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ABC. V I E R N E S 24 D E D I C I E M B R E D E 1909. EDICIÓN i. PAG. 4. ¡Ha querido llenar las mayores páginas de la historia de su país! Fue un buen Rey, un excelente Rey. Sin embargo, no conviene echar tanto las campanas á vuelo, porque no parece sino que son raros los casos de los Reyes que trabajan por el engrandecimiento de su patria... Y aunque esto fuera cierto, no creo que convenga decirlo... ¡Por el crédito del oficio! José JUAN CADENAS París- Diciembre. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A 8 C EN PARÍS T h BUEN REY Cuando hace seis años co -noció el reyLeopoldo ala señora Vaughan- -más tarde convertida ea baronesa- -comenzó á experimentar los efectos de un tratamiento eléctrico, al que le sujetaron los máo célebres doctores franceses y belgas. Con el nuevo tratamiento, el anciano Rey ae las barbas blancas recobraba fuerzas que creía para siempre perdidas, vigores desconocidos; rejuvenecíase, en una palabra... Y en uno de aquellos días de alegría sin límites, al sentirse fuerte y vigoroso, conoció á Xa Sra. Vaughan. Verla y enamorarse como un cadete, fue la misma cosa. Fue una pasión avasalladora y terrible, una pasión de vicio práctico y hastiado de todo; fue el canto del cisne. Fruto de estos amores y del tratamiento eléctrico son dos hijos, á los que el difunto Rey deja cargados de millones y reconocidos además. Más reconocidos le estarán ellos cuando lleguen á la edad en que puedan darse cuenta de las cosas. Por si esto fuera poco, se asegura qee se había casado en secreto con la Vaughan. Y vean ustedes... Esto del matrimonio es 10 que indigna ahora á muchas personas que no censuran al rey Leopoldo por su vida de aventuras, sino por haberse dejado conducir ante el altar, santificando en lo posible una unión non sancta. Es de suponer que el difunto Rey lo hiciera con la mejor intención, ó quizá porque la baronesa se lo exigió, y como hombre conocedor experimentado de la vida no quiso negar á s u adorada ese pequeño capricho que á ella la daba tanta satisfacción á él le costaba tan poco trabajo. ¿Qué mal hizo con esto? Ninguno... Complicaciones para la sucesión en el trono no puede haberlas desde el momento en que el solo sucesor proclamado ya haee muchos años es el príncipe Alberto, ni el pueblo belga toleraría otro... Y en cambio la baronesa Vaughan se ha dado el gustazo de casarse con un Rey, y sus hijos no tendrán que avergonzarse el día de mañana de la conducta de su madre. ¡Al contrario! Hay que mirar las cosas eon un poco de lógica... ¡Ojalá en todo se hubiese conducido el Monarca del mismo modo! Pero la verdad es que no inspira muchas simpatías su labor de última hora, realizando y vendiendo joyas, propiedades y obras de arte, convirtiendo su colosal patrimonio en dinero para sustraerlo á la herencia legítima de sus hijas. Entretenerse en esta delicada operación cuando se está con los intestinos hechos pedazos y hay que evacuar las tazas de caldo por un agujero nuevo, no me negaréis que es un poco fuerte. ¡Hace falta tener muchos intestinos! Las princesas sus hijas, á pesar de todo, quisieron pedirle perdón. Y aqaí vuelve á padecer la lógica otra vez. Hubiera sido lo natural que el padre, en vez de dar sus besos postreros á la baronesa, se apresurara á pedir á sus hijas que le perdonaran antes de emprender el gran viaje Porque en esos últimos momentos deben verse las cosas con clarividencia, apareciendo diáfanos y claros los errores. El rey Leopoldo se pasó la vida diciendo á sus hijas: Haced lo que yo os diga, pero no lo que yo haga! Y en el siglo de las reivindicaciones feministas estas teorías no convencen á nadie. Mucho menos cuando el Monarca, después de pronunciar ante sus hijas un sermón de moja! se iba á tomar una corriente eléctrica. ¡Pero fue un tbuen Rey para su puetolo! -gritan á coro políticos y periódieos. -Sí, señores, sí; fue un Rey excelente, y fuerza es reconocerlo... Lo que hay es que hastat en esto demostró su egoísmo sin limitas. JUNTA DE DAMAS I a Junta de Señoras de Madrid, que presi de S. M. la Reina doña María Cristina, y de la cual es vicepresidenta la marquesa de Squilache, ha dado por terminadas sus generosas tareas de reparto de socorros. Como es sabido, la Junta de señoras de Madrid era la encargada de socorrer á las familias de los reservistas. De regreso éstos en la Península, y licenciados para sus casas, la misión de la Junta queda cumplida. La marquesa de Squilache y las distinguidas damas que la han auxiliado en los trabajos de allegar recursos y repartir socorros, interpretando perfectamente los deseos de las Reinas Victoria y Cristina, merecen un sincero aplauso. La Junta de Madrid ha realizado una obra verdaderamente providencial, remediando las necesidades de numerosas familias. EL DOGMA DEMOCRÁTICO umplamos una promesa hecha en el ar tículo anterior; hablemos del intangible dogma democrático. Ante todo, para proceder con método riguroso, con entera claridad, se impone una definición. ¿Qué es la democracia? La democracia es un sistema político que consiste en transportar y conferir el poder al pueblo y en dar al pueblo la mayor importancia social. La definición, en esta forma, es todo lo amplia y