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A B C MIÉRCOLES 39 DE DICIEMBRE DE 1909. EDICIÓN i. PAG? 8 La audacia de los criminales llegó á tal punto, que quisieron detener un tranvía, disparando contra el conductor. Este y un niño que- ocupaba la plataforma con su madre resultaron heridos de gravedad. Las autoridades han solicitado el envío de fuerzas para emprender una batida á fin de capturar á los bandidos. Ayer se hicieron ya tres detenciones. El vecindario de Nanterre está consternado y teme que se repitan las criminales hazañas de la banda. del país, han hecho en el Parlamento en pro de la instrucción pública y su presupuesto, de cifras tan desmedradas en cuanto al personal y al material, que no hace honor, ciertamente, ni á nuestros Gobiernos ni al nivel de cultura que más allá de las fronteras se nos reconoce. Trabajemos sin desmayos- -concluye- -en esta campaña de nobles aspiraciones; mas para que éstas sean satisfechas, no perdamos pie en la realidad y enfrenemos un poco las impaciencias. Se suspende la discusión, que hoy, á las tres y media, será reanudada. Para esta sesión y para la de mañana quedan por discutir seis temas. en la consideración personal, no se estable ce diferencia ning tina entre uno y otro caso. Diré más; la misma superstición que, como en todo país pobre, se siente invenciblemente por el traje, por la casa, por la apariencia social en fin, hace que, sin que se pueda remediarlo, la mentalidad media adopte una actitud psicológica más favorable ante el segundo caso, el del hombre utilitario que ante el primero, el del hombre altruista é íntegro. Y aquí está la peor injusticia, peui que 1 económica, á que aludía al comienzo de estas líneas. ¿Cuál será, pues, 3 a niuesi ra, el signo para juzgar y apreciar el progreso de una sociedad, de un partido político? La fórrnula del progreso ha de ser, no científica ó económica, sino puramente moral, Proudhon, en su libro que trata de la materia, ha dado la fórmula exacta. Para Proudhon el progreso se define como imputación mismo, que una sociedad será tanto más progresiva, tanto más civilizada, cuanto la atribución de méritos y deméritos- -con sa sanción social correspondiente, con su correspondiente desprestigio social y consideración social- -se haga con más exactitud y con más intensidad. A 2O R 3 N creciente de méritos y deméritos. O, lo que es lo c u la discusión de los temas tercero y cuarto del plan aprobado invirtió su sesión de ayer tarde la Asamblea de doctores y licenciados. La constitución, funcionamiento y garantías de los Tribunales de examen fue asunto tratado extensamente y objeto de un estudio especial y de tres proposiciones, sometidas á la deliberación de la Asamblea. Suscriben éstas los Sres. Bravo, Bartolomé y lozano. Encarecieron los oradores la necesidad de extremar el rigor en los exámenes, singularmente en los de ingreso en la segunda enseñanza y de acceso á las Facultades, para que en los títulos académicos esté, dentro y fuera de España, la mejor garantía de suficiencia. Cuanto á la organización de tribunales, estima el Sr. Reinante que éstos deben constituirse igualmente por catedráticos, oficiales y profesores privados, bien que no calificando unos ni otros á sus respectivos alumnos, percibiendo los de ambas clases sus correspondientes dietas, que de los derechos que los examinandos satisfacen les serán abonadas. El Sr. Martínez Larriva muéstrase partidario de las medidas radicales, y aboga por la suspensión de los exámenes, en tanto que el Sr. Suárez disiente de tal criterio y pide únicamente la reforma racional que subsane deficiencias y corrija abusos que, de existir, deben ser citados, con los nombres de quienes los cometan. A su entender, los defectos de los exámenes más son debidos á tolerante desidia de algunos profesores que á sn mala voluntad ó falla de celo profesional. La opinión del Sr. Castilla es favorable á que los profesores que enseñan oficial ó privadamente no examinen á sus propios alumnos. Suficientemente discutido el tema tecero, ¡os asambleístas discurren sobre el medio mejor y verdaderamente práctico de aumentar al profesorado oficial sus sueldos. Intervienen en el animado debate qus el tema cuarto promueve los Sres. Palomo, Robles, del Cerro y Suárez. Todos coinciden en que ia retribución asignada á los catedráticos no responde ni á su función docente, ni á las necesidades de la vida, ni á la justicia equitativa fespecío de las demás clases del Estado. Para acabar con esta deficiencia y con cuantas de ella dimanan, los Poderes públicos deben elevar tal asignación, y en su mano ebtá hacerlo sin grandes sacrificios, siquiera no sea más que acumulando los derechos de examen al sueldo, de modo que el de entrada no baje de 4.000 pesetas. Otro orador, el Sr. Robles, opina que se debe- equiparar el haber del catedrático al que disfruta un comandante de Ejército. ¿Cómo exigirles sacrificios por la enseñanza- -advierte jel iSr. Suárez, -si