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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO Y TELÉFONO j g g DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL ABC tas inquisitoriales acerca de cosas que no la importan. Y así sucesivamente... To se encuentra en Berlín una criada ni p para un remedio. Y se comprende... p hh fi d L muchachas prefieren aprender á l leer y escribir, taquigrafía ó el manejo de la máquina, y con estas ligeras nociones encuentran colocación inmediata en cualquier bazar, comercio ó escritorio. Trabajan doce horas todos los días, pero las queda libre la noche, y siempre viste más decir de uua muchacha que es dactilógrafa, por ejemplo... Las señoras andan locas buscando criada, y se consideran felices cuando tropiezan con una aldeana recién llegada del pueblo que todavía no ha tenido tiempo de enterarse de nada ni la han aleccionado las compañeras... La infeliz no sabe hacer nada; es torpe, no acieita con las cosas, se pierde en las calles cuando va á comprar cualquier cosa, la engañan... Pero la señora de la casa lo aguanta todo, lo sufre toda, y todavía dice á sus amigas: ¡Oh! Es uua perla... ¡Una verdadera perla! ¡Cómo varían los tiempos! Esta misma señora puede que fuera la que años atrás regañaba indignada á la doméstica porque le daba al perro la porquería que la echaban de comer. Y ahora... Ved coa la cortesía, con el cariño, con el mimo con que las graciosas señoras alemanas. -es Alemania todas las señoras son graciosas -tratan á sus domésticas... Ni por casualidad las oiréis llamarlas por su nombre á secas... jCa... Frauhin por aquí, Fratdein por allá, á cada instantei Fnu ein. sl de seguro que dan ganas de reir cada vez que oímos llamar á la criada: ¡Señorita Fulana... J DE TODO EL MUNDO. POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFQ U 8 9 Y TELEFONO ABC EÑ BERLIN I OS SEÑORES DOMÉSTICOS Las criadas berlinesas fierren su Bolsa del Trabajo. En una de las calles inmediatas á la Fríedrichstrasse, en d centro del Berlín industrial, las criadas han constituido su ¡Centro de operaeiones, f es un espectáculo curioso ver á las señoras por las tardes correr en pos de la doméstica soñada... -En mi casa hay muy poco que hacer, y doy treinta mateos al mes- -dice una señora una criada disponible. -Yo doy también treinta marcos- -dice otra señora, -y en mi casa no hay niños... La doméstica pide cuarenta marcos de Soldada... Asegura que pertenece á una. Sociedad de gentes de servicio que se han comprometido á no aceptar jamás una mensualidad menor... Y regatean, ajustan, ofrecen, discuten, hasta llegar á un acuerdo. Sí, amigas mías... El servicio está muy malo en Berlín Las criadas se han puesto imposibles... Pero la culpa ha sido de ios amos, que por espacio de largos años abusaron de sus servidores... Hasta hace poco tiempo todavía, las criadas dormían en camaranchones infectos salían á la calle una vez al mes, comían los desperdicios... Se asegura que en cierta ocasión uaa señora sorprendió á sn doméstica en el momento en que ésta daba al perro las sobras de su comida. ¿Qué hace usted, desgraciada? -gritó la señora con indignación. ¡Echar de eomer al perro semejante porquerial ¡Ahora me explico por qué está malo el pobre anínialito! Las gentes de servicio se cansaron al fin y un día constituyeron su Bolsa de Trabajo y se unieron. Desde aquel momento se concluyó la tranquilidad para las damas berlinesas. Las criadas tienen hoy en Berlín una espeeie de decálogo, al que han de someterse tos amos. Os traduciré unos cuantos botones de muestra: i.o Una ¿persona deservicio debe comer á sus horas, regularmente, sentada y ein verse precisada á devorar de prisa y corriendo ios alimentos por temor á que sus amos la llamen. 2. El trabajo ha de dividirse eon exactitud, de manera que el servidor sepa exactamente lo que ha de hacer antes y lo que debe hacer después, sin tener que romperse la cabeza para atender á diez cosas distintas á la vez. 3.o El servidor neeesita disfrutar de un período de libertad no semanal ni quincenal, sino diario. Se puede siempre combinar el trabajo de modo qffe por espacio de una hora todos los días el servidor esté libre. Naturalmente, el servidor ó la servidora deben hacer buen uso de esta libertad; pero los señores no han de escandalizarse si una muchacha la aprovecha para verse con su novio. 4. De vez en cuando la servidora podrá recibir á sus parientes en su habitación ó en la cocina. Y si la señora la autoriza para ofrecer á los visitantes tina taza decafé ó de chocolate, esta atención dará siempre 0 buenos resultados. 