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A B C SÁBADO 4 DE DICIEMBRE DE sesoo. 1 EDICIÓN 1 PAG. 4. Rey de España en un music- hall. Hubo hasta varios cariñosos compañeros cronistas que, para disculpar la negligencia de la Embajada, llegaron á afirolar que era muy conveniente para España que en un escenario de París saliera un enano repugnante poniendo en ridículo á nuestro Monarca. Disgustos y mortificaciones tfué lo único que me proporcionó aquella protesta. Nadie me la agradeció. Creo que si no atestiguo lo visto con la personalidad respetable de D. Cayetano Luca de Tena, hubieran llegado hasta á dej arme por embustero. ¡Caracoles! Un cronista no es un guardia civil, y puesto que la Embajada no se ha preocupado poco ni mucho de que por espacio de cuatro meses hicieran chistes en Capucines á costa del destacamento español que mandaba Santa Olalla, y en el tiempo que lleva en los carteles La morí de Ferrer tampoco ha tenido tiempo de enterarse de lo que en la obra se dice, no es cosa de ser más papistas que el Papa. Y, sin embargo, si la Embajada, á raíz del que sobre los pueblos paletos, sin artillería y sin acorazados. Una indignación debida esta vez, en primer término, á la vieja leyenda de nuestra ferocidad; en segundo término, á las versiones monstruosamente calumniosas de centenares de fusilamientos que desde aquí se expedían, y, p. ortiltimo y sobre todo, al fariseísmo deliberado de los organizadores y encubridores de la algarada. Los; tales organizadores y encubridores sabían y saban perfectamente á qué atenerse. Conocían la verdad, pero conocían también la prevención europea contra España, y por odio á un hombre, por ansias del Poder, contra España la soliviantaron y desencadenaron de una manera incalificable. ¿No saben ellos más que nosotros lo que, según la diversidad de circunstancias, se ha hecho en Chicago, en Milán, en Palermo, en Lieja, en Loraina, en Trieste, en donde fuese que la anarquía ó la huelga general se presentaran revolucionariamente? ¿No saben al dedillo cómo fue la represión de la estreno de La morí de Ferrer, hubiei: a. exigido Commune y de qué linaje hubiera resultado la suspensión de las representaciones, no la de los mismos sucesos de Julio en Barcetendríamos que lamentar el tristísimo es- lona, bajo la mano férrea de un gobierno pectáculo ocurrido noches pasadas en la francés, alemán, yanqui ó argentino? ¿A. que Gaité Montparnasse, donde varias bandas los perseguidos y los revoltosos no se presde apaches apalearon cobardemente á tinos tarían al cambio si alguien se lo propusiera? cuantos señoritos españoles porque protes- ¿A que en lo más íntimo de su conciencia prefieren la relativa lenidad de esta buena taron de lo que en 4 a escena se decía. Y se hubiera evitado algo de más tras- España inquisitorial, que se indigna en cendencia... ¡El reclamo! Porque hasta hoy unos momentos, pero que á los ocho días 1 a mortde íerrer representábase en un teatro perdona, al cabo de un mes olvida y antes popular de tercer orden, pero ahora todo de los tres meses no sabe ya cómo acelerar la amnistía más completa? París querrá ver la obra... En tamo, el hombre del cornetín se frota Alguien, en son de defensa de los revollas manos de gusto... Ya le han pedido la tosos de Barcelona, ha dicho que fueron beobra por telégrafo para hacer la traducción nignos con las personas, como lo han sido, en general, los tumultos en España. Pues en Londres, Berlín y Viena. Unámonos, pues, y alabemos en coro la bien. sí. Es cierto. No hay que tratar estas previsión, el golpe de vi -ta y la actividad cosas de mala fe. Hubo aquellos días excede nuestra representación diplomática en sos nauseabundos, actos individuales de crueldad y depravación que sublevan la París. conciencia, pero no revistieron el carácter p s verd aderamente inconcebible que lo que metódicamente sanguinario y homicida que en Francia no se permite hacer con In- ha predominado en muchas, en casi todas glaterra ó con Alemania, sobre todo con esta las revoluciones europeas. Y esto, á. pesar última nación, pueda hacerse contra Es- de la intrusión innegable de elementos extraños y cosmopolitas que han venido á copaña. Creemos, ya lo hemos dicho en otras oca- rromper la buena entraña de este país. siones, que nuestra representación diplomá- Quiero decir que España es ahora un puetica puede intentar que esos lamentables blo sentimental en medio da sus imperfecespectáculos, en que sale profanado y herido ciones, Y lo es en todo momento; lo es para el honor de España, no se ofrezcan al pú- la rebeldía y gara el castigo, en el desorden y en la represión; lo es integralmente; lo es blico. Pero si, contra lo que ere cuos, no es esto en su unidad, sin distinción especiosa de posible, será cosa de preguntar si no es mo- muchedumbres, ni de oligarquías, ni de go mento de queja representación de España biemos. se retire de un país donde á diario se nos Porque, ¿fue la represión arbitraria, imcalumnia, imputándonos crímenes infaman- placable, inadecuada á la intensidad del motes, y se nos injuria con las frases más soe- vimiento? El caso Ferrer, cuatro fusilamiences, todo en medio de una incomprensible tos en dos meses, ninguno sin formación de impunidad. causa; un millar de detenidos en Barcelona, que han sido puestos en libertad de un modo JOSÉ JUAN CADENAS. paulatino; un centenar de condenas menos París- Noviembre. graves, cmya dulcificación no se dejaiá esperar, como no se hubiera dejado esperar ESPAÑA ANTE EL MUNDO aun continuando el anterior Gobierno, y unas cuantas docenas de extrañados temHISTORIA Y LEYENDA poralmente á Caspe, á Teruel, á Tarragona, mientras durase la suspensión de garantías, v que tampoco hubiera durado mucho más, Kl o voy á discutir en su aspecto intrínse- todo esto es muy de sentir, es deplorable co los sucesos de Julio y la represión que haya llegado la necesidad de ponerlo que los siguió. No ha llegado acaso la hora por obra; implica muchos dolores individe hacerlo. Mi intención de ahora, es pura- duales, muchas amarguras y muchas lágrimente relativa: recordar á los españoles que mas, algunos errores accidentales ó fortuiaun en la hipótesis gratuita de haber sido dicha tos y cuanto viene, en fin, como secuela de represión una atrocidad abominable, nunca, nuntranstorno de aquella magnitud. ca podría declarársela tal por comparación con unPero ¿es excepcional, es inaudito, es inlos ejemplos extranjeros. Eso, no. Háblese en nombre de la ética sólito en el mundo todo esto? ¿Cómo han pura, de la piedad y la benevolencia en abs- obrado los pueblos genuinamente eurotracto, pero que no se hable en nombre de peos en igualdad de circunstancias? A los Europa. Todo el mundo sabe cómo las gas- cuatro meses escasos de apagada una retan los hojalateros ultrapirenaicos cuando vuelta semejante, ¿dieron ya por liquidada llega el momento. ¡La. indignación de Eu- la represión, como nosotros, y por desconropa! Una indignación que no recae más tado el indulto, y por lavada la culpa en las aguas lústrales de la misericordia general? De ninguna manera. Nuestra semana trágica ha sido de consecuencias infinitamente más- leves y. benignas para sus promotores que la semana trágica de París en 1871, guardada toda proporción éntrela importancia de las dos capitales y de los des movimientos. Aunque los incendiarios de Barcelona llegaron á rivalizar, en la extensión del estrago, con sus colegas parisienses, no cabe decir lo mismo de los asesinos. Los ocho ó diez repugnantes atentados de ese género ocurridos en la ciudad condal no estuvieron á la altura de los de la Commune. Es cierto. Aquí no se perpetraron crímenes de sangre tan espantosos como los de la Roquette y de la calie de Haxo, como la cooarde ejecución de los otages ó rehenes con el arzobispo monseñor Darboy y el presidente Bonjean á la cabeza; no hubo asesinatos como los de los generales Lecomte y ClementThomas, víctimas de la indisciplina del 18 de Marzo; no se registraron hecatombes como la de los gendarmes y guardias prisioneros ni como la de los dominicos de Arcueil. Convenido. Pero tampoco hubo en Barcelona, durante el período represivo, una sola ejecución sin proceso, mien- tras los historiadores franceses discuten si fueron 10.000, 15.000 ó 40.000 los fusilamientos sin formación de causa con motivo de la batalla de los siete días y antes de haber empezado á funcionar los veintiséis consejos de guerra permanentes, constituídos á partir del 28 de Mayo. El mariscal Mac- Mahón, je supremo del ejército regular, acepta el cálculo aproximado de 15.000 ejecuciones de aquella especie. Por esta confesión oficial puede inducirse la cifra verdadera. Las detenciones practicadas después se elevaron á 38.000. Unos 11.000 individuos fueron entregados á la cour martiale, otros muchos á la jurisdicción ordinaria. Gubernativamente fueron deportados á las colonias ultramarinas alrededor de 28.000 insurrectos. En los procesos recayeron más de 9.500 condenas, entre ellas cerca de 300 de pena capital, auaque no todas fueron ejecutadas. El olvido, tan fácil, tan pronto entre españoles, tardó mucho en venir. Cerca de nueve años después, sentencias condenatorias en los últimos meses de 1879. La amnistía total no prosperó hasta mediados de 1880, con la presidencia de- Grévy y la primera fiesta del 14 de Julio. Muchos escritores y comentaristas se preguntan si aquello fue un castigo ó una razzia, un escarmiento ó el exterminio físico de una generación Allá ellos. Sea como sea, así se portaron Francia y la República, rnonopolizadoras del sentido europeo y de la conciencia universal. MIGUEL! OL 1 VER LABOR SOCIAL los consejos de guerra funcionaban todavía. Hay UNA INSTITUCIÓNBENÉFICA p 1 repórter se halla estos días disfrutando de prolongada ociosidad. En el salón de conferencias del Congreso no se reúnen por las tardes más que una docena de desocupados; en los demás centros habituales de información reina análoga soledad. La tarde comienza á transcurrir plácidamente... En un reloj suenan las tres. Un amigo oportuno- -también los hay- -se compadece de mi aburrimiento, y raedice: ¿Quiere usted pasar la tarde agradablemente? Le daré una sorpresa enseñándole un asilo, mejor dicho, un hotel para golfos, que lleva un año casi funcionando y no la conoce nadie en Madrid. Es una fundación de los condes de Arcentales. IJUIIÍM; r llIIfninimFTllimTrinriinni iiimullí ntrniiBiitannni