Jos Gobiernos 7 las Cortes no mejoran sus condiciones económicas? En las ideas expuestas abunda el doctor Pulido, que recuerda las campañas que él. y el Sr. Palomo, con otros representantes ASAMBLEA DE ENSEÑANZA r uál será la muestra, el signo que podrá indicarnos mejor, con más exactitud, el progreso de un pueblo, el grado de su civilización en un momento dado de su evolución social? ¿Será eí perfeccionamiento del maquinismo, de las máquinas que facilitan la producción y hacen cómoda la vida? No; porque con un alto perfeccionamiento de las máquinas productoras y de los artefactos auxiliares de la vida puede coexistir un régimen de injusticia social. ¿Será la riqueza el elevado nivel del bienestar econó mico? Tampoco; porque un pueblo puede ser muy rico, muy abundante en riqueza, y al mismo tiempo puede darse en él una gran iniquidad política y jurídica. ¿Será la saturación de la instrucción pública, de la eru dición, de los conocimientos Menos aún; la eficacia de la instrucción está hoy puesta muy en duda; puede haber ea el país de que se trate un ambiente denso de instrucción, de conocimientos y á la par puede habeen ese país un bajo estado de conciencia social y de injusticia. ¿Cuál será, pues, el signo, la fórmula del prog- reso? Ante nosotros- teneinos el caso de un político que durante treinta ó más años ha trabajado incesantemente, ha luchado por esparcir la cultura en su país, por aumentar el bienestar de sus conciudadanos. Su vida ha sido pura, íntegra. Al llegar á la vejez, tal político se encuentra sin fuerzas para seguir trabajando. Le faltan, por lo tanto, los medios más necesarios para vivir y para sostenerse decorosamente en la sociedad por la cual él ha trabajado. No sólo no puede vivir decorosamente, sino que todos los días, á todas horas, sufre la humillación, el bochorno, la depresión psíquica de verse pobre- -con todas sus consecuencias ea la cas- a, y en el traje- -en medio de sus antiguas relaciones y de la generación nueva. Con respecto á este caso, vemos, ante todo, una profunda injusticia en lo que se refiere á los medios de subsistencia, una iniquidad económica. Pero la injusticia es todavía más honda. Frente al tipo que hemos citado, supongamos el de un político utilitario El supuesto político, más que al bien de sus conciudadanos, de su paíSj habrá atendido al provecho de su persona. Con mil artificios y trazas diversas, habrá encaminado las cosas hacia su objetivo en los cargos públicos que haya ocupado. Al llegar al fin de su vida, tal político se encuentra con medios bastantes para hacer frente decorosamente, con holgura, á las necesidades diarias. En el terreno de la pura teoría, es indudable que se establece una diferencia á favor del primer hombre en estos dos casos. Todo. s los días estamos leyendo en la Prensa protestas y afirmaciones de este género. Todos los días estamos viendo exaltaciones á la integridad política. Pero lo malo es que estas manifestaciones, esta línea de conducta puramente teórica, doctrinaria, no desciende y encarna en la realidad. Así vemos que prácticamente, ea el trato social, Qigue siendo deficiente el servicio de vigi lancia en los trenes y en las estaciones de enlace, donde constituyen su cuartel general los carteristas y atracadores. Recientemente han ocurrido nuevas- tentativas de robo, como, por ejemplo, cerca de la estación de Almadenejo (línea de Badajoz) donde un ladrón osado penetró violentamente en un coche, no llegando á cometer sus (tracción alguna porque los viajeros pudieron tocar el timbre de alarma. Se dijo hace algún tiempo que c reiorza ría el servicio de la Guardia civil, y aun se 0 crearía un tercio exclusivamente consagrado á las líneas férreas. Por lo visto, se ha prescindido de tal propósito. Y es lo cierto que las cosa no pueden seguir así, so pena de que los viajeros se hagan acompañar de una escolta particular. LOS ROBOS EN LOS TRENES pTomento. Coincidiendo con la terminación del temporal en algunas provincias, han comenzado á llegar al ministerio reclamaciones y peticiones de reconstrucción de puentes, carreteras y caminos que han sufrido daños de consideración por efecto de las lluvias, inundaciones y desboxdamientos de ríos. Estas reclamaciones, según nos rtianrrestc ayer el Sr Gasset, serán atendidas debidamente y con extraordinaria rapidea; pero como al mismo tiempo llegan al ministro ciertas demandas (subastas, construcción de carreteras y otras) que no tienen tal carácte de urgencia, propónese aquél aplazar stí despacho hasta que se normalicen las cir cunstancias. p l día 2 del próximo mes de Huero saldrá para Melilla el ministro de Fomento. Le acompañarán en su viaje algunos in g. enieros que prestan servicios en el ministerio, El Sr. Gasser permanecerá en África siete ú ocho días. arma. Ayer tarde, á primera hora, celebró coa el general Concas, en su despacho del ministerio, una larga conferencia el presidente del Consejo de í? síadOj Sr, Groizard. rfm- mnum