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A B C DOMINGO 5 DE DICIEMBRE DE 1909. EDICIÓN PAG, 3. grana, la Gramática, todas las ciencias, artes y letras deben converger á un solo objeto: ARRANCAR á la juventud lo das sus creencias y halagar todos sus apc? titos. ¿Parece inconcebible tan monstruoso programa? Pues así lo escribió Ferrer. Legajo núm. 13 de documentos de su proceso. Y para que no. quepa duda de que este programa fue exactamente cumplido, publicamos unos cuantos trozos de los libros de texto en que estudiaban los alumnos de la Escuela Moderna: La bandera, símbolo de la patria, no es más que el símbolo de la tiranía y de la miseria. FERRER SABIO Y FILÁNTROPO SU CULTURA Y SUS SENTIMIENTOS I I n testigo de mayor excepción es quien habla y juzga. Nos referimos á D. Rafael Salillas. Todo el mundo conoce su nombre en España, y no pocas personas faera de ella, por los notables estudios penitenciarios á que ha dedicado toda su vida La notoriedad de su saber le llevó, no obstante sus ideas radicales y revolucionarias, á la dirección de la Cárcel Modelo de Madrid, cargo que desempeñaba cuando en ella estuvo preso Ferrer á consecuencia del atentado anarquista de Morral Por eso decimos que es testigo de mayor excepción. El tuvo ocasión de estudiar á Ferrer durante largo tiempo, y nadie, conociendo sus ideas radicales, osará tacharle de parciahciau Se recordará que, tomando por pretexto la prisión de Ferrer como complicado en el citado atentado, se promovió entonces, como ahora, una campaña á su favor, particularmente en Italia. Con motivo de ella, escribió el Sr. Salillas á su colega el célebre criminalista César Lombroso una carta, publicada en el meS de Junio de 1907, y de la que copiamos los siguientes párrafos. Lea y juzgue el lector por sí mismo: A César Lombroso, Torino. Insigne profesor: Ya sabéis que Francesco Ferrer, il nuovo martire del libero ¿ensjero e della liberta uma na- -come decís en la carta publicada en la página cuarta del folleto Pro Ferrer, con la conferencia que el 2 de Diciembre último pronunció Colajanni en el Aula Magna del Ateneo Roma no, -saliéf absuelto y libre de la pri sión celular de Madrid en la noche del 12 de este mes. No obstante, hablando con precis i ó n psicológica, os puedo decir que Ferrer no se ha ido del todo. Ferrer sigue en su celda y seguirá indefinida mente si la piadosa mano del olvido, níano revocadora, no acude á despeg a r las paredes de ciertas añadiduras escritas y pegadas, dejándolas como el reglamento lo impone. Como español, no puede menos de tocarme en lo vivo el mal concepto que se tiene de nosotros, y de este mal concepto he de confesaros que, más que la ponderada reputación de inquisidores, me duele que se nos trate como á imbéciles. Cuando en la conferencia Pro Fe rrer, de Colajanni, es llamado aquél filántropo y filósofo en quien se quie re castigar todo lo que hay de moder no y progresivo en la sociedad contemporánea, me decía yo, repitiéndo me mtichas de las acusaciones que nosotros en examen de conciencia nos hacemos: ¡Siempre lo mismo! ¡Siem pre los extranjeros nos han de descubrir! ¡He ahí un filántropo- filósofo que ha conmovido á Europa y que nosotros sólo hemos llegado á cono cerlo cuando la policía lo detiene y la justicia lo empapela! Pero ahora, ter minado el proceso, salvada la vícti ma, conjurada la tormenta, en calma los ánimos, bien puedo dirigirme al ilustre Colajanni, á quien científica mente hace muchos años que conozco y admiro, invitándole á. que él, soció logo, siga otro proceso con los materiales grafológicos apuntados, y si pu diera entrar inmediatamente á seguirl o donde Ferrer ha estado recluido, Í Se necesita estar tan poco infor mado del estado moral y social de la península como de las regiones pola res, para contar á España en el nú mero de las naciones civilizadas. le diría: Onorevole Colajanni: Veg e t e la celia. Ecco il filósofo. E tutto ció che c é di moderno e di progresi v o nella societá? ¡Allora povera so cietá! (Honorable Colajanni: Mirad su celda. ¡He ahí al filósofo! ¿Es eso todo cuanto de moderno y progresivo se halla en la sociedad contemporá nea? Entonces, ¡pobre sociedad! Pero me parece, insigne profesor, que me miráis con algún recelo. ¡Fe rrer escribiendo en las paredes! Tal vez recordáis lo que se dice en la pág i n a 317 del