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EL SUICIDIO EN LOS NIÑOS de reprender, irreprensible así como que para dominar y guiar á todo ser débil y neEl doctor Photinos Panas era de origen cesitado de tutela vale más la indulgencia bondadosa y severa que el castigo violento griego se naturalizó francés, llegando á catedrático de Oftalmología en la Universidad é injustificado. de París Kfo deja de llamar dolqrosamente la aten V ción de los lectores, de la- Prensa periódiea la relativa- frecuencia con que se consignan suiéidioS en los niños durante él atención de Í eríodo escolar. Merece fijar látodo, los pa- prancia, que rinde. ferviente culto á todos os maestros, médicos yí sobre los bienhechores de la Humanidad, ha dres acerca cíe este grave problema. Un pedagogo de Hánapyer, G ¿Budde, ha dedicádp un monumento al insigne oculista hecho un éstódió iníefesánté respecto al idoetor Panas, á quiea debe la ciencia granparticular, exámiáaiidó las perniciós. as in- des progrespsí y. los pobres una noble y afectuosa caridad. fluencias á que se hklla sometido él niño. En primer lugar se Observará la herencia, i De todas las especialidades de la Medicicon sus vicios nefastos; qué imprimen sello na, la oculística es la que puede prestar más al hijo; además de esto, las enfermedades servicios áfáiofañcia, evitandoi la. terrible nerviosasii el -áleohpliámo; y la educación ceguera j o r medio dé inteligentes cúi mal equilibrada en la cuál úná excesiva indulgencia y melosa dulzura alternan con tina severidady rigor exágérádosi: Es preciso convenir- que el ínedio familiar contemporáneo- lio- ostenta la debida 1 d a d o s MONUMENTO LA SALUD A UN OCULISTA DÉLOS biendo muy frecuentes y no pocas vecéis agraves los casos de gripe en la infan- i j: ia, deber: eslnuestró prevenir alas familias de la imprescindible necesidad de atender b s menores indisposiciones de- los niños, kobre todo las localizadas en el aparatoirespirátórió. No quiere esto significar qué existan epidemias, en el ordinario sentido de la f i Se ha abusado tanto de: esta palabra, qué r a s e ponderación. ÍSÚ I Se predka- con intermitencias, sin- merma ni discreción, y nunca: por ejemplos. Algunos padres volubles y de costumbres no muy morigeradas suelen hacer gala de un rigorismo extravagante, excitando morbosamente l parte que podríamos llamar pasional de sus hijos, que suelen interiormente (exteriorizando á veces sus impresiones) protestar de la reprimenda oída de la bios no siempre sinceros y nobles. Además de esto, con pretexto develar por el porvenir del adolescente, se le conmina con severos castigos en casó dé fracasar en los exámenes, y como por desgracia el esfuerzo nientalá qué obligan las modernas disciplinas escolares es verdaderamente abrumador, sobrevienea estados de positiva énfermeáad. Además de esto, la enfermiza emulación áque son tan propensos los educadores, exaltando con exceso á los sabihondos y deprimiendo sin piedad á los torpes, ejerce una espantable sugestión en las inteligencias infantiles, desequili- brandólas. Con pretexto de disciplina y precoz tormalidád se ahuyenta la alegría del corazón del niño, y sin querer, pero muy torpemente por cierto, se le hace- sufrir multitud de vejaciones y pequeñas miserias (como dicen en Francia) durante el período escolar. Excitado el sisterha nervioso por mil medios reprobables que no hay necesidad de enumerar; sometido á sensaciones intensas, muchas de ellas malsanas; atrofiados los músculos, deformado el esqueleto y no haciendo vida higiénica, lejos del campo, entre luz y calefacción artificial, como plantas de estufa, los infelices niños están expuestos á sufrir tódps los impulsos inconsciéa 1 tes más deplorables. Véase, pues, cuántas causas próximas y lejanas del suicidio pueden influir en los adolecentes. Esas ideas fijas, sombrías, dolorosas, que desvelan, impidiendo que el agotado cere- bro sé reponga, deben, ahuyentarse por cuantos rodean al niño, pues de lo contrario podrá fácilmente caer en las mayores aberraciones, surgiendo de repente una sangrienta catástrofe. Sin poder desarrollar este punto, qué en otra ocasión examinaremos con hechos á la vista, conviene mucho á los intereses educadores tener en cuenta ei dístico vulgar que dice que será, en lo posible, el que ha