exacta que se puede desear. Ahora procede aclarar uno de los términos de la definición. Se habla del pueblo. ¿Qué es el paeblo? El pueblo lo constituyen el mayor número, es decir, las clases pobres. En la realidad social existen dos categorías perfectamente delimitadas: las clases ricas- -una minoría- -v las clases pobres- -la mayoría. Sigamos con el análisis. ¿Qué elementos forman las- clases pobres? ¿Cuáles son sus características? Aquí tocamos un punto verdaderamente doloroso. Una de las ideas dilectas de los filósofos del siglo XVIII era la de la superioridad de los pobres sobre los ricos. Filósofos y literatos, á la figura débil, degenerada y mísera del rico oponían la robusta, pletórica y enérgica del hombre del pueblo Hoy tal ficción ha quedado totalmente destruida. Estudios modernos, vigorosamente científicos, han demostrado de un modo inapelable la inferioridad de las clases pobres con respecto á los ricos. Son inferiores las clases pobres en lo siguiente: en talla, en peso del cuerpo, en perímetro torácico, en índice de dilatación del tórax, en fuerza (presión de la mano derecha) en resistencia á la fatiga (presiones repetidas de la mano derecha) en circunferencia de la cabeza, en la altura de la frente, en el peso probable del encéfalo, ete. Sentado esto, las características de las clases pobres, veamos qué elementos las componen. En las clases pobres urbanas figuran en primer lugar una parte compuesta de los descendientes de los antiguos oficiales de mano, artesanos y modestos industriales; luego vienen los residuos constan- tes de las clases ricas empobrecidas, de familias caídas en la pobreza y degeneradas (estos detritus quedan generalmente en Ia 3 ciudades; no marchan casi nunca al campo) después tenemos una parte pequeña de labriegos fuertes y sanos que emigran á las ciudades y que generalmente ocupan menesteres que no son propiamente obreros; en último término encontramos la masa enorme de obreros del campo débiles, inhábiles para la lucha con la tierra, enfermos, 1 degenerados, y de pequeños terratenientes, pegujales arruinados, masa enorme que es como una continua corriente que va á las ciudades en busca de un medio de vida, y que vive de la solidaridad social (caridad, asilos, beneficencia, etc. y de otros medios extralegales. Sobre toda esta masa social actúa con peso fatal, abrumador, la miseria. La miseria es causa y á la vez efecto de degeneración. Añadamos también dos terribles azotes que contribuyen á la dicha inferioridad de las clases pobres: la sífilis y el alcoholismo. Y ahora, para dar la última pincelada al cua. dro, digamos que mientras las clases ricas son relativamente poco fecundas, las clases pobres lo son mucho, y que, por lo tanto, mientras crecen en escasas proporciones las primeras, aumenta considerablemente el contingente de la humanidad inferior (inferior anatómicamente, como hemos visto) Añadamos que para hacer más triste la situación de las clases pobres, en ellas se opera lo que se ha llamado la capilaridad social es decir, que todo el elemento menos inferior de ellas se aparta de ella y ube por selección ascensional á un estado superior, generalmente de pequeñas industrias. de pequeño comercio. Ante todo esto, que no admite réplica, el argumento de los demócratas se está viendo venir, es claro y terminante. Todo eso es exacto- -dicen ellos; -nosotros lo reconocemos con una tristeza profunda; pero nosotros tenemos un remedio capital, radicalisimo, para remediar de cuajo esa situación de las clases pobres y hacer triunfar de un modo decisivo el ideal democrático. En esa situación, las clases pobres no pueden tener la mayor importancia social ni pueden ser las que lleven la dirección política; pero nosotros las pondremos en condiciones de que gobiernen Nuestro remedio- -continúan- -consiste en la educación, en la higiene, en la riqueza, en el bienestar. Cuando las clases pobres sean ricas y cuando sobre ellas haya actuado la educación, desaparecerá su inferioridad. Este argumento constituye lo que se ha llamado el educacionismo el educacionismo como medio regenerativo comprende, no sólo la educación estricta, sino la higiene, la alimentación suficiente, la casa salubre, el ejercicio físico, etc. etc. Pero el gran argumento educacionista queda destruido ante las investigaciones que sobre las mismas clases ricas se han hecho en estos últimos tiempos. Investigadores rigurosamente científicos (Jacoby, Galippe, etc. han demostrado que una familia rica, en la que á través del tiempo se haya dispuesto de todos los más exquisitos recursos del educacionismo, puede adquirir un grado alto de esplendor y pujanza; pero que dicho estado no es perenne, sino que al cabo de un tiempo indefinido, que no es posible precisar, la línea de la trayectoria desciende fatalmente y llega á un nivel mínimo. No es posible en un breve artículo entrar en más detalles. En este caso, partiendo de tales rigurosas y exactas observaciones, ¿de qué habrá servido al gran tópico del educacionismo toda la labor realizada pacientemente á lo largo del tiempo? Llegada aquí la cuestión, entran en escena los seleccionistas, los partidarios de la selección social ó, más claramente, de la eliminación, i ero en este mismo punto