejoría fue á las cinco de la tarde á la función del teatro Real en honor del heroico cabo Noval. A esa hora volvió del teatro S. M. la Reina doña María Cristina, constituyéndose al lado del enfermo. El médico inglés que le asistió en Londres llegará á Madrid el lunes, lo más pronto. pv TMMTM 9 W! la ¡TUS e valga Dios, las cosas que se dijeron ayer del tiempo y del Gobierno! El primero fue frío, pero más frío le dejó á Madrid el segando con disponer que las tropas victoriosas entrasen como entraron. F, l pueblo, como siempre, respondió; es la tecla que mejor suena en todas las ocasiones. Abandonó el trabajo, sacrificó jornales, descuidó el aeg- ocio y acudió á su puesto. Vió que no le ponían freno, y se desbordó, -estropeando inconscientemente, con una inconsciencia disculpable, el grandioso espectáculo á que asistía para ser uno de los protagonistas. -El público no llamó al autor de la obra que se acababa de representar porque sólo se le llama para aplaudirle cuanto acierta. Ayer se ganó un meneo de padre y muy señor suyo. ¡Luego hubo detalles tan sensibles! La golfería andante se dedicó á la caza de las palomas dedicadas á los soldados, y algunas eran despedazadas vivas al disputarse la presa los gavilanes desarrapados; el pobrecilo Banco de España no tuvo unos ochavos para echar flores á las tropas, Y así sucesivamente. -Por la tarde hubo en el Real la función á beneficio del monumento al cabo Noval. Gran público y grandes ovaciones á Lucrecia Arana, la popular cantante de jotas, y á Tilla Ruffo, el divino cantante de todo lo cantable. Fueron las dos personas ovacionadas de verdad ¡ayer, que tantísimas otras debieron serlo tambiéu! También fue buen día para Weyler y Polavicja. Al fin se salieron con la suya sin ir á la otra orilla del Rhin, como se les dice en Francia á los que quieren peces... ¡Cualquiera nos tese ahora con dos príncipes de la milicia mábl Alemania se tirará de los pelos; Inglaterra, de las patilias; Japón, de los bigotes... -Amén de los muchos accidentes que tuvieron que atender las Casas de Socorro, por obra y gracia de las autoridades que prepararan una manifestación de las de primero de Mayo, por no decir una jira de las de la Cara de Dios, hubo muchas hazañas de gentes que se sintieron bélicas; un héroe de bisutería agredió á un anciano en la calle de Santa Isabel; dos guapos se pusieion f os á fuerza de puñetazos en la calle Mayor; en la de Santo Tomé, otro Cid dio cinco D- añaiadas á un prójimo, etc. sin M A D R I D AL DÍA ÍNFORMAC 1O N POLÍTICA EL DÍA DE AYER 17 n los centros políticos hubo ayer muy poca concurrencia, y entre ésta era tema preferente de conversación el recibimiento hecho á las tropas que regresan de la campaña de Melilla. También se habló algo de política, especialmente de la versión de que el presidente se propone adjudicar, antes de que transcurran muchos días, la cartera de Gobsrnación al Sr. Alba,