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DE TODO EL MUNPOR CORREO, CABLEtTELEGRAFO Y TELÉFONO W DE TODO EL DO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO 4 4 Y TELEFONO LA MISIÓN CHINA EN KIEL LOS COMISIONADOS NAVALES DE CHINA DURANTE SU VISITA A LOS ARSENALES DE KIEL Fot. Trampus DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN BERLÍN capital de la música. Todo alemán que se respete necesita ingerir diariamente cinco litros de certeza y dos horas de música. La música, sobre todo, es una cosa imprescindible en la vida alemana. Hasta el Kaiser se metió á componer un himno y colaboró con Leoncavallo e ese ciempiés musical que se llama Rolando de Berlín. OS CAFES CON MÚSICA Berlín es la liano moderno. El único italiano que logró pasar fue Cherubini. ¡Viva el modernismo! Pero, en cambio, hubo Sinfonía doméstica á todo pasto, porque Straus cree, sin duda, que el modernismo es él. Los demás compositores no merecen el honor de figurar en estos programas. Los alemanes tienen una opinión del modernismo que no deja de ser divertida. Para ellos el modernismo consiste en la manera de dirigir, y un director que haga locuras con la batuta será siempre el meior músico. ienen á Berlín todos los músicos del pla neta ansiosos de darse á conocer ante este público y temblando ante la crítica severa de los periódicos profesionales. Los alemanes lo saben y han industrializado la música. Dos ó tres Empresas acaparan todos los años los teatros y salas de conciertos, que luego subarriendan á los artistas ganosos de gloria. Si un solista quiere dar un concierto, ya sabe que le cuesta 500 marcos. Si necesita orquesta que le acompañe, tiene que pagar 1.000. La Empresa le regala todos los billetes, porque no hay que pensar que el público acuda á las taquillas, y el concertista reparte las localidades, gratis, entre amigos y conocidos, que la mayor parte de las veces no van... Generalmente, el artista novel da el con- cierto para las butacas y dos docenas de críticos gruñones y descontentadizos, y al día siguiente continúa siendo tan desconocido como antes. Pero no escarmientan, y gracias á su ignorancia la música es uno de los negocios que mayores rendimientos producen en Berlín. Raro es el día que no vemos anunciado cinco ó seis conciertos, y en la temporada pasada, de Octubre á Marzo, se celebraron El público va á La Filarmónica, donde poi tres reales oye buena música y puede atiborrarse de cerveza. Nikist y Kunwald rivalizan en la confección de los programas, y como la Prensa 1 extranjera ha llenado de elogios á los profesores de La Filarmónica, el público berlinés se muestra satisfecho de poseer la orquesta más disciplinada del mundo y llena la inmensa sala cada vez qué se anuncia un concierto. En tanto, los noveles trabajan en medio de la más espantosa soledad y, lo que es peor, costándoles nel dinero. Y cuando ün artista logra darse á conocer y la crítica le alaba, entonces ya puede aspirar á dirigir una orquesta cualquiera, ganando la bonita suma de ciento cincuenta marcos al mes. ¡Es un porvenir! sólo en Berlín mÚ novecientos y pico... Los músicos se han dividido en dos bandos enemigos. Unos son partidarios del clasicismo, con Weintgarner á la cabeza; otros se inclinan al modernismo. Weintgarner se cansó de luchar, y una buena mañana abandonó el sillón de la Opera de Berlín para irse á ocupar el de la Opera de Viena. La Filarmónica quedó sin director al mismo tiempo. Triunfó el modernismo, y Ricardo Straus substituyó á Weintgarner. El nuevo director elaboró de un golpe los diez programas de los diez conciertos sensacionales que es de ritual dar todos los años en la Opera ber linesa. En estos diez conciertos figuraban las nueve sinfonías, y no se consintió la entrada en el programa á ningún músico ita-