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DE. TODG EL MUNDO, POR CORREO CABLE TELÉGRAFO Y TELÉFONO U Dfa TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO 4 W Y TELEFONO LA PRESIDENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO EL NUEVO PRESIDENTE, SR. ALDECOA, CON EL MINISTRO SR. MARTÍNEZ DEL CAMPO Y EL SR. LANDE 1 RA, DESPUÉS DE LA TOMA DE POSESIÓN, VERIFICADA AYER TARDE Fot. Alba DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL AB CEÑ BERL 1 N dicen los berlineses que ha pasado de moda. Ahora el dramaturgo que priva aquí es Frank Wedekind. Sin embargo, mucho me temo que, á pesar de sus éxitos, Frank We dekind tarde todavía bastante en cobrar 600.000 marcos de derechos como lleva cobrados Sudermann por las representaciones ÍL DESPERTAR DE Hauptmann, en sus últimas obras fraca LA PRIMAVERA só, y de Sudermann de Piedra enlre piedras. que un objeto: la originalidad. Empieza por ser originalísimo el teatro donde sus obras se representan, un reducido salón sin palcos ni galerías, en el qué escasamente habrá trescientas butacas, abonadas todas las noches del año por un público elegantísimo y selecto, de frac y corbata blanca y de toilettes de 3.000 francos una con otra. a Eammerspiele es el santuario de la literatura berlinesa en la actualidad, y allí triunfa Wedekind con sus obras originales, y hasta artísticas, si ustedes quieten, pero dolorosas... y á veces repugnantes. La última obra de Frank Wedekin titúble referir el argumento... Es una tragedia de niños inocentes que justamente por haber sido educados con tanto cuidado para que disfruten el mayor tiempo posible de su inocencia cometen las mayores perversidades. No... No lo he explicado bien; pero, ¿qué queréis? No sé puede decir de otra manera. El caso es que esta tragedia infantil hace dos víctimas: Wenda, una niña de cat orce años, inocente y curiosa, y Moritz, el niño suicida. Y no cabe duda que Wedekiad ha escrito una obra hermosa y fuerte, y muy de actualidad ádenfafT porque desde hace algún tiempo en Alemania son frecuentes los suilase El despertar de la primavera No es posi- Sudermann, además, se ha decidido por arrimarse al sol que más calienta, esto es, á los teatros que más producen, y ha entrado en la, Comedia Imperial solicitado por el Kaiser, llevando un dramita terrorífico y efectista que le está valiendo una serie de palizas espantosas... y una colección de billetes de Banco que da miedo. Para dar- gasto al Emperador, el ex rebelde Sudermann ha compuesto una balada, Stmndkinder, y, efectivamente, nadie diría que esta obra la escribió el autor de El honor... Pero, en fin, ya he dicho que ahora el que priva en Berlín es Wedekind Volyamos, pues, á Wedekind. Este es un escritor que no persigue más cidios de niños en los colegios. Los críticos berlineses- -la crema del snobismo intelectual- -no se cansan de alabar, no sólo las bellezas artísticas de la obra, sino la tendencia de la idea y el propósito del autor. En opinión de la crítica berlinesa, Wedekind hace una obra moral, aunque á primera vista todo aquello que sucede en El despertar de la primavera nos parezca de una inmoralidad repugnante. ¡Es el colmo de la paradoja. El público chic que asiste á la Kammerspielelo entiende así también, porque presencia con devoto recogimiento la representación, admira la mise en scene suntuosísima de los 18 cuadros de que consta la obra- ¡diez y ocho cuadros! ¡más que ninguna de las obras de Shakespeare! -y aplaude con entusiasmo á Frank Wedekink el autor de la original produccióa. Menos intelectual que este público, esco gidisimo indudablemente, yo he sentido una gran tristeza oyendo á Wenda decir las palabras que en sus labios inocentes ha puesto el autor, y me ha parecido ¡una profanación cruel la de tratar de destruir esa poética leyenda que hace creer á los niños de estas latitudes que es una cigüeña de grandes alas y dorado pico la que transporta amorosa al mundo los seres recién nacidos. Wedekind ha escrito una hermosa obra, se-