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A B C SÁBADO 0.1 DE ENERO PE 1910. ED 1 C 1O N i PAU. 4 U. RcBERTO WHiTE, CORONEL QUE D. RICARDO GARRIDO BONIS, CORONEL COMANDANTE DE ARTILLERÍA DE LA MANDO EL REGIMIENTO DE LANCEROS DE LA REINA DURANTE LA CAMP ÑA DIVISIÓN D 3 MELILLA SEÑOR MARQUES DE FUENTE SANTA, CORONEL DEL SEGUNDO REGIMIENTO MONTADO DE ARTILLERÍA i j l n poco de historia. y Muy recientes están las informaciones de Ja campaña; el lector conservará todavía pna viva impresión de los relatos. No tenemos el propósito de reproducirlos, y menos (ie exprimirlos en una nota de resumen que, en la angostura de la síntesis, cercenando ¡episodios y empalideciendo brillos, ultrajajria la verdad. Pero es justo que hoy se avi ve el recuerdo de cuanto sufrieron los Capadores de Madrid, de su pródigo tributo de sangre, de la ínclita ejemplaridad que ofrecieron sus jefes y oficiales. El 22 de Julio embarcaban en Málaga dos batallones de la brigada. El jefe de é ta, el bravo general Pintos, los precedía. Por la mañana entraron en Málaga, cruzando en formación las calles céntricas, Figueras y Barbastro, aquél mandado porel ínolvida ¡ble Ibáñez Marín. Eran las primeras fuer- TENIENTE COROWELJD. JULIO ARD A zas que partían para el Rif desde la bella NAZ, JEFE DE E. M. DE LA P V 1 S 1O Nciudad andaluza, y el pueblo malagueño las despidió con solemnidad. ¡Al siguiente día, los transatlánticos Ra ¡marina de Melilla y enviaban á tierra los ¡nuevos refuerzos, complementados con el escuadrón de Lusitania que condujo el Numiiuia. c 1 1 primer combate. -Eran las ocho de la mañana ó poc, más. Frente al muelle, en las primeras estribaciones del Gurugú, y en línea extf nsa ¡y visible, explotaban las granadas de nuestra artillería; los expedicionarios arribaban e. i pleno combate; era el que se libraba desde el aniacecer duro y empeñado; á dicha hora la jornada crecía en dificultades y en trágico desarrollo; la acción combinada eos taba ya mucha sangre, y había sido de las primeras victimas el bravo y competente jefe Alvarez Cabrera. El general Marina, sobre el muelle militar, presenciaba el desembarco y, apenas ¡cruzado el saludo de cortesía, daba órdenes imperiosas. Era que urgía la afluencia de refuerzos. Los Cazadores, sin tiempo para ¡espaciar la vista por el suelo que tan fieramente les reeibía, ibau partiendo, con la misma traza del viaje, hacia la línea de íuego. J T convenía perder las Horas ni aun ios So minutos; los núcleos disponibles de la guar nición y de Cataluña estaban ya en la pelea; otras fuerzas no podían enviarse sin gravísimo riesgo para el cinto defensivo de ia plaza y parala extensa linea. que, j: einata ba en el Atalayen. bat y San Francisco y los transportes Genera Falc ¿e ¿y Almirante Lobo recalaban frente, á la LA BRIGADA EN MEL 1 LLA COMANDANTE TORKliS MAKVA, JbFE DE E. M. DE LA BRIGADA Barbastro y Figueras fueron, pues, en derechura, Llevaban aún los soldados la conmoción y la fatiga de dos vigilias y de un largo ajetreo de tren y de barco, juntamente con la impresión muda y helada de un súbito tránsito desde el hogar al campo de batalla. No importaba. La exigencia del momento era implacable. Figueras no pudo esperar siquiera á fui uar en unidad. En tanto que las comoañias tercera y cuarta saltaban á tierra, las dos primeras rompías marcha, al mando del comandante y capitanes... De esta guisa inauguraron su campaña los Cazadores. Aquel día, á las diez de la mañana, sumaban los llegados, con el contingente de Luáitania, 1.800 hombres. En la lista de retreta ya las compañías tenían una merma espantosa, y el cuadro de oficiales quedaba tan vacío, tan vacío... que provocaba un escalofrío de terror. Tras del 23 vino) a noche angustiosa del 24 al 25, noche de aguda alarma, noche terrible, enjque por dicha no acompañó la sangre á la zozobra. Después, el 27... p l 27 de Julio. El 27 fue una página dolorosa y ruda, adversa y cruel, pero no sin postrera gloria. La condición imperiosa topográfica era el primer factor contrario; las posiciones y la cualidad del enemigo imponían fatalmente el resultado. Pero el conjunto de la operación de retirada y los cien episodios que la bañaron en heroísmo insuperable restañaron la herida con verdor y frescura de laurel. No es ahora el instante de volver sobre ello, y nos importa limpiar estas líneas de digresiones. Mas bueno es repetir el juicio para ponerlo frente á exaltaciones pesimistas que cegaron el suceso con la negiura de un desastre definitivo. Fueron los Cazadores de Madrid los mas castigados en la lucha. No habían llegado aún los otros brillantes batallones de la brigada de Algeciras, que con ellos habían de completar la división. No era tampoco posible el di traer otras fuerzas Y con sóle dispersos apoyos de algunas compañías de África y Melilla, los Cazadores de Madrid aguantaron el fuego hasta la puesta del sol ¡Cuántos de ellos fueron cayendo! ¡Cuantas víctimas hizo la disciplina ó la ab negaciór. i bi la lista de oraciones fue el 23 como un negro crespón que confirmaba el duelo y hacía entristecer los corazones, el recuento del 27, ya noche cerrada, fue la nube densa que interceptaba por comp eto la luz. Los Cuerpos de Cazadores quedaron reducidos á su mitad; la resta era tan horrorosa en algunas compañías, que aun se confiaba en que apareciesen extraviados. En los hospitales y cementerio habían ingresado los ¡efes y oficiales en una proporción que decía todo su heroísmo. Y en el secreto del barranco maldito quedarían muchos más... Tres días después cubríanse las vacantes de sangre. Los cazadores habían de rehacerse en el trabajo y en el riesgo. A toque de diana comenzaba el trajín. Al ejercicio táctico de despliegue y de avances seguían otras enseñanzas sobre el terreno. Completábanse, tarde por tarde, con el tiro al blanco. Y sobret todas las fatigas de 1 ÍIIIMHI ÍH. itailMlNWflHniM ni 3