Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 B C MARTES n DE ENERO DE 1910. EDICIÓN t. PAG, u Cochento, quse u a última corrida que toreó en aquella plaza el día 12 de Diciembre había dejado mucho que desear, trabajó con verdadera fe para reivindicar su buen nombre, y lo consiguió, obligando con sus faenas á que estallara en varios momentos el general aplauso. Gaona, que toreaba por primera vez después del ruidoso asunto por el que ha estado unos días en la cárcel, también estuvo bien, y en varias ocasiones fue saludado su trabajo con palmas abundantes. I a entrada fue mayor que la de anterioes corridas, y el público salió satisfecho en parte del espectáculo. A demás de los contratos de Vicente Pas tor, Regaterín, Gallito y Gaona que tenía firmados la Empresa de Madrid para la próxima temporada, desde el año anterior parece que se ha convenido el ajuste del espada cordobés Manuel Rodríguez (Manolete) De entre los que torearon en nuestra plaza en 1909, quedaron excluidos para el 1910 algunos de los que no tupieron suerte de agarrar tardes felices, y se les dejará que refresquen su cartel por otras plazas, por lo menos durante una temporada. e n la plaza de Torreón (Méjico) se liaia ron el domingo toros de Garabat, que fueron mansos eu varas y nobles en los otros tercios. 151 espada granadino fue el único mataaor, estavo mediano con uno de- Ios toros y bien en los restantes, especialmente en el cuarto, al que dio una gran estocada. Detúvose el muchacho un instante ante el acentuado contraste que ofrecían ambas personas, y observó que D. Bernardo le miró de un modo que llegó á infundirle miedo. Cuando José se iba a retirar, el iejo le llamó y, dándole una moneda y ofreciéndole utia propina, le rogó que fuese al estanco próximo á comprarle cigarros. Obedeció el muchacho, y apenasjbubo andado algunos pasos se detuvo súbitamente al escuchar el ruido de dos detonaciones consecutivas Volvió la cabeza y observo, con el natu ral espanto, que el viejo que acababa de hablarle y la linda joven que le acompañaba yacían muertos el uno junto al otro. José corrió en busca de un guardia, y al primero que vio comunicó lo ocurrido. El guardia, una vez comprobado lo que había oído, se apresuró á comunicar telefónicamente al Juzgado de guardia la noticia del suceso. jp 1 j azgado de guardia Recibida en esta dependencia la noticia oficial del suceso, el activo é inteligente juez dé guardia, D. Alberto Vela, acompañado de los Sres. Aguilar y Auñocos, actuario y oficial, respectivamente, se constituyó en el camino bajo de San San Isidro, lugar elegido por D. Bernardo y María para consumar la tragedia. A la voz del alguacil Diego ¡el señor juez de guardia! el numeroso y compacto grupo que rodeaba los cadáveres abrió paso á la autoridad judicial. El cuadro que se ofreció á la vista del juez era imponente, sombrío, emocionante. En medio de la carretera, y junto al recodo que forma el eamino por donde bajan los coches mortuorios después de dejar en el sagrado recinto su fúnebre carga, se hallaban los dos cadáveres. El de María se halla vestido con un traje morado; cubre su lindo rostro un tenue velo negro, y calzan sus diminutos pies unos zapatos de tafilete completamente nuevos. María, en cuyo semblante se dibuja un gesto de suprema felicidad, descansa dulcemente apoyada sobre el cadáver de D. Bernardo. Este viste de negro; representa unos sesenta años, y tiene la pierna derecha cercenada por la rodilla. A su lado se hallan dos muletas. tor orden del señor juez, el alguacil Diego registra las ropas de les cadáveres. En las de D. Bernardo encuentra varias facturas satisfechas de una tienda de comestibles de la calle de Jardines, y dos retratos de la joven. Uno de éstos, dedicado por María, dice así: I a que te promete ser tu esposa legítima y serte fiel. -María. En poder de D. Bernardo fue hallada la siguiente carta: A mi querido Bernardo. Hago constar mi fidelidad, y esto es una prueba del último obstáculo que por vencer nos queda; que me seas tan firme como yo k soy para contigo. Afrontaré el peligro, pues mi resolución es, irrevocable. -M. Cruz de S. -7 21909. Además de los mencionados documentos, fue hallada en poder de D. Bernardo otra carta que decía así: Yo no falto á las palabras que doy, y tú, como varón, creo que no serás eobardey que sabrás hacerlo que nos hemos propuesto. En esta misma carta, María cita á Bernardo, para las once de la mañana de ayer, en un café del distrito del Hospicio. En un nuevo documento haílado portel juez, y