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C. MARTES 7 DE DICIEMBRE DE i 909. EDICIÓN t. PAG, 6. itCHaacióa puectan servir para otro fin que el propuesto. El Rey se propone que estos intereses se empleen en obras de mejora y embellecimiento del suelo patrio, lo que le ha movido á fandar la expresada Sociedad, que se ocupará de urbanizar y mejorar las grandes poblaciones de Bélgica, especialmente Bruselas. La Sociedad administrará los bienes del Soberano, y con las rentas que produzcan llevará á cabo las importantes obras de mejoramiento á que se hace referencia. excelente; el reputado por mediocre era siempre mediocre. Corriendo el tiempo, siglos después, la crítica, otra crítica, puede haber alterado la colocación dejos valores- -y en este sentido queda mucho por hacer todavía; -pero el hecho innegable, fundamental, es que la mixtificación literaria no se ha producido en aquellos siglos, y que, por lo tanto, no ha podido ser creado un valor que no tuviera fundamento y bases sólidas. Modernamente, desde hace poco menos de un siglo, las cosas han ido cambiando á medida que aumentaban los progresos científicos é industriales. La invención de las máauinas rotativas, la facilidad y baratura en la fabricación del papel y la rapidez de las comunicaciones han acabado de ofrecernos un aspecto distinto en la creación de los valores literarios, aspecto totalmente contrario al de hace dos ó tres siglos. Hoy el libro nuevo se difunde rápida, instantáneamente. Ya no permanece encerrado en una reducida sociedad literaria; lo compra y lo lee todo el mundo: la masa, el vulgo (tse vulgo del que decía Gracián que se halla en todas partes Pero como la masa no puede juzgar por sí misma, como no tiene preparación para ello, y como al mismo tiempo carece de tradición, aparece para solucionar el conflicto un elemento que el mismo progreso científico é industrial ha traído: la Prensa periódica. Bimediatainente que aparece el libro, la Prensét periódica le da hecho al público, á la masa, al valor literario. Como, á su vez, la Prensa periódica es para el pueblo, para la masa, y de ella vive, el- valor que se cree y ponga en circulación ha de estar en armonía con esta cantidad de lectores. Un libro será tanto mejor cuanto más en armonía y más al alcance esté de esta masa, y, á la inversa, un libro tendrá menos popularidad y será menos estimado cuanto se aparte más del sentir de ese público. Pero como paralelamente á este hecho social la minoría selecta que antiguamente decidía y juzgaba no- ha abdicado de sus derechos á decidir y juzgar, tenemos que en la sociedad moderna se ha producido un fenómeno singularísimo, paradójico, extraño. Se ha disociado total, rotundamente, la idea de popularidad de la idea de mérito literario. O, lo que es lo mismo, se han creado y se crean uua porción de valores intelectuales completamente falsos ó falsos en gran parte. Asi, en un país, en determinado momento de la evolución literaria, se da el caso de que un escritor disfrute de una gran popularidad, venda copiosamente sus libros y no goce en la sociedad verdaderamente literaria de ningún prestigio, de ninguna consideración. Y á la inversa. En España, como en cualquier otro país, puede comprobarlo el lector. Mejor en España que en otros países, porque entre nosotros es más limitado el círculo literario, la minoría tradicional, antigua, y más extensa é imperiosa la sugestión del elemento iliterario. AZORiN contestó en forma destemplaos, dose en pocos momentos ttaa áispnta, que motivó la intervención del gaaraia Pedio Cazorla. Este trató de apaciguarlos ámimos con al gunas frases de prudencia; pero orno la flo rista no le oía por ser sorda, y Luis no que- ría oirle, el agente optó por llevar á los con ¿tendientes á la Comisaría del distrito. Hízolo así Pedro; pero al entrar en el mencionado centro policíaco, el detenido arrojóse al suelo y se agarró á las piernas de Cazorla con propósitos poco tranquiliza dores, terminando por morder al guardia es una pierna Reducido, por fin, á. la obediencia y 3 a ea calma, fue remitido Irastoraa al Juzgados T 3 previa formación del correspondiente prqi ceso, ayer compareció aquél en la Seccióá tercera de la Audiencia. El fiscal, considerándole aíttor de un de lito de atentado, solicitó déla Sala que inii pusiera á Luis la pena que consignaba en su escrito de conclusiones, afeogasdo por lg absolución el Sr. Barber en ua elocuente iiforme. Í LVIDO PIADOSO Pedro Pérez, otro guardia que el día 23 de Diciembre último denunció á Rafael Cristóbal del Rio porque le había pegado una bofetada al discutir con él por negarse á darle el número del carro qae dicho Ra fael guiaba acudió ayer á la Sección se gunda con el fin de declarar en la causa que se instruyó á consecuencia del hecho referido; pero el hombre había perdido ía memoria á tal extremo, que ao recordaba absolutamenre nada de lo qfsie ocurrió el día de autos. ¿Pero usted no recibió sna boíetaflaí- le preguntaban. -Yo, no; ó, mejor dicho, a íécuerdo, Sé que me ocurrió algo eAaSo, que me dio un mareo, que efecto de éste eaí al sue lo... No sé; no sé... El fiscal, no obstante tal declaración, acusó a Rafel de un delito de afcentedo con la circunstancia atenuante de embriaguez no habitual, y solicitó que se inspttsiera al procesado seis meses v un día ée prisión co rrsccional. El Sr. Giraldo abogó por la absolución ü su patrocinado. 1 A DEL HUMO Ramona érez entró á L prestar sus servicios como cocinera en una casa de la ealle de la Princesa; pero á los cuatro alas salió á I3 compra é hizo la del humo. Extrañando la dueña de la easa la reso lución de su doméstica, registró sus muebles y se convenció, con el disgasto que es de suponer, de gue había si 4o víctima de un hurto. En efecto, Ramona se llevó, aparte del di ñero para la carne, verduras, etc. etc. va rias alhajas, que han sido tasadas en pesetas. Por este delito fue detenida la desahoga da cocinera, y ayer ocupó el banquillo en la Sección primera de lo criminal. El fiscal pidió para la pobre sitie tres añoss seis meses y veintiún días de prisión correccional, pues entiende que es autora de un hurto con la agravante de abííso de confianza. El Jurado, reanMo en la Sec. ción cuarta, declaró ayer cuípable de un delito de robo, cometido en la casa núin. 29 de la calle de los Reyes, el día 10 de Mayo del año 1908, á un suieto llamado Andrés Torquemada. La Sala impuso á éste ocho años de presidio, UN BASANTE VALORES siglos? En el siglo xvn, por ejemplo, un impresor hacía- -por cuenta de un. aristócrata f; eneraltnente, de un mecenas -la impreión de un libro. Las prensas entonces eran casi primitivas; la impresión era larga y costosa. Paralelamente, la fabricación del papel estaba sujeta á métodos y procedimientos también lentos y caros. El libro salía de las prensas y era puesto á la venta. Al escribir esta última frase es preciso que no veamos el acto de poner á la venta un libro- tal como hoy lo venios. B y, súbitamente, como por arte de magia, un libro aparece en todas las librerías de un país, ó en las de las graudes ciudades, en uu día fijo, á la misma hora. Hace tres ó cuatro siglos, la aparición, sin reclamos ni anuncios previos, era parcial, lenta, fragmentaria, no de una vez, sino evolutiva. Hoy un día basta para la aparición de un libro; entonces la aparición duraba semanas, meses enteros. El libro aparecía, en fin, en el país. Un hidalgo, un clérigo, un militar compraba un ejemplar del libro y se disponía á leerlo. Paralela á la lentitud y coste de la fabricación, del papel y déla impresión era tara- bien la lentitud y dificultad de las comunicaciones. Para que un libro nuevo irradiase á toda la nación, es decir, para que llegara á ser, no ya puesto á la venta, sino leído, se necesitaba mucho más tiempo que el emjpleado para su difusión comercial. Hoy, gracias á la rapidez de las comunicaciones, los dos hechos son casi simultáneos Los compradores del libro lo leían lentamente, con todo sosiego. Como los libros que se publicaban eran relativamente pocos y caros, la lectura de ellos se hacía con toda calma y con gran espaeio de tiempo entre linos y otros, Leído el libro, se comenzaba á formar ambiente crítico en torno de él. No existía ele mentó de sugestión ajena que se impusiera ál lector, y, por lo tanto, el lector juzgaba por sí mismo. No pudiendo adquirir la obra; nueva, por su coste y por las dificultades de comunicación, sino cierta parte selecta, aristocrática, del país, el pueblo, la masa iletrada, quedaba ajeno á él, quedaba excluido de la decisión sobre, su valor; sobre Su bondad ó su mediocridad. El hidalgo que en su ciudad había leído el libro nuevo hablaba de él con otro hidalgo, con otro clérigo ú otro militar, de la novedad literaria, y esta reducida sociedad selecta era la que iba decidiendo de los valores literarios, la que los iba formando y la que iba creando las jerarquías intelectuales. Si se hacía crítica oficial, digámoslo así, esta crítica quedaba también entre los contornos del reducido grupo literario. Modelo y ejemplo de estas críticas son los prólogos y comentarios puestos á los libros, á los poemas con carácter didáctico, tales como el Viaje al Parnaso, de Ceivantes, ó el Lamel de Apolo, de Lope de Vega. El resultado positivo de todo esto era que los valores literarios respondían siempre con exactitud, ó con pocas diferencias de exactitud, á una realidad positiva. El es critor reputado por excelente era siempre crea un literario Cómo sepasados, valor dos, tres en los siglos hace ó cuatro TRIBUNALES A Luis Irastorza, que se hallaba el día de autos parado en la glorieta de Bilbao, en espera quizá de alguien que no llegaba, molestábale el constante vocear de la florista Sinforosa Fernández, y á ésta, que es vieja y no de muy buen carácter 3 estorbábale la obstinada permanencia de Luis cabe el puesto ambulante de flores. Esta incompatibilidad entre dos personas irascibles, porque Irastorza lo estaba por el prolongado plantón que se llevaba, había de tener forzosamente desagradables resultados, y los tuvo, en efecto, porque Sinforosa comenzó á tirar indirectas al paseante, y éste E- -S T U. R B, -r AR E LONCENO. NO U N RO BO