primer tomo de L oumo delincuente: Le muraglie, dicono i proverbi, sonó la carta dei pazzi (Las paredes, dicen los proverbios, son el papel de los locos. ¡Será posible! II nuoyo martire del libero pensiero e della liberta umana... ¡Ha enloque cido... Los que conocen la sencillez y pulcritud de la moderna indumentaria pe. dagógica no creerán ciertamente que el fundador de la Escuela Moderna sea un manchaparedes como cualquier; preso vulgar. No lo creerán por la misma significación que pedagógica y antropológicamente tienen tales ten dencias. Unos las consideran infantil les; otros, más que esto, casi cretinas. Y agrega el Sr. Salillas en lo que él llama PROCESO MENTAL DE FERRER: Ni Ferrer tenía notoriedad, ni la Escuela Moderna había metido mu cho miedo ni mucho ruido todavía. Todo el ruido que después se ha ar mado es una resonancia de la mortífer a bomba de Morral, y toda la notoriedad la ha producido la repercusión impresionante de la horrenda hecatombe. Si Morral no hubiese sido un colaborador de Ferrer en la Escuela Moderna, éste y su obra continuarían en la relativa obscuridad y medioci dad en que vivieron. ¿Ha buscado Ferrer en la Escuc a Moderna perfección? No. Ferrer fun da su Escuela en un exclusivismo intransigente. Toda escuela moderna, escuela científica, no puede ser ni lo uno ni lo otro, porque en la ciencia no hay pasión. La ciencia, con senci lla serenidad, cree que cuando la ver dad se manifiesta el error se anula, y no combate el error, sino que lo des hace con demostraciones. El filósofo- filántropo en quien sim boliza Colajanni la bandera para com batir la intolerancia es una naturalez a intolerante, y tal vez con los mis mos caracteres de cualquier intolc rancia religiosa. Hay un episodio en la estancia de Ferrer en la prisión celular que así lo demuestra. Estaba, como siempre, descubierto, porque así iba incluso á los paseos. En aquel momento oyó la campanilla del sacristán y se vio al sacerdote que llevaba el Viático á la enfermería. Ferrer entró rápidamente en- su celda, se puso la gorra y volvió á salir, cubierta la cabeza. Gran temeridad supone en la lucha social preparar los cerebros para una revolución de ideas, no preparando coadyuvante y preferentemente á los individuos para la ganancia de la vida. Y este es el desequilibrio que parece advertirse en la fundación de la EsCuela Moderna, desequilibrio origina do en la propia mente de Ferrer, donde se junta una simplicidad de Examinando en un tribunal á los jueces y al acusado, es dudoso juzgar quién tiene el alma más negra. Es una grosera mentira el amor á la patria. La industria y el comercio son nombres con los que se disfraza el robo. El asesinato- ha- sido en todo tiem po apreciado como una gran acción, subsistiendo aún en nuestras institu dones huellas de aquel antiguo apre cio, como se demuestra en los hono res otorgados á los militares. El matrimonio es la prostitución santificada por la Iglesia y protegida por el Estado. La familia es uno de los principarles obstáculos al desarrollo de todos los hombres. ¿A qué continuar? En todos los libros editados por Ferrer para la enseñanza en sus Escuelas y la propaganda de sus ideales se niega todo: Dios, la patria, la familia, el Estado, el respeto á la autoridad y á los padres, cuanto constituye la base primordial de toda sociedad organizada, sean cuales fueren las ideas políticas y religiosas de los hombres que la constituyen. Pues bien, estas propagandas ha podido hacerlas Ferrer con absoluta libertad y en toda España por espacio de muchos años, sin que ningún gobierno se haya cuidado de prohibirlas ni de condenarlas. En cambio, la liberal Inglaterra y- -según nuestros propios revolucionarios- -el modelo de naciones cultas y bien organizadas clausuró una escuela en la que se enseñaban teorías anárquicas análogas á las predicadas p o í Ferrer, y su directora, Mme. Ch. Jaequinet, al verse sin medios de vida, acudió á Ferrer, y Ferrer le confió la dirección de la Escuela Moderna de Barcelona, en donde pudo continuar las venenosas enseñanzas que le prohibió la libre Inglaterra (legajo 34- c del proceso Ferrer) ¡Y á un país como España, en el que se respeta hasta este inverosímil punto la libertad de enseñanza, se le denigra, se le calumnia y se le infama diciéñdole que condenó á Ferrer por sus propagandas y por sus id