suscripto por Bernardo y María, éstos piden que los entierrenjuntos eu el cementerio civil y que no se les haga la atíto sia. A pesar de este ruego postumo, el juez, Sr. Vela, ordenó la inmediata traslación de los cadáveres al Depósito judicial, donde se les practicará la autopsia. averiguar que D. Ber- i nardo Salgado es capitán retirado, que vivía en la calle de Jardines, 26, tercero, en compañía de unos sobrinos suyos, y ans. observaba una conducta ejemplar Era inválido de la guerra, y hace algunos meses, á consecuencia de ana caída, hubo necesidad de amputarle una pierna. No se le conocían amores; pero hace pocos días sa sobrino le sorprendió tino de los retratos que le halló el juez, y él se limitó á contestar que se trataba de una joven ami- ga suya llamada María. 1 i Itimas investigaciones. A última hora de la madrugada llegan al Juzgado de guardia noticias que amplían los detalles de este suceso. María se retrató lá semana última en una fotografía de la calle del Principe. El sábado último recogió las fotografías, y dejando una á doña Purificación Tubau, dueña derestablecimiento de modistas donde la victima trabajaba, Mayor, 84, le dijo: -Tome usted, doña Pura; por si acaso me muero ó desaparezco, quiero que conserve usted un recuerdo mío. Para la amiga y compa 3 era de María Cruz no era un misterio qtte á ésta le ocu rría algo anormal y que estaba á punto de ser protagonista de algún suceso extraordinario. En más de una ocasión había dicho á sií compañera que ella y D. Bernardo tenían el propósito de matarse. Bera ardo. D conSe ha podido Amor senil. TM l, a. calma que en asuntos criminales reinaba en Madrid desde hace algún tiempo se vio turbada ayer por un suceso amoro so verdaderamente extraño, atendiendo á ia diferencia de edad de los protagonistas. Se trata de lo que hemos dado en llamar un crimen pasional, y fueron los protagonistas un viejo caduco, inválido de la guerra, y tina lindísima muchacha que apenas frisaba en las veinte primaveras. ¿Móviles del suceso? Un amor desenfrenado que un sexagenario logró suspirar á una encantadora criatura cuando apenas Ssta había traspasado los pórticos de ¡la adolescencia. El se llama D. Bernardo Salgado, y es capitán de Eiército, retirado, y ella, María Cruz. Entre ambos mediaban relaciones amorosas cuya intimidad determinarán oportunamente los forenses. Ayer, á mediodía, estuvieron D. Bernardo y María en una taberna próxima al puente de Toledo. Ella se hizo servir un vermouth, y él uua copa de aguardiente; pidió recado de escribir, y ambos, en tanto que les preparaban unas chuletas y una tortilla, se entretuvieron en escribir algunas cartas. Cuando el dueño del establecimiento les entregó la merienda encargada, D. Bernardo satisfizo el importe del gasto hecho y en unión de la joven se dirigió al estanco próximo, donde depositó dos cartas para fuera de Madrid. t fn testigo. Un muchacho de unos doce años, llamado José Montes, ha sido el único testigo 3 e esta tragedia amorosa. José ha declarado ante el juez que ayer, a a una de la tarde, aproximadamente, salía del cementerio de Santa María, cuando vio el anciano D. Bernando acompañado de la ioven María. LAS TRAGEDIAS, DEL AMOR aria y su madre. I a infortunada víctima de esta trage gedia amorosa vivía en la ealle de Hita, número 11, en compañía de sus padres. ¡Entre María y su madre no reinaba la mejor armonía, y hasta se ha llegado á hablas de malos tratos, pero este extremo no ha, podido ser comprobado hasta ahora. u rn medallón. del en que llevaba María vio. Pendiente cuello medallón de plata, aparecía grabada la siguiente fecha: 25- 11- 1903 1 dentificación. r Esta madrugada se presentó en el Juz gado de guardia el encargado del café de Puerto Rico, que es el dueño de la casa en que D. Bernardo se hospedaba. Dijo que hace trece años que D. Bernardo vivía con él; que abonaba su pupilaje reli- i giosamente, y que jamás le había conocido amoríos de ninguna clase También dijo que D. Bernardo tiene viif hijo en la Isla de Cuba. KTuevojuez El Juzgado de la patina, que es el coraj pétente, se hará cargo en el día de hoy deí la continuación de las diligencias de la guardia. clase de elogios la pra digiosa actividad desplegada por el juez dq guardia, D. Alberto Vela, y por el personal á sus órdenes con motivo de este suceso. Apenas se conoció el suceso, el juez ordenó á la Policía que practicase toda clase de investigaciones para reconstituir el sumario, y así se pudo averiguar los deíailes que dejamos consignados. U n ele. toda Merece