5. La señora de la casa no tendrá para qué mezclarse en los asuntos personales de la doméstica. Deberá ayudarla, si puede, pero no molestarla ai irritarla con pregun- nero. Los inquilinos de estas casas disponen de una Providencia que los hace la cama, los prepara el baño, los limpia la ropa, los da de comer y se encarga de mantener constantemente las habitaciones en el 18. eelsius dé temperatura, por medio del ckau fage central Un alemán no necesita más para ser completamente feliz... ¡Al diablo las criadas! Las buenas burguesas están contentísimas... Dentro de poco no tendrán que ocuparse del arreglo y vigilancia de tets casas... Las quedará mucho más tiempo para dedicarse á las labores propias de su sexo y á trabajar por el triunfo de las reivindicacio nes feministas. JOSÉ JUAN CADENAS DE ACTUALIDAD TJTTA RUFFO EN LA INTIMIDAD A lguna vez ha de decirse alg 1 de la per sona del graa artista, ad Imiración de Madrid, a a de su arte. Titta Ruffo es toscano, íue forjador en casa de su padre, á quien ua día, cuando apenas contaba catorce años, dijo: -Yo quisiera ser cantante. El buen padre rió ía chiquillada. Otra vez y muchas más Ruffo insistió, hasta que, cansado de las negativas, abandonó el hogar paterno. Vagó muchos días y al fin negó a Koiua. Pero e l niño soñador tova que batir ei cobre de nuevo en casa de un patrón que pagaba mal y hacía trabajar mucho Sin embargo, coa su vomnead dt acero, nocejó en stipropósito; trabajaba durante el día y por la noche estudiaba canto. Después de la diaria faena acudía coa otros mozos á una escuela. Muchos que no han llegado á eminencias le trataban coa despego por su modesta condición. Le llamaban el Forjador. Un sastre amigo, haciéndole un traje de toda moda, hizo que el apodo se olvidase y que se llámase por su apellido, Titta. Tras muchos sinsabores, debuto en Koma hace once años, haciendo el heraldo de Lohengrin. Desde eatonces su vida artística es senda de flores y de triunfos. Sin embargo, Rttffo es lo que era: un hijo del pueblo, que adora á los suyos. Pronto hará dos anua i ue ca su viaje de boda pasó por Roma; su auto lujoso cruzaba una de las calles más populosas de la antigua ciudad cuando Titta vio á dos obreros, antiguos compañeros suyos. Hizo parar el carruaje y, haciéndoles subir en él, les colmó de agasajos y pruebas de noble afecto. Otra vez eneontró el graa artista en un paseo de Pisa á la bella princesa X. admiradora suya, que le rogó cantase en su palacio con ocasión de ana fiesta á la que asistiría toda la aristocracia. En aquel momento pasó cerca un joven enfermizo con la ropa hecha jirones. Titta reconoció en él á un cantarada de la infancia; pidió permiso á la Princesa por unos instantes, corrió hacia éf y le abrazó... ¡Oh! Sr. Ruffo- -exclatna etjoven. ¿Cómo? ¿Qué? De tá... ¡como siempre! Cuentan los labios mil desdichas, las lágrimas hablan también; Titta saca una tarjeta, que da al jovea, diciéndole: -Toma, ve ahora mismo á mi casa. Allí te espero. pero á grandes males, grandes. is- Los alemanes, en vista de que va siendo difícil encontrar cocineras y doncellas, han decidida. suprimirlas. Sí, señores, suprimirlas, así como ¡suena. Y de paso han suprimido una habitación en las casas: ¡la cocina! La novedad esta vez no Ira venido de los Estados Unidos, sino del extremo Norte de Europa: de Copenhague y Stockolmo. Una Sociedad conjunos cuantos millones ha comenzado á explotar las casas de una cocina La Sociedad se encarga de servir la comida á las inquilisos I la hora que éstos la pidan y con arreglo al mentí que ellos mismos hagan. No hay que decir que el precio es mucho más económico que el de un restaurant cualquiera. La cocina está en los sótanos y abastece á toda la manzana de casas. La misma Sociedad se encarga de la limpieza y arreglo de las habitaciones, de lustrar las botas á los inquilinos, de cepillarles la ropa, etcétera, etc. ¡Es el ideal! ¡Calculad! No hay que andar detrás de la cocinera, en las casas no huele á grasa, no hay que estar con el alma en un hilo por si la criada. dejó encendido el hornillo antes de acostarse... Las damas berlinesas estáa encantadas, y la Sociedad explotadora de las casas de una cocina ha emprendido la construcción de nuevos edificios en vista del éxito alcanzado. Los alemanes tratan de simplificar la vida todo lo posible, buscando siembre lo práctico. Claro que todo lo que es práctico es feo, pero es cómodo. Las nuevas casas constituyen el sueño dorado de un berlinés laborioso que no quiere ocuparse más que de enxplear todo su tiempo en trabajar y ganar di-