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A B C JUEVES 20 DE ENERO DE 1910. EDICIÓN i. PAG 4. gün afirman los críticos alemanes. Creámosles. Es posible que el Arte esté de enhorabuena... Pero si El despertar de la primavera no se hubiera representado jamás... so hubiésemos perdido nada. JOSÉ JUAN CADENAS Berlín, 1910, DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL PASEOS POR AMERJCA HISTORIA DE UN INMI Más allá de la ciudad de GRANTE ESPAÑOL Corrientes, el río Paraná tiene las proporciones de un mar; pero es un mar de costas desiertas é inhospitalarias. Las grandes selvas del Chaco llegan hasta la orilla del río, y entre la espesura de las selvas no se ve ni un vestigio de civilización. Sólo muy de tarde en tarde rompe la monotonía de la espesura algún barracón de madera junto á un muelle primitivo que sirve de embarcadero. El buque se detiene, embarca algunos sacos de maíz ó haces de maderas tintóreas y pasa de largo. Unas chozas mezquinas delatan la existencia de personas humanas en aquellas selváticas soledades. Hace allí un calor de muerte y los insectos p ulalan á millares, venenosos unos, otros simplemente incómodos. Había llegado la noche y el buque se detuvo en uno de estos embarcaderos. Tratábase de cargar unos centenares de sacos de tanino, y al efecto la cuadrilla de peones estaba aguardando en el muelle. Atracó el buque; la faena de cargamento comenzó. Era necesario que aquellos hombres marchasen en fila, llevando sobre la espalda un pesado fardo desde el barracón hasta una gabarra y desde la gabarra hasta el buque. Marchaban en fila, subían y bajaban los obstáculos, dejaban su carga y volvían al punto de origen. Era una faena pesada, puesto que habían de hacerla pronto y bajo un calor denso, húmedo, asfixiante. Los peones eran criollos, ióvenes, mestizos de NOTA DE CIENCIA UN FENÓMENO DE CIENCIA V a ha hablado A B C de las observaciones J hechas en el Observatorio de Madrid de la aproximación del cometa de Halley á la tierra. Publicamos hoy un gráfico explicativo, más para gentes profanas que para las técnicas. En él puede verse la situación del cometa hace dos días, la trayectoria que ha tle seguir hasta hallarse el 20 de Abril al punto más próximo del sol (90 millones de kilómetros) y el 18 de Mayo en el más cercano de la tierra (26 millones de kilómetros) 1 La fantasía popular ha de hacer muchos calendarios con motivo de este fenómeno; pero es bien advertir que, á juicio de las autoridades más ilustres en astronomía, ningún peligro corre nuestro planeta, al punto de que tai vez no nos demos cuenta f del paso del cometa Halley, ó, á lo sumo, podrá observarse una lluvia de estrellas en las altas reglones de nuestro cielo. Ya en i8i9 y en 1861 se pudo estudie- el mismo fenómeno. 18 H g f Hayo J 9 o g f A 1 millones de ffihni. ¿laínTieii AV 1 Marzo xx Enero indio; hablaban en guaraní, y como tiene mucho de niños, para excitarse en el trabajo iban gritando y profiriendo raras exclamaciones. Tanto les excitaban los gritos, que aquellos hombres trabajaban de una manera alegre, casi epiléptica. Corrían y brincaban, procuraban llegar al buque los primeros, y luego volvían veloces al barracón en busca de un nuevo fardo. Parecían niños jugando. Yo los miraba trabajar, y estaba admirado de su vigor infantil y salvaje. Pero me extrañó uno de los peones, el más lento de todos, el más taciturno, el que no gritaba ni corría, el que al soltar la carga se detenía un segundo, como quien hace un violento esfuerzo de voluntad. Debía de seí viejo; acaso era débil, cansado; al andar cojeaba ligeramente. Me dio lástima aquel hombre silencioso, que para ganarse el jornal tenía que hacer un esfuerzo tan grande de voluntad. Sus años de vigor se habían acabado. Y su porvenir sería bien negro: morir de hambre en aquel país de selvas v de indios medio civilizados. Pero después de un ligero examen fisonó tnico comprendí que mi pobre hombre no era de la raza de los otros obreros. Su aspecto delataba al hijo de Europa, aunque vistiera como sus compañeros. Hasta en el modo de llevar el cuchillo por delante de la cintura, y no en la parte de atrás, como es costumbre, indicaba ser extranjero. ¿De dónde vendría aquel hombre? ¿Qué soplo del hado lo desgajó de su remoto terruño, hasta traerlo á las selvas del Chaco? De pronto, la fila de hormigas humanas se atascó; el hombre viejo no podía correr como los otros, y toda la fila tenía que acortar el paso. En cnanto se veían libres del obstáculo, los peones volvían á gritar y correr, pegando brincos epilépticos, excitándose con la misma fatiga. Hasta que otra vez tropezaban con el obrero viejo, que caminaba lentamente, penosamente. Oí una voz de impaciencia que exclamaba: iVamos, vamos, gallego, corre no más! Ya estaba descifrada la incógnita; el obrero débil era español. Entonces aumentó la pena que sentía por él. A cada vuelta le veía más fatigado, mas taciturno. Soltaba la carga, y las piernas se le resistían á caminar. Sin embargo, no había más remedio que se? uir, y el hombre volvía á buscar un nuevo fardo. Pasó un espacio de tiempo; el espaao! no aparecía. Esperé vanes minutos, pero en vano; mi hombre desapareció definitivamente de la fila. Salté del buque á tierra é indagué por el muelle, por el barracón, por entre los fardos. Al íin tropecé con mi hombre. Estaba sentado jen un extremo, con los brazos entre los muslos y la cabeza caída, resollando fuertemente, medio asfixiado. Le interrogué: ¿Es usted español, amigo? -Sí, señor- ¿De qué parte? -De la provincia de León. Me miró con ojos de bestia abatida, y aceptando el pitillo que yo le daba estuvo un momento sin decidirse á encenderlo; de tan íatigado, el movimiento más débil era para aquel hombre un dolor. ¿Hace muchos años que anda usted por. aquí? -Más de treinta años llevo en América, señor. ¿Y se ha prosperado... Me volvió á mirar con ojos de asombro. Luego dijo: -Hubo de todo, señor. Al principio fui joven y ganaba plata; pero las enfermedades se me llevaron las ahorros. Después he ido por ahí rodando... Ahora trabajo en el muelle. Nos dan. dos pesos por cada buqueque cargamos. Pero a la mitad de la faena me entra una fatiga muy grande y tengo que pararme. Entonces me